El Foro Económico Mundial de Davos arrancó este martes y ya tuvo sus primeras declaraciones resonantes: el primer ministro de Canadá, Mark Carney, apuntó contra la geopolítica de las grandes potencias occidentales y señaló que el «orden mundial se rompió y las grandes potencias no tienen freno».
Sus dichos llegaron apenas momentos después de que Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, presionara públicamente por la adquisición de Groenlandia. «Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú», aseguró Carney durante su discurso.
«Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno«. Así comenzó Carney, primer ministro canadiense, su ponencia cuando se subió al púlpito en el Foro Económico Mundial, en Davos donde también afirmó que Canadá es «una potencia media». En cuestión de pocas líneas del discurso que preparó y leyó, advirtió: «El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad».
Carney sigue, por cuestiones políticas, económicas y geográficas, desde cerca la cuestión del reacomodamiento geopolítico global: Canadá tiene la frontera más larga del mundo con Estados Unidos, que desde el comienzo de la segunda gestión de Donald Trump se ha mostrado con iniciativa. Sin ir más lejos, este mismo martes y apenas un rato antes, el presidente norteamericano se mostró con un mapa de América, en donde aparecen también como territorio estadounidense Venezuela y Groenlandia.
«Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben. Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?», se preguntó Carney durante su discurso en Davos.
Y continuó: «El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar la ilusión empieza a resquebrajarse. Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros».
«Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima. Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas», apuntó el premier canadiense, en clara referencia a la política exterior de Donald Trump.
Luego fue taxativo respecto del orden geopolítico: «Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis –financiera, sanitaria, energética y geopolítica– dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema«.
«Las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede ‘vivir dentro de la mentira’ del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. La arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas», amplió Carney.
Y advirtió a los países medianos y pequeños: «Están llegando a las mismas conclusiones: deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú».
«Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos», concluyó Carney en Davos.



