Donald Trump volvió a encender las alarmas en Washington. El presidente de Estados Unidos llamó a su partido a despojar a los Estados del control de las elecciones y transferirlo al gobierno federal, una medida que expertos y dirigentes de ambos partidos consideran inconstitucional. El planteo surge en un contexto adverso para el oficialismo: los sondeos no lo favorecen y el mandatario teme perder el control del Congreso en las legislativas de noviembre.
La ofensiva se produce tras un nuevo revés electoral en Texas, histórico bastión republicano, donde el candidato demócrata Taylor Rehmet obtuvo un escaño en el Senado en un distrito en el que Trump había arrasado en 2024. Ese resultado se suma a otros golpes recientes, como las elecciones de gobernadores en Virginia y Nueva Jersey, celebradas en noviembre pasado, que dejaron amplios triunfos opositores.
Con ese telón de fondo, Trump insistió en que su partido debería “nacionalizar” los comicios y cuestionó que algunos Estados -en su mayoría gobernados por demócratas- sigan organizando sus propias elecciones, tal como lo establece la Constitución.
Desde hace décadas, el sistema electoral estadounidense funciona de manera descentralizada: son los Estados y los distritos los que administran el proceso. Trump busca ahora modificar ese esquema para que el control quede en manos del gobierno federal, una iniciativa que, según sus críticos, le permitiría influir sobre los resultados y condicionar el voto.
El demócrata Taylor Rehmet obtuvo un escaño en el Senado en un distrito en el que Trump había arrasado en 2024. Foto: Desiree Rios/The New York TimesUno de los ejes de su discurso es la inmigración. Sin aportar pruebas, el presidente sostiene que extranjeros sin documentación votan de manera ilegal y favorecen al Partido Demócrata. “Quiero ver elecciones honestas. Si un Estado no puede organizarlas, la gente que me respalda debería hacer algo al respecto”, dijo desde la Oficina Oval, rodeado de legisladores republicanos.
“Miren Detroit, miren Filadelfia, miren Atlanta”, agregó, al señalar ciudades de Estados clave como supuestos focos de corrupción, aunque sin presentar evidencia concreta. “El gobierno federal debería intervenir. Si no pueden contar los votos de forma legal y honesta, alguien más debería hacerse cargo”, remarcó.
Las declaraciones refuerzan lo dicho un día antes en una entrevista con el exsubdirector del FBI Dan Bongino, en la que exhortó a los republicanos a “tomar el control” de los procedimientos de votación en al menos 15 Estados, que no identificó.
Tiempo atrás, la Casa Blanca ya había solicitado a los Estados que compartieran sus padrones electorales. Al menos 24 se negaron, al considerar la medida ilegal y dirigida contra el voto inmigrante.
Los planteos del magnate generaron fuertes críticas, incluso dentro del oficialismo. “¿Donald Trump necesita una copia de la Constitución? Lo que propone es descaradamente ilegal”, afirmó el líder demócrata del Senado, Chuck Schumer. El republicano John Thune, jefe de la mayoría en la Cámara alta, sostuvo que si bien apoya exigir identificación a los votantes, se opone a federalizar las elecciones por tratarse de una cuestión constitucional.
El líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, denunció que lo propuesto por Trump es «descaradamente ilegal». Foto: EFE/EPA/WILL OLIVEREl titular de la Cámara baja, Mike Johnson, intentó bajarle el tono a la polémica y dijo que Trump solo estaba expresando su frustración por presuntos problemas en Estados demócratas. Sin embargo, descartó que el Partido Republicano avance en el sentido que plantea el presidente.
El sistema electoral estadounidense se rige por leyes estatales enmarcadas en la Constitución, lo que limita el rol del gobierno federal. Cualquier intento de alterar ese esquema podría derivar en un juicio político.
Las tensiones se agravaron días después de que el FBI registrara la principal oficina electoral del condado de Fulton, en Georgia, en busca de documentos vinculados a las elecciones de 2020. Tras dos recuentos, las autoridades confirmaron entonces la victoria de Joe Biden. Ningún tribunal ni organismo electoral halló pruebas de fraude, pese a las reiteradas denuncias de Trump.
En marzo pasado, el presidente firmó un decreto que exige identificación para votar en todo el país y busca impedir que se cuenten los sufragios por correo recibidos después del día de la elección, aun con matasellos previo. La medida enfrenta resistencias en tribunales federales.
En marzo pasado, Trump firmó un decreto que exige identificación para votar en todo el país y busca impedir que se cuenten los sufragios por correo recibidos después del día de la elección. Foto: REUTERS/Evelyn Hockstein/File Photo“¿Quién no quiere que los votantes se identifiquen? Solo quienes quieren hacer trampas”, insistió Trump. “¿Y quién hace trampas? Los demócratas”, agregó.
En ese mismo discurso, volvió a vincular el sistema electoral con su promesa de lanzar “la mayor deportación de la historia”. “Si los republicanos no expulsan a los migrantes indocumentados, nunca volverán a ganar una elección”, afirmó.
Incluso llegó a lamentar no haber utilizado a la Guardia Nacional en 2020 para incautarse de las urnas y permitir que funcionarios afines contaran los votos. En una entrevista con Reuters, sugirió que “Estados Unidos no debería celebrar elecciones de medio mandato”. La Casa Blanca luego aclar que se trataba de una broma.
Trump insiste con un Arco de Triunfo en Washington
En paralelo a su ofensiva política, Trump volvió a impulsar su idea de construir un Arco de Triunfo en el corazón de Washington, cerca del Monumento a Lincoln. El presidente sostiene, de manera errónea, que la capital reclama una obra de ese tipo desde hace dos siglos.
“Se interrumpió por algo llamado la Guerra Civil”, dijo días atrás a bordo del Air Force One. Sin embargo, historiadores desmintieron su versión: las águilas que menciona forman parte de un puente construido décadas después y el único antecedente similar fue una estructura temporal levantada en 1919 tras la Primera Guerra Mundial.
“Washington era una ciudad inacabada antes de la Guerra Civil”, explicó la historiadora Chandra Manning, de la Universidad de Georgetown. “No había impulso para monumentos decorativos cuando aún faltaban edificios esenciales”.
Un modelo de un arco en el Resolute Desk durante una conferencia de prensa en la Oficina Oval de la Casa Blanca en Washington. Foto: Jim Lo Scalzo/EPA/Bloomberg Trump insiste en que su arco sería “el más bonito del mundo”. Según The Washington Post, evalúa una estructura de hasta 76 metros de altura, superior al Arco del Triunfo de París y cercana en escala al Capitolio.
El proyecto se sumaría a una serie de reformas impulsadas por el presidente, como el salón de baile de 400 millones de dólares en la Casa Blanca, la remodelación del Jardín de Rosas y cambios estéticos en la Oficina Oval.
La nueva estructura, según sus planes, debería inaugurarse en julio próximo, durante las celebraciones por el 250° aniversario de la independencia de Estados Unidos. Aún no se informó cuánto costará, quién la financiará ni si cuenta con aval urbanístico.
“El presidente Trump tiene razón. Durante casi 200 años, el pueblo estadounidense ha querido un arco en la capital”, sostuvo el portavoz de la Casa Blanca, Davis Ingle. “Su visión quedará grabada en la historia del país”.
Con información de Agencias



