El delantero argentino Lucas Boyé marcó el gol que definió la victoria de Alavés ante Espanyol por 2 a 1, en el arranque de la 22a. fecha de LALIGA de España.
En el minuto 26 de la segunda etapa, el delantero surgido en River recibió un centro atrás en el área chica y marcó el 2-1, el quinto tanto desde que llegó al equipo de Vitoria, esta temporada.
Alavés, dirigido por Eduardo Chacho Coudet presentó a Boyé como titular y en el segundo tiempo dispuso el ingreso del defensor argentino Facundo Garcés, en su vuelta a la actividad. El ex zaguero de Colón de Santa Fe estuvo suspendido durante 128 días por la FIFA, luego de una investigación sobre irregularidades en su nacionalización para jugar en la selección de Malasia.
La FIFA suspendió a Garcés y a otros futbolistas por un año, pero la defensa de los jugadores ante el TAS promovió una cautelar para que puedan volver a jugar hasta tanto finalice el proceso que lleva adelante la máxima entidad del futbol.
“Veníamos haciendo muy buenos partidos. El fútbol, a la larga, paga”, comentó Chacho, luego del partido. “¿Boyé? Suele hacer todo lo que ha hecho esta noche», sostuvo el DT, que prefirió resaltar el trabajo colectivo. “Vamos a necesitar a todos. Hay que trabajar. Sabemos que tenemos nuestras dificultades y limitaciones en algunas cosas y con el trabajo intentamos compensar todo. Quiero resaltar el grupo de jugadores”, insistió el conductor de un equipo que está, exactamente, en la mitad de tabla.
Boyé, afirmado en el fútbol español (tres temporadas en Elche, dos en Granada), exhibió una alegría contenida. “El equipo necesitaba ganar afuera y esta victoria era lo que faltaba para dar ese salto”, sostuvo. “En realidad, nos faltaba mejorar la finalización de las jugadas. Ajustamos eso y por eso nos llevamos la victoria”, advirtió el atacante, de 29 años. Siempre cerca del bajo perfil, advirtió: “El gol es más de Toni Martínez que mío. De eso se trata el equipo y nos sirvió para ganar tres puntazos”.
Lucas Ariel Boyé tiene su historia. Nunca tuvo continuidad en River. Era joven, fallaba en el área y se confundía metros más atrás. Tenía talento: se notaba a la distancia. Pero los tiempos en el gigante lo fueron desgastando, al mismo tiempo que Marcelo Gallardo acrecentaba su figura como entrenador. No hubo sintonía. Marcó dos goles en 37 partidos entre 2014 y 2015, cuando el Muñeco empezó su obra fundacional en el campo internacional. Uno de los tantos jóvenes de la casa (sigue ocurriendo hoy) que debieron emigrar.
En marzo de 2021, Boyé daba vueltas por el mundo y admitía, a la distancia, su irregularidad. “Me gustaría que River me venga a buscar en un futuro”, reconocía el atacante en una charla periodística en el programa Cómo te va. “En River me quedó la espina de no poder demostrar como jugador. En algún futuro me gustaría volver a la Argentina y a River”. Y fue más allá: “Marcelo (Gallardo) genera algo muy fuerte. En ese año y medio que estuve en River, que me tocó vivirlo de cerca, ya se notaba que era un entrenador distinto para el fútbol argentino. Era chico, no supe soportar, como sí hay chicos que lo hacen. Así es el fútbol, uno va creciendo y formando experiencia”. El análisis fue crudo, directo a las presiones que no todos están dispuestos a sostener. Algunos, solo necesitan tiempo.
Una vida de trotamundos. Newell’s, Torino (Italia), Celta (España), AEK Atenas (Grecia), Reading (del ascenso de Inglaterra): 13 goles repartidos en cinco temporadas no ofrecían un cartel luminoso, cuando se presentó en Elche, un conjunto de capitales argentinos, seis temporadas atrás. En España, al fin, encontró su lugar en el mundo, con 23 tantos en 100 partidos, más allá de que el grito de gol nunca fue su fuerte.
En ese lapso, hasta dejó en el banco de suplentes a Pipa Benedetto, uno de los aportantes financieros al desarrollo de Elche. En nuestro medio, el recuerdo fresco de la clase del delantero de Boca en comparación con el ex hombre de River ofrecía ciertas resistencias. Sin embargo, el delantero santafesino siempre estuvo delante. Titular y referente, con la dificultad adicional desde el juego de estar en un equipo que siempre pelea por no descender.
En enero de 2022 siguió dando pases hacia adelante. “En varios equipos tuve continuidad, pero nunca esta continuidad. Nunca tuve tres partidos seguidos. Son todos factores que a la larga ayudan, pero la confianza es lo que más sirve a la hora de cambiar. La confianza cuesta mucho conseguirla y se va muy rápido”, manifestaba. Y sostenía a la distancia: “Obviamente me encantaría volver a jugar en Argentina en algún momento porque siento que no lo disfruté como debía. Me encanta estar allá, cerca de los míos. Obviamente que en algún momento me gustaría volver”.
Y ahora, otro enero, cuatro años después, en equipos pequeños que lo dejan ver en su mejor versión, grita otro gol. Ya van cuatro en 16 partidos.



