Marcelo Gallardo y Nico Diez, dos números 10 exquisitos de otro tiempo, más allá del brillante recorrido de uno y la digna trayectoria del otro, no deben estar pensando en la gloria del pasado. Deben estar atentos a lo que ocurre ahora, en este instante: River y Argentinos, más allá de su potencial, son una moneda al aire.
Protagonistas de la zona B del torneo Apertura, el equipo millonario todavía digiere las secuelas de un implacable 1-4 frente a Tigre y en el Monumental, mientras que Argentinos ganó uno, empató dos y perdió otro, en una deslucida campaña. Gallardo busca estímulos que hagan recordar la magia de su primer ciclo y Diez trata de redescubrir el equipo de autor que supo ser el año pasado. River se debió conformar con la Copa Sudamericana, ya que el boleto de la Prelibertadores, el premio consuelo, se lo quedó justamente Argentinos.
Gallardo está un poco desorientado y Diez empieza a observar algunos serios contratiempos. Se aferran, como en toda su vida, al toque y la sorpresa, que supieron tener en su trayectoria como enganches. River juega (al menos, lo intenta), con Juanfer Quintero, un 10 clásico y el escurridizo Galván, enganche en las inferiores. Argentinos avanza con López Maradona, Pipa Lescano y el pibe Porcel, tres… números 10.
Cada vez que se reencuentran Argentinos y River (este jueves, a las 21.15, en la Paternal, “son los Bichitos, fútbol y toque, los Globetrotters de La Paternal”, se canta con orgullo), se vive de recuerdos de lo mejor de nuestro medio. Pasaron 40 años de la mejor obra que recuerde la historia doméstica: el 26 de enero de 1986, River le ganó por 5 a 4 a Argentinos Juniors por el campeonato de la temporada 1985/86, que consagró a un brillante equipo conducido por el Bambino Veira.
Vale la pena replicar las formaciones iniciales. River formó con Pumpido; Gordillo, Saporiti, Ruggeri y Montenegro; Héctor Enrique, Gallego y Morresi; Amuchástegui, Francescoli y Alfaro. El conjunto que dirigía Roberto Saporiti, antigua mano derecha del Flaco Menotti, dispuso a Vidallé; Villalba, Pavoni, Olguín y Domenech; Nene Commisso, Checho Batista y el Panza Videla; Pepe Castro, Bichi Borghi y Ereros.
Gallardo y Diez eran dos adolescentes, entonces. El Muñeco tiene 50 años, Nico, 49. Uno surgió en el Monumental y el otro, en el Semillero del Mundo. La historia del Muñeco es infinitamente conocida: un 10 de los que ya no hay, con tiempos memorables de selección y el fútbol francés. Lo de Diez fue más austero: Racing, Ferro, un breve paso por Francia, Colombia, Chile, Venezuela. Una zurda díscola, atrapante.
El hombre nacido en Merlo se retiró en Nacional, de Montevideo, se puso el traje de DT, salió campeón y desde allí, construyó una carrera extraordinaria, que no puede replicar en los últimos tres años. Ni en Oriente Medio (con Benzemá) ni en su vuelta a River. Nico empezó de abajo y como asistente. De Jorge Sampaoli, de Sebastián Beccacece y hasta de Sebastián Domínguez. Como cabeza de grupo, Atlanta, primero y Argentinos, después.
En la Paternal está desde diciembre de 2024: siempre tan cerca como lejos del título. Fue finalista de la Copa Argentina. El Muñeco volvió cuatro meses antes: un año y poco más de un semestre de múltiples decepciones, con unos pocos aciertos, como un par de triunfos sobre Boca. El primero, con suplentes, en la Bombonera, y el segundo, el del tiro libre de Franco Mastantuono.
Fueron 10 y les agrada jugar con enganches, aunque modernos, como se utilizan ahora. Hay que correr. En sus primeros pasos, antes de cumplir 20, Diez cumplió un sueño y el Muñeco lo sufrió (¿o lo disfrutó?) a la distancia.
Cuenta la historia que José Pekerman viajaba a La Paz para disputar el Sudamericano Sub 20. Gallardo tenía 18 y era el niño mimado de Daniel Passarella, primero DT millonario y más tarde, de la selección, luego del colapso de Estados Unidos 1994.
De algún modo, Passarella le quitó a Gallardo la posibilidad de ser campeón del mundo… en Qatar ‘95. Cuentan que el Kaiser había perdido una pulseada con Julio Grondona: el control de los seleccionados juveniles, que el presidente de la AFA había resuelto separar de la órbita de la mayor. Passarella quería a Jorge Griffa, pero el elegido fue José.
Pekerman quería al pequeño Muñeco, pero nunca se entrenó con los juveniles. Pensaba en un doble comando ofensivo, el pibe de River junto con el Caño Ibagaza, con Panchito Guerrero y Biagini en el ataque. Probablemente hubiera perdido el puesto Coyette, hipótesis al paso. El Sub 20 cayó ante Brasil en la final del Sudamericano en Bolivia.
El hombre de las negativas era don Alfredo Davicce, el presidente de River que falleció el 30 de enero pasado, a los 96 años. La gloria fue frente a Brasil, nada menos: un 2-0 con goles de Leonardo Biagini y Guerrero.
El Muñeco era parte de la nueva selección mayor, pero era muy joven. Le sobraba talento, le faltaba madurez y picardía. Dos años después, el Sub 20 mantuvo la magia: campeón mundial en Malasia. Un 2-1 sobre Uruguay con un equipo de primera. Vale la pena recordarlo: Leo Franco; Jota Jota Serrizuela, Leandro Cufré, Walter Samuel y Diego Placente; Lionel Scaloni, Fabián Cubero y Esteban Cambiasso; Juan Román Riquelme; Bernardo Romeo y Diego Quintana.
Pablo Aimar entró durante el segundo tiempo y Nico Diez integró el banco de suplentes. Ingresó por Aimar en el debut ante Hungría (triunfo por 3 a 0), las semifinales ante Irlanda (victoria por 1 a 0) y fue titular contra Australia (derrota por 4 a 3) en la etapa de grupos.
“No es una promesa, ya es una realidad. Es un chico que participó con nosotros en Malasia. Fue un gran jugador y como entrenador ya tiene su recorrido, en Chile y en Buenos Aires. Y volvió a darle esa esencia a Argentinos, que era fundamental. Me gusta el camino que está emprendiendo”, contó José, recientemente.
Años atrás, cuando era DT de la selección mayor, admiraba a distancia al Muñeco: “Siempre me gustó Gallardo. Desde su aparición en las divisiones juveniles de River, desde que debutó en primera. Es un jugador que define muy bien el gusto de los argentinos. Es muy difícil que alguien diga que no le gusta un jugador así”.
Transcurrieron los años y la relación Gallardo-Passarella se quebró definitivamente. El Muñeco no fue a Qatar, Nico fue a Malasia. Cuatro décadas más tarde, un partido con urgencias en la Paternal despierta algunas historias de clásicos número 10, en color sepia.



