A casi diez años de su despedida como jugador de River, Marcelo Barovero regresa al club que lo consagró, esta vez desde un nuevo rol. El exarquero, figura indiscutida en el inicio del primer ciclo de Marcelo Gallardo, se incorpora al cuerpo técnico del entrenador como preparador de arqueros. A la espera del anuncio oficial, viajará hacia San Martín de los Andes para comenzar la pretemporada con el plantel.
Con 41 años y una carrera que culminó en julio de 2024 atajando para Banfield, Barovero se suma a una estructura que comanda Alberto “Tato” Montes, histórico colaborador de Gallardo y actual responsable del área de arqueros del plantel profesional. La incorporación del exnúmero uno forma parte de la reestructuración que impulsa el cuerpo técnico en su retorno a Núñez, con el objetivo de revitalizar una identidad que supo dejar huella en el ciclo 2014-2019.
Barovero no solo dejó un legado técnico en el arco riverplatense, sino que también cultivó un vínculo emocional con los hinchas. Su figura se convirtió en símbolo tras la recordada atajada a Emmanuel Gigliotti en el superclásico de las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, un momento icónico que marcó el inicio de una era dorada.
Entre 2013 y 2016, Barovero disputó 167 partidos oficiales con la camiseta de River, con 74 vallas invictas y seis títulos: el Torneo Final y la Copa Campeonato de 2014, la Sudamericana del mismo año, la Recopa Sudamericana y la Copa Libertadores de 2015, y la Suruga Bank en Japón. Se despidió como capitán, dejando una vara altísima bajo los tres palos, que luego heredó Franco Armani.
En su nueva función, Barovero trabajará codo a codo con Montes y tendrá a su cargo a los arqueros del plantel profesional: Franco Armani, Jeremías Ledesma y Ezequiel Centurión. Su experiencia y liderazgo buscarán potenciar el rendimiento del puesto, en una etapa en la que River apuesta a la consolidación de una estructura con referentes y ADN propio.
La relación entre Gallardo y Barovero trasciende el vínculo entrenador-jugador. Desde su llegada al club en 2014, el arquero fue pieza clave en la construcción de un equipo competitivo y resiliente. Su perfil bajo, temple y compromiso se alinearon con la visión de Gallardo, quien encontró en él a un intérprete perfecto de su idea de juego desde el arco.
“Nos une el mismo arco y los dos venimos de abajo en el fútbol, del Ascenso. Estamos marcados por una institución tan grande y los dos sentimos respeto y admiración por el otro”, había declarado el propio Barovero en una entrevista durante el Mundial de Clubes, en referencia a su vínculo con Armani, con quien ahora compartirá el día a día.
Desde su retiro, Barovero no se alejó del fútbol. Fundó una academia especializada en formación de arqueros, participó del equipo de Leyendas de River y fue protagonista de charlas en filiales, donde compartió su experiencia y revivió momentos imborrables. El regreso oficial al club se dio de manera emotiva en su cumpleaños 40, cuando fue ovacionado en el Monumental durante un empate entre River y Banfield, en el que tuvo una actuación destacada.
La presencia de Barovero fortalece no solo al cuerpo técnico, sino también al plantel y a la identidad institucional. Su regreso simboliza un puente entre el pasado reciente glorioso y el presente que River intenta reconstruir, tras un mal 2025. Trapito, como lo apodan desde siempre, se vuelve a calzar el buzo con el escudo en el pecho. Esta vez, desde el banco, pero con el mismo espíritu que lo convirtió en leyenda.

