Hace tiempo que los factores mentales se entrenan a la par de las cuestiones futbolísticas, técnicas y físicas. Marcelo Gallardo se convirtió en el DT más ganador de la historia de River por su sabiduría táctica y la elección de los futbolistas adecuados para determinados momentos de su ciclo, pero sobre todas las cosas porque se preparó (y se rodeó de colaboradores y colaboradoras) que lo ayudaron como entrenador a saldar esa “deuda” que él sentía que arrastraba de su etapa como futbolista en el club de sus amores: no poder ganar más títulos en proporción con los grandes equipos que él integró. Lo primero que generó en Núñez fue un cambio de mentalidad, una modificación del paradigma en cómo afrontar los partidos, de cómo prepararlos, de cómo entrenar en función de un River que buscó la perfección desde el funcionamiento y la conquista de títulos.
Cada gesto tiene un significado, un por qué, un leitmotiv que podría generar una influencia en el resultado deportivo: por estos días el técnico no sólo le dio la capitanía a Juanfer Quintero en el primer amistoso del año, sino que además el 10 colombiano fue el encargado de sentarse en la conferencia de prensa para dar explicaciones. Es cierto que Franco Armani estaba lesionado y era necesario un cambio de brazalete, pero fue una decisión que no sólo marca el afecto y la importancia que tiene el zurdo para él sino también un mensaje de cara al semestre. Y, como sucede en estos casos, cada decisión conlleva una responsabilidad. ¿Será el momento en el que Juanfer deba sostener con más regularidad su titularidad, con asistencias y goles, y no tanto con aportes a cuentagotas?. La otra fue el cambio de paradigma a la hora de gestionar los refuerzos: antes él era el encargado de llamar a los jugadores para tentarlos y seducirlos con el proyecto y hasta aparecía en la foto de las presentaciones. Hoy delega de otra manera. Pero siempre pensando en el fútbol como un todo, dándole mucho valor a los gestos y las declaraciones, tanto como a la preparación táctica, técnica y física.
En todo el recorrido hubo varias frases que dejaron huella, casi todas ligadas con lo mental, lo actitudinal: “River es demasiado grande para darse el lujo de irse a cualquier lado”; “Tenemos que estar con la guardia alta”; “Que la gente crea porque tiene con qué creer”; “El partido de mi vida ya lo jugué, fue en Madrid”; “No volví para vivir del pasado”; “Esto nos está faltando en estos tiempos. Debemos saber resolver situaciones de otra manera”; “Hay que ser positivos, no negativos, pero estas cosas se dan en el fútbol. No hay otra receta que el trabajo, insistir”; “Se van a terminar imponiendo aquellos jugadores que tengan ganas de salir adelante“; “Mi responsabilidad es ser autocrítico y exigente“.
Y en los últimos tiempos en los que los resultados no acompañaron como pretendía y el humor de los hinchas se manifestaba en forma de críticas hacia los futbolitas, sostuvo: “River te exige de esa manera. Es futbolístico y mental, porque también tenés que jugar y darle un pase al compañero, tomar buenas decisiones, atacar mejor y defender mejor. Y hay que saber rebelarse en momentos complejos“.
“Es futbolístico y mental”. Por estas horas Gallardo está en Uruguay pensando en más refuerzos y tratando de armar un equipo que les pueda dar alegrías a los simpatizantes luego de los traspiés sufridos en 2024 y 2025, pero desde su “hora cero” como entrenador que buscó darle una importancia a la preparación integral del jugador que él pretendía dirigir. De eso da fe Sandra Rossi, médica deportóloga y directora del Laboratorio de Naurociencias de River, en el libro “Mente de alto rendimiento”, que acaba de publicar.
“Marcelo (Gallardo) me contactó a través de Pablo Dolce -preparador físico-. El primer encuentro fue a mediados de 2012. Pablo me detalló algunas necesidades puntuales y me contó que quería interiorizarse sobre los métodos de entrenamiento que llevábamos adelante en el CENARD”, explica Rossi sobre quien hasta ese momento su única experiencia como DT había sido en Nacional de Uruguay. “Nos encontramos en el CENARD y Marcelo consultó con diferentes atletas cuáles eran los aspectos que habían mejorado con nuestro plan de trabajo y los chicos le contaron que aprendieron a manejar mejor las situaciones de estrés, los momentos de mucha presión, y que detectaban cambios en su velocidad y reacción”.
“Marcelo es muy observador, muy inquieto intelectualmente y es una persona que puede entender aquellas cosas que a veces suelen ser invisibles en la superficie. En un momento se acercó a un karateca que acababa de terminar una cesión con nosotras y le hizo una pregunta simple pero directa: ‘¿En qué mejoraste con estos ejercicios?’. El karateca respondió que había podido mejorar su perfomance ofensiva. Él sentía que hasta entonces su karate era muy defensivo“.
No es común ver a directores técnicos de fútbol presenciando entrenamientos de otras disciplinas, así que la presencia de Gallardo despertaba mucha curiosidad, comenta Rossi. “Desde el primer contacto que tuvimos con Marcelo hasta que me hizo una invitación formal para integrar su grupo de trabajo pasaron aproximadamente 18 meses. Durante ese lapso nos fuimos conociendo e intercambiando puntos de vista: él preguntaba y yo trataba de responder con una base científica e intentando ser lo más pedagógica posible. Hubo ejercicios en los que me pidió ser él objeto de estudio. Al fin de cuentas, él también había sido un atleta de elite”.
La adaptación no fue sencilla, pero el plantel le abrió las puertas del Monumental: “La convivencia en el día a día me hizo reflexionar y entender que, además de implementar los ejercicios tomados de los estudios neurocientíficos con los que trabajamos, también estamos para contener las emociones cotidianas de adolescentes que se encuentran muy expuestos”, cuenta en referencia a los juveniles de 16, 17 o 18 años.
Uno de los futbolistas que más elogió el trabajo de la neurociencia aplicada al deporte fue Julián Alvarez: “Sandra me ayudó a ver el juego desde otro ángulo, a mejorar mi toma de decisiones y a prepararme para afrontar cada partido”. Se habla de un futbolista que conquistó todos los objetivos posibles con 24 años, hasta ser campeón del mundo. “Julián se destacaba muchísimo en todos los ejercicios que entrenábamos para mejorar habilidades visuales y cognitivas y los superaba de manera excelente, logrando récords en el equipo. A pesar de estar siempre en la cima del ranking interno que armábamos, sentía que todavía podía dar más y vencer su propia marca, que siempre (o casi) eran sus propios registros en ese ejercicio. Competía contra él mismo. Tal es el nivel de compromiso y competitividad, que en alguna charla telefónica que mantuvimos, estando él en Europa y yo en Buenos Aires, lo primero que me preguntaba era si continuaba primero en el ranking. En este pequeño gesto, Julián enseña que los atletas de elite siempre buscan correr un poco más allá de los límites y que su única meta es alcanzar la cima de su disciplina. Hasta hoy ninguno pudo superar las métricas que marcó él”.
Pone en contexto cuando Marcelo Barovero le desvió el penal clave a Gigliotti para el triunfo de River ante Boca por 1-0 en la revancha de la Copa Sudamericana 2014: “Fue no bien empezado el partido y desde la sanción del penal a la ejecución transcurren dos minutos. Sin que nadie lo note, Barovero aprovecha ese lapso de máxima tensión en poner en práctica ejercicios de respiración consciente que alguna vez entrenó y que él sabe que pueden ser un factor clave si quieren lograr máxima atención. Respira una, dos, tres veces. Era un hombre luchando contra su propia biología. Todavía recuerdo las palabras suyas cuando nos reencontramos en el vestuario: ‘Cuando vi que hicimos el penal me acordé de vos y dije: lo único que me queda es respirar’. Claramente hay méritos deportivos en cada acción, pero todo suma, siempre decimos que hay que oxigenar la cabeza para tomar mejores decisiones”.. Claramente hay méritos deportivos en cada acción, pero todo suma, siempre decimos que hay que oxigenar la cabeza para tomar mejores decisiones“.
Comenta otros ejemplos y vivencias en el mundo River con Leonardo Ponzio y Enzo Pérez, como aquella vez que en pleno Covid tuvo que atajar un partido por Copa Libertadores. El volante central, desgarrado, debió ponerse los guantes. Desarrolla cómo se gestó aquella decisión en los días previos al partido con Independiente Santa Fe, el 19 de mayo de 2021 y cómo impactó en Gallardo y los compañeros. Más allá de todas las adversidades, River se impuso 2-1. También había entregado otros conceptos en una charla con LA NACION en diciembre pasado, donde además hizo un repaso de toda su carrera. Y hasta da detalles del penal gritado por todos los argentinos: el de Gonzalo Montiel ante Francia en el Mundial de Qatar 2022.
De Gallardo, Rossi destaca su constante búsqueda de superación, como entrenador y desde los objetivos planteados: “Tras derrotar a Boca en abril de 2025, Marcelo dijo: ‘Estoy feliz con la victoria. Ahora quiero revertir los cuatro partidos que nos faltan para empatar el historial. Lo vamos a seguir acortando hasta superarlo. Ese es mi deseo’. Aún en un estado de felicidad absoluta, Gallardo ya pensaba en su próxima motivación. Con todo eso se construye el alma de un campeón”.
En su libro, Sandra Rossi les agradece a todos los que le dieron la oportunidad de encontrar su espacio en el deporte de alto rendimiento. Y pone el foco en analizar la importancia de la respiración en momentos de tensión o determinantes que pueden definir un partido; habla del estrés, su experiencia en trabajos con el tenis, el rugby, el hockey y otros deportes con aspiraciones en los Juegos Olímpicos, explica qué miden de cada deportista y cómo lo hacen y también destaca: “La atención es entrenable, pero también requiere de fuerza de voluntad”. Y deja algo claro: “La diferencia entre los buenos jugadores y los muy buenos radica en la velocidad y el acierto con el cual procesan la información que les permitirá tomar la mejor decisión en el menor tiempo posible”.
Más allá de la importancia que se les da a los análisis, las estadísticas y todos los trabajos que potencien el rendimiento de un deportista de alto rendimiento, Rossi resalta: “Somos nosotros los que, a medida que pasa el tiempo, nos alejamos cada vez más de la convivencia colectiva a causa de la hiperconexión y la interacción remota. Mal que nos pese, la supervivencia de la especie humana continúa dependiendo exclusivamente de que volvamos a sincronizar entre nosotros sin aparatos de por medio”.



