Vélez gana, gusta y golea. Se anima a soñar. Existe una conexión entre la gente, el equipo y Guillermo Barros Schelotto, mirado de reojo cuando asumió, en marzo pasado. La goleada sobre Lanús (con algunos suplentes y un par de lesionados), es una muestra: el equipo de Liniers puede convertirse en candidato en el torneo local y, de paso, es una amenaza inesperada en la Copa Libertadores.
Se encontraron dos buenos equipos en Liniers, más allá de las diferencias sustanciales de esta noche. Vélez está en pleno crecimiento: existe un convencimiento general entre las ideas de Guillermo Barros Schelotto y la respuesta global. La defensa está aplomada, Rodrigo Aliendro le agregó orden y progreso a la zona media y, arriba, es pura explosión.
Maher Carrizo, por el sector derecho (de lo mejor del campeonato), Imanol Machuca por el lado izquierdo (toda una revelación, como si fuera un wing) y el olfato goleador de Braian Romero como respuesta a todo. Vélez va. Va, va y va.
Comprometido en la zona baja en el torneo local (en la otra tabla), se recompuso con solidez, primero y explosión, después. La reconstrucción de la carrera del Mellizo se basa en esos conceptos. Se siente a gusto y se nota. Está en la cúspide del Grupo B y se instaló en los cuartos de final de la Copa Libertadores: se viene Racing.
Lanús está en una sintonía similar, más allá de que el equipo de Mauricio Pellegrino no enamora a sus fieles, como parece que está ocurriendo, de a poco, en Liniers. Está en la triple competencia y con voracidad: es uno de los protagonistas en el certamen vernáculo, se encuentra en los cuartos de final de la Copa Sudamericana (se viene Fluminense) y en la Copa Argentina (se acerca Argentinos).
Un buen arquero, como Nahuel Losada. Un número 9 que no estaba en la órbita de casi nadie: Rodrigo Castillo. La revelación por el sector izquierdo, Sasha Marcich. Y algunas promesas, entre las sensibles ausencias de Marcelino Moreno y Cali Izquierdo, entre otros. Tal vez, por eso, jugó a la sombra de Vélez en buena parte del desarrollo. Y algo más: las lesiones del arquero y del centrodelantero son un llamado de atención, rumbo a todo lo que se juega en el futuro.
Antes del minuto, en un contraataque furioso, Romero casi abre el marcador. Maher, siempre por el sector derecho, era una amenaza permanente, con lucidez y chispazos de una figura madura, consolidada. Parece de 29, pero apenas tiene 19 años.
De un córner con su sello y un cabezazo de José Canale en el camino, Romero abrió el marcador, de arremetida (¿con qué le pegó?), ante el cruce de Agustín Cardozo. Antes y después del 1-0, Vélez fue el actor principal de la noche, con instantáneas de calidad.
Todo, dentro de un contexto alentador: la gente volvió a creer, luego del título local conseguido por Gustavo Quinteros. Y con una curiosidad: el Mellizo es querido justamente en Lanús, ya que se consagró en la Copa Sudamericana 2013. Fue su primera experiencia como entrenador.
Del otro lado, Pellegrino: no solo es un producto del semillero de Liniers, sino que también fue su entrenador.
En el arranque de la segunda mitad, Vélez selló la victoria, con un remate fortísimo, al ángulo, de Tomás Galván. Un número 8 con despliegue y llegada, que surgió en River, pero nunca tuvo una oportunidad en continuado en el Monumental. Pasó por Defensa y Justicia, Colón, Tigre y ahora, en Liniers, encontró la consolidación.
De esa joya, al impacto definitivo, también al ángulo, de Maher (¿quién, sino?), que le pegó a lo Beto Alonso, un zurdazo seco, imposible para Lautaro Morales (entró por Losada) y para cualquier otro arquero terrenal. En todos los casos, Lanús fue una suerte de partenaire: no marcó como exige este tipo de circunstancias.
Pudo lograr el descuento en el cierre (un tiro de Sasha en el travesaño), pero la historia ya estaba sellada. La noche fue de Vélez.