“Cuando voy al club de mi viejo me da un poquitito de vergüenza. Entro y en las paredes veo todos posters míos. Le digo: ‘¡Papá, aflojá, también poné fotos de otros!’”. Horacio Zeballos, el doblista argentino más destacado de la historia, no puede evitar la sonrisa al referirse al Edison Lawn Tenis, el club del barrio marplatense de Juramento creado hace más de cuatro décadas por su padre (Horacio), donde se formó y en el que le despertaron dos sueños deportivos ampliamente superados: ser top 100 y jugar un partido de la Copa Davis.
La decisión de radicarse con su familia en la Florida estadounidense hace aproximadamente un año hizo que Zeballos casi no pisara la ciudad balnearia en 2025; apenas tres días en junio y no más. Por eso quiso pasar una porción de las Fiestas allí y casi ni se movió, ni siquiera para retirar el premio Olimpia de plata. Combinó comidas, abrazos y brindis con entrenamientos, playa y mar. El zurdo también estuvo unos días en la Ciudad de Buenos Aires para practicar en el court de superficie dura de El Abierto, en Saavedra, uno de sus puntos de referencia cuando está en Argentina, con su coach Alejandro Lombardo.
En 2024, Cebolla se transformó oficialmente en el primer tenista argentino en ser número 1 de ATP. Sin embargo, en pareja con el español Marcel Granollers desde 2019, se les negaban los títulos de Grand Slam: dos veces en Wimbledon, una en el US Open. Hasta que Roland Garros 2025 los encumbró y se convirtió en el primer argentino en lograr un título major en dobles masculinos; tres meses después repitieron en Flushing Meadows. Todo dentro de una temporada en la que regresó al equipo de Copa Davis después de dos años.
“Fue una montaña rusa de emociones. Tuvimos un arranque de 2025 complicado, fuimos a Australia sin saber si íbamos a jugar, hicimos todo lo posible y lamentablemente Marcel se terminó de lastimar ahí [el pectoral] y no jugamos. Fue un arranque inusual, pero dimos vuelta la página de una manera increíble”, recapitula Zeballos ante LA NACION, antes de viajar a Melbourne.
Actual N° 5 del ranking de dobles, es el integrante del top 10 de mayor edad (en abril cumplirá 41 años): “Si toda esta montaña rusa emocional me hubiera tocado hace 10 o 15 años, me habría jugado en contra; seguro. La experiencia me ayudó para volver a jugar la Davis, por ejemplo, con la presión que genera y, encima, siendo mi primer partido del año [debutó en 2025 jugando directamente en la competencia colectiva ante Noruega antes que en el tour]”.
-Sos profesional desde hace 22 años. ¿Cómo te cuidás en esta etapa de tu carrera?
-Soy bastante detallista, especialmente en la alimentación, los descansos, los calendarios… Cada viaje te pasa la factura, entonces intentamos no hacer calendarios tan extensos, tratamos de jugar varios torneos por la misma zona para evitar los vuelos largos y el cambio de horario. Ya no tenemos 25 años… De todos modos, siento que siguen pasando los años, tengo casi 41 y estoy chocho de decir: ‘Sí, tengo esta edad’. Y siento que el recorrido más pesado ya lo hice. Hoy ya no tengo ninguna presión, porque si mañana cierro la persiana de mi carrera me quedo tranquilo porque di todo, por suerte tuve resultados y pude cumplir los objetivos. Entonces, estoy jugando libre y gratis, eso me libera muchísimo. Hace poco escuché una nota a un jubilado que decía: ‘Me hablan de los años que me quedan y yo estoy contento de haber trabajado, hice mi familia, les dejé a mis hijos lo que pude… El camino ya lo recorrí’. Y me lo tomé como algo personal, pero del lado del tenis. Hice todo para tratar de ser el mejor jugador posible y hoy lo disfruto. Hay una cuestión de disciplina también. Siento que hoy le pego mejor a la derecha de lo que le pegaba cuando jugaba singles. ¿Y eso qué fue? Años y años de repetición de un golpe. Si hubiera tenido esta derecha hace 15 años, habría sido un mejor singlista [fue 39° en 2013 y ganó un título, Viña del Mar, venciendo a Rafa Nadal en la final]. La repetición me hizo un mejor jugador.
-¿Qué cosas te cuestan más que antes?
-Primero miro el lado positivo: siento que hoy manejo mejor la presión que hace años. En mi carrera de singles, cuando era más joven, intentaba ocultar la presión, trataba de decir: ‘Yo entro en la cancha a divertirme’. Pero, en el fondo, la presión estaba. Hoy la acepto y juego con ella. Intento decir: ‘¿Por qué no puedo tener miedo si estoy sacando para partido?’. Lo que me cuesta ahora son los viajes. Los entrenamientos todavía los recontra disfruto; ese fueguito es fundamental. Sí me cuesta dejar a la familia, irme, los viajes y los cambios de horario. Ahora, viviendo en Estados Unidos, se me han facilitado mucho los viajes, especialmente porque tengo 6 o 7 torneos por la zona. Indian Wells, Miami, Dallas, Toronto o Montreal, Cincinnati y US Open… Nada es perfecto. Extraño un montón de cosas de Argentina, pero para la carrera lo llevo bien. Mi familia se adaptó bien. Mis hijos tienen 9 y 7 años; extrañan a amigos y familiares. Después, desde lo escolar y el idioma, lo llevan bien.
-El 24 de diciembre posteaste una foto de chico con Vilas y escribiste: ‘Recibiendo la bendición’. ¿Qué significa Guillermo en tu vida?
-Un crack. De esa foto no me acordaba, por eso cuando la vi me puse muy contento y la subí. Estaba en casa para Navidad, empezamos a ver fotos antiguas y la encontré. Me acuerdo de casi todos los momentos que tengo con Guillermo, especialmente en un US Open, en México, algunos en Mar del Plata. Una vez vino al Edison porque mi viejo le pidió un día que estuviera en la ciudad, a ver si podía testear una cancha de cemento que habían construido para un chico más grande que yo, que jugaba bien, Federico Cardinali, y para mí. Guillermo dijo: ‘Sí, sí, paso, paso’ y cumplió. ¡Los detalles minuciosos que le habrá pasado! ¡Había que hacerla de vuelta, je! Los consejos que me dio me sirvieron para ser mejor. La última vez que lo crucé fue en 2019, en Montecarlo; me saqué una foto. Yo ahí ya estaba jugando dobles, él ya estaba radicado allá, nos cruzamos y le mandó un saludo especial para mi viejo [Horacio padre, un año menor que Vilas, se entrenó con el Poeta y hasta lo enfrentó dos veces].
Lombardo se disculpa, interrumpe un instante la entrevista y le pide las raquetas a Zeballos para mandárselas a encordar para el entrenamiento del día siguiente. Cebolla se las entrega y retoma con algo que le quedó pendiente: “Me preguntaste sobre lo malo de tener más de 40 y siento que cada torneo y partido que jugamos terminamos más cansados mentalmente. Lo que te genera hoy el dobles en una hora y media no te va a cansar físicamente, pero sí es extenuante en lo mental. Si vos te desconcentrás un minutito, con el formato que se juega hoy y con lo rápido que va la pelota, perdés el game, el set; un súper tie-break es una lotería. Con Marcel sabemos que será una hora y cuarto, una hora y veinte que tenemos que estar… Si vos nos ves en la cancha estamos todo el tiempo arriba, arriba, arriba, a todas las revoluciones posibles. Si bajamos un poquito, perdemos. Se define en dos o tres puntos. La diferencia, en un partido de tres horas, es que podés ir y venir un poco más mentalmente. Cada torneo que jugamos es más cansador y por eso intentamos jugar menos semanas”.
-En 2024 llegaron al N° 1, pero se les negaba el Grand Slam. ¿Cuánto lo padecían?
-Llevamos unos siete años jugando juntos y, al principio, cada uno intentaba lidiar como podía con esa presión. De a poquito fuimos hablando más del tema, abriéndonos. Veníamos muy arraigados del single, entonces él no quería profundizar tanto, yo no quería tocar tanto el tema y así. ‘Es una final, vamos a divertirnos, a pasarla bien, estamos acá’, decíamos. No asumíamos la presión como correspondía. Después, cada vez más junto al equipo, es decir yo con mi entrenador y él con el suyo, que es su hermano, nos empezamos a sentar. ‘Bueno, jugamos la final. Hay presión, sí, porque no ganamos las últimas tres’. Empezamos a sincerarnos, a exponerlo, a decir la verdad. Y eso vino bien. Cada vez empezamos a jugar un poco más liberados, a rendir más.
-¿Qué sintieron al quitarse la espina ganando Roland Garros?
-No ganar un Grand Slam era una piedra grande en el raquetero, era cada vez más presión. Encima, mucha gente, de buena onda, nos decía: ‘Qué lástima, ya se les va a dar’. Y ese ‘ya se les va a dar’ era un pájaro carpintero picoteándome. Fue una gran felicidad ganar, un alivio grande. Él tampoco había ganado Grand Slams con otras parejas de dobles.
-Con Granollers tuvieron química desde el principio y ya ganaron 15 títulos. ¿Qué encontraste en él?
-Buscamos lo mismo para los finales de nuestras carreras. Queríamos jugar dobles, toda la vida nos había gustado, pero tomar esa decisión de pasar desde el single es complicado, porque obviamente uno juega por el amor y la pasión, pero también por la parte económica; es nuestro trabajo. Y en el single siempre hay premios más grandes. Por un lado, decíamos que podíamos ser una de las parejas top, pero nadie te lo asegura. Encontré en él una cultura similar y alguien que quería lo mismo para su vida. Tuve una linda carrera single, pero para mantenerme top 60 o top 50 tenía que estar viajando 34 o 35 semanas al año y yo ya había tenido familia, era un desgaste mayor. Aprendí un montón de él. Es un tipo muy aguerrido, muy positivo: hasta que no le das la mano, no da el brazo a torcer. Y aprendí a competir mejor estando a su lado. Yo tenía mis altibajos en la parte psicológica, era en lo que fallaba.
-El mes pasado la Federación Internacional de Tenis lo galardonó como “Campeones Mundiales” por primera vez. ¿Qué se siente?
-Qué loco, ¿no? Suena buenísimo. Nos sorprendió, porque no éramos los números uno del ranking. Fue una alegría y nos llevó a decir: ‘Bueno, vamos a seguir, ¿por qué no?’.
-Seguirán compitiendo juntos.
-Sí, estamos a full, ya preparados. Dentro de poco nos vamos para el Abierto de Australia. La idea es tratar de mantener este estilo de vida, este ritmo. Él está radicado en Barcelona. Economizar los viajes será clave.
-En 2025 volviste a la Davis.
-Estuvo muy bueno, me encantó regresar. Me encantó volver en el papel que lo hice. Les decía a mis más cercanos que los chicos realmente son divinos, muy buena onda por el lugar que me dieron. No te quiero decir que era un referente, pero…
-Pasaste de no estar en el grupo a tener un rol de liderazgo.
-Sí, por eso fueron muchas emociones. Especialmente después de ese primer partido en Noruega [en enero, de visitante, triunfo por 3-2]. Y también el cuerpo técnico, que me dejó ese lugar. ‘Si vos querés aportar lo que quieras, aportalo’, me dijeron Javier [Frana] y Edu [Schwank], sabiendo que yo iba a tratar de aportar lo mejor. Y por más que son chicos que ya tienen una carrera de singles mucho mejor que la mía, escucharon y me pidieron: ‘Decime lo que sientas, que por algo estás acá hace tantos años’. Así que me tomé ese papel muy en serio y lo disfruté muchísimo.
-Te encontraste con jugadores de otra generación, como Cerúndolo, Etcheverry, Comesaña, Navone… ¿Qué viste en ellos?
-Que hay muy buena relación entre todos ellos. Siempre lo que más costó fue unir un equipo, en todas las épocas. En cambio, acá sentí que son chicos sanos y la convivencia se hizo sencilla. Históricamente hubo choque de egos, porque el tenis te lleva a ser un poquito así. Yo también me he mandado mil macanas y he aprendido a tratar de ser un mejor jugador y mejor persona. En ningún momento hubo un ‘no’ o un ‘estoy cansado’. Más de una vez quedamos que los chicos de singles jugaban un set contra nosotros y faltaba un día para empezar la Davis, y ellos con la mejor predisposición saliendo a jugar un set de doble que no les interesaba para nada, pero sabían que era para sumarle al equipo.
-En Bolonia parecían alinearse los planetas con la baja de Sinner y Alcaraz, pero les tocó perder con Alemania en los cuartos de final, en forma muy ajustada. ¿Qué sintieron?
-Fue una calesita de emociones. Ese último partido dolió porque terminamos con la sensación de que hicimos todo bien y que podíamos ganar la Davis. Estaba muy abierta la serie, en el grupo estaba esa sensación. Podíamos luchar los tres puntos. Yo llegué a mi casa bastante bajoneado, triste y extenuado de todo el esfuerzo que habíamos hecho. Hay que reconocer que el deporte no va de suerte, ¿no? Pero podría haber caído un poquito más de nuestro lado. Hubo uno de los match points [en el partido de dobles obtenido por Kevin Krawietz y Tim Puetz por 4-6, 6-4 y 7-6 (12-10)] que fue un segundo saque a 185 km/h arriba de la línea, que tranquilamente se podría haber ido un pelín afuera. Pero bueno, no quedó nada que reprocharse. Terminamos muy golpeados, tristes, pero nos fuimos con el tanque vacío.
-¿Qué opinás del formato actual de la Davis?
-No me gusta mucho. Lamentablemente siento que hasta le saca cierto prestigio. Porque si la jugaras como en otros deportes, cada dos o cuatro años, le darías un prestigio más importante. Hay figuras que, por cuestiones lógicas de desgaste físico y mental, no están. Termina muy tarde, muy tarde… Una de las razones por las cuales no jugamos ningún torneo previo ahora es porque siento que terminé hace dos días la temporada.
-Para este año a Argentina le tocó un sorteo incómodo para los Qualifiers, en Corea, y muchos decidieron no jugar, entre ellos vos.
-Sí, tocó un sorteo incómodo. Yo no voy a estar. Hablé con Javier [Frana], pero hoy mi prioridad, antes que el tenis, es mi familia y yo ahora me estoy yendo a Australia por tres semanas, después tendría la Davis y el ATP de Dallas, entonces serían cinco semanas que no estaría con ellos, algo que no lo hago desde hace años. La Davis, especialmente en este 2025, me encantó jugarla, la pasamos muy bien, todos tirando para el mismo lado; desde ese lado, la decisión de no jugar esta vez, me costó. Voy a ser sincero, ya no tengo 30 años y se junta un poco con lo que hablábamos al principio de esta charla: tengo que estar pensando en mi físico y en lo que puedo rendir. Siento que estar yendo y viniendo y pasar horas sin la familia me va a sacar energía. No quiero estar cinco semanas sin mi familia. No sé cuántas balas me quedan en la carrera y tengo que cuidarme. Tengo que cuidar mi físico y mi cabeza para tratar de rendir en todo el año. Esta Davis se interpone con ese pensamiento, con el de familia y el del cansancio mental y físico. Hoy siento que tengo que hacer giras cortas, que ni la cabeza ni el físico están para hacer locuras de viajes, calendarios, cambios de horarios. Poniendo todo eso en la balanza, desde lo racional más que desde lo emocional, tuve que pensar un poco más en lo que convenía a largo plazo y eso fue lo que le transmití a Javier, que lo entendió.
-¿Eso significa que en el futuro ya no volverás?
-No, no, para nada. No le cierro las puertas de mi lado para el futuro si Javier quiere que vuelva al equipo, siempre y cuando no interfiera con los que son mis prioridades de hoy. Fue por eso, por tratar de cuidar lo que me queda en el tanque y poder rendir. Me duele, eh, porque la pasé muy bien en la vuelta; muy bien. Después de dos años afuera de la Davis sentí la responsabilidad al volver y por suerte salió bien.
-Tu reemplazo en el dobles será Guido Andreozzi.
-Sí. No hablé con él ni con Molto [Andrés Molteni], pero desde ese lado me quedo tranquilo, porque el dobles sigue siendo muy competitivo. Toda la vida me encantó cómo juega Guido, es un jugador completo y sé que les va a ir muy bien. Encima siendo compañero de Molto, que se conocen desde hace mil años.
La charla vira de tema y recae en Carlos Alcaraz, una de las debilidades de Zeballos en el tour. “Gracias Charlie por tus palabras”, escribió Cebolla en un posteo de septiembre pasado, acompañado por el número 1.
“El año pasado quise ver qué podía hacer diferente en las nuevas finales de Grand Slam, seguir buscándole la vuelta y superar ese objetivo que no podíamos cumplir -contó-. Se me ocurrió hablar con Carlitos y todos los campeones que viera. Lo vi a McEnroe, a Wilander y cuando lo vi a Carlitos aproveché y le fui a preguntar qué es lo que él hace en las finales. Siempre lo había visto que sonreía y decía: ‘Seguramente me salga por ese lado’. Y no, nada que ver. Me dijo: ‘Salí a ganar, a dejar todo dentro de la cancha’. No me dijo nada nuevo, pero de la manera que me lo transmitió me llenó de confianza y motivación. ‘No dejes nada en el tanque, cuando llegués al vestuario, por más que hayas ganado o perdido, sentí que no te guardaste nada’, me dijo. Me crucé con Tim Henman y también me tiró de algún dato. Nunca había hablado, pero estábamos en el mismo hotel, él desayunaba con Wilander, me acerqué y saltó, como todo apasionado sobre el tenis, y me aconsejó. Son unos fenómenos”.
Zeballos resalta un dato curioso: el año pasado, en pareja con Granollers, ganaron un Challenger (en Phoenix), un ATP 250 (Bucarest), un 500 (Basilea), un Masters 1000 (Madrid) y dos Grand Slams. “Fuimos campeones en todas las categorías. Nos faltó ir a un Future, je. Fue un año fabuloso”, celebró Zeballos, que en total posee 27 trofeos de dobles, 400 triunfos y 231 derrotas.
-¿Te sorprendió el final del vínculo entre Alcaraz y Ferrero?
-Me dejó boquiabierto, como a todos. Porque además los vimos hace unas semanas en el ATP Finals de Turín y ya estaban programando el nuevo año. Cuando lo leí, dije: ‘Debe ser una de estas fake news’. Me pareció muy raro, más que nada por la relación que mantenían, eran como hermanos. Creo que tarde o temprano van a volver.
-¿Qué más te motiva?
-¿Qué más queda? Ganar el US Open fue importante, me hizo entender que quería más, que no me relajé con Roland Garros. Lo que sigue es tratar de buscar más de esos objetivos. ¿Por qué no otro Grand Slam? Sí tenemos que tratar de mantenernos bien físicamente, porque que hay parejas que son diez añitos más jóvenes y se nota que llegan a pelotas que a mí me cuestan.
-Tu último partido en singles fue en Auckland 2019. ¿Jugás con la chance de disputar uno más?
-Ya no, ya no… porque correr el riesgo de tener algún tipo de lesión por algo que ya no es lo mío, me daría cosa. Si estoy jugando un dobles y me pasa algo, toco madera, ojalá que no, estaría cumpliendo con mi trabajo. Pero si me lastimo en un singles, no sería inteligente. Lo mismo pasa fuera del tenis: intento no jugar al fútbol, a ningún otro deporte, ni al pádel. Al ajedrez sí, todos los días, je.
-¿En el futuro serás entrenador?
-No sé. Algo relacionado con el tenis voy a hacer, seguro, 100%, pero no sabría en qué función todavía. Me dicen de hacer una academia, pero no sé.
-¿Tu carrera te dio…?
(Interrumpe)-Más de lo que esperaba. Jamás me imaginé que el dobles me podía dar tantas alegrías. Viste que no está tan valorado, pero sí en los clubes, donde se juega mucho. No pensé que iba a tener tanta repercusión en mi día a día: cada vez que llego a un club de tenis la gente me visita, me pide un consejo y es algo que me encanta. Ahora, viviendo en Estados Unidos, me pasa cuando voy a entrenar a las universidades donde hay chicos jóvenes prendidísimos. Y por supuesto que intento darles algún consejo, devolver un poco lo que el tenis me dio. Yo también tuve varios exjugadores que, en su momento, me dieron una mano y consejos, como el Gato (Gaudio), Escopeta Roitman…
-¿Qué dicen tus hijos, Emma y Fausto, al verte jugar?
-Fausto juega un poco, cada tanto le pegamos un poquito, pero para él el tenis es también lo que le saca el padre, entonces tiene una relación de amor-odio. El otro día llegamos a Mar del Plata, donde tengo un montón de trofeos viejos, y estaba chocho preguntándome sobre las medallitas, las plaquetas. Se terminó llevando una medallita de un torneo Future de hacía mil años. El tenis me dio todo.



