Erfan Soltani cumple este jueves una semana detenido en Irán. Lo arrestaron en medio de las protestas que sacuden al país. Y lleva marcada una señal: podría ser el primer manifestante en ser ejecutado por el régimen de Tehéran. El joven de 26 años tenía fecha de sentencia a muerte. Y con él estaba señalado un punto de inflexión en la creciente escalada entre Estados Unidos y la República Islámica.
Su caso aceleró la escalada entre Estados Unidos e Irán. Incluso Donald Trump había amenazado con tomar «fuertes medidas» si Irán comenzaba a ejecutar manifestantes. Fue el mismo presidente de Estados Unidos quien bajó el tono de la confrontación: este miércoles aseguró que la represión estaba «cesando» en Irán y que no había ejecuciones en el horizonte.
El momento en que llegaron las declaraciones de Trump fue clave. Lo hizo por la tarde de Estados Unidos, en los últimos minutos del miércoles en Irán. En Teherán el jueves 15 estaba por comenzar.
A Soltani iban a ejecutarlo este miércoles 14 de enero. Así lo denunció su familia. El joven, dueño de un local de ropa, fue arrestado en su casa el 8 de enero en Fardis (Karaj), según la ONG. Se desconocen cuáles son exactamente los cargos de los que lo acusan, pero las autoridades iraníes le dijeron a su familia que estaban relacionados con su participación en las protestas contra del régimen iraní.
Funcionarios iraníes han calificado a los manifestantes de agitadores, mohareb (enemigos de Dios) y terroristas ligados a Israel y los Estados Unidos, delitos que se castigan con pena de muerte, típicamente por ahorcamiento.
Su familia denuncia que Soltani no tuvo acceso a un abogado ni se realizó un juicio para escuchar su versión. Su hermana, abogada, intentó llevar el caso por los canales legales, pero le han impedido acceder a la causa, según Hengaw.
Casi en simultáneo con las declaraciones de Trump de este miércoles a la tarde, también el ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, se encargó de aclarar que no había ninguna ejecución prevista «para hoy, ni para mañana, ni nada por el estilo… No hay ningún plan de ejecuciones«.
En entrevista con Fox News, Araghchi afirmó que los trascendidos sobre ejecuciones eran «otra campaña de desinformación que han iniciado para provocar al presidente Trump y arrastrarlo a esto, lo que podría tener consecuencias desastrosas» y repitió que las ejecuciones estaban «fuera de discusión».
En tanto, Hengaw, una organización de Derechos Humanos kurda con sede en Noruega, le dijo a MS Now que la orden de ejecución «no se ha llevado a cabo y se ha pospuesto«. Y, pese a los dichos del canciller iraní y del presidente estadounidense, añadió: «Seguimos muy preocupados por el derecho a la vida de Erfan Soltani».
Según la versión del gobierno iraní, se produjo un enfrentamiento entre sus «fuerzas de seguridad y elementos terroristas que tenían un plan para provocar un gran número de muertes, con el objetivo de incitar al presidente Trump a entrar en este conflicto y comenzar una nueva guerra contra Irán», argumentó Araghchi.
«Durante diez días hubo manifestaciones y protestas pacíficas y legales por las dificultades económicas. Pero después de esos diez días, durante tres días [del 8 al 10 de enero] tuvimos una historia completamente diferente: elementos terroristas liderados desde fuera se unieron a estas protestas y comenzaron a disparar contra los agentes de policía y las fuerzas de seguridad. Eran células terroristas, entraron, utilizaron operaciones terroristas al estilo del ISIS: capturaron a agentes de policía, los quemaron vivos, los decapitaron y comenzaron a disparar contra los agentes de policía y también contra la gente», señaló el ministro.
Se estima que las detenciones ascenderían a más de 10.000, mientras que más de 6.000 personas habrían muerto en las manifestaciones. Los medios oficiales iraníes hablan de 121 agentes de las fuerzas de seguridad caídos, sin contar a Teherán.
La ONG Iran Human Rights (IHRNGO) verificó que al menos 3.428 personas murieron en las manifestaciones; mientras que Human Rights Activists News Agency (HRANA) estima 538 fallecidos; y la Organización de Muyahidines del Pueblo de Irán (OMPI), 3.000. La opacidad del gobierno iraní y el corte masivo de Internet desde el 8 de enero, dificulta el acceso a la información.
La ola de protestas comenzó el 28 de diciembre en el Gran Bazar de Teherán. El descontento por la situación económica y la devaluación del Rial, rápidamente escaló en un reclamo más amplio por la falta de libertad en Irán que se propagó a 120 ciudades de 31 provincias.
El régimen iraní apuntaba a hacer de la ejecución de Soltani un ejemplo para aplastar la disidencia en el país. IHRNGO advirtió que el régimen también tiene un historial de «engañar» a las familias sobre las penas de muerte como forma de ejercer presión.
Al joven se le permitió un encuentro de 10 minutos con su familia. Ese momento sería, según el medio opositor Iran Wire, la despedida antes de la ejecución.
La medianoche de miércoles era el punto límite. Soltani era el caso cero.



