Segundo triunfo de Independiente al hilo, noveno partido oficial sin derrotas, un cierto progreso en el juego y un notorio shock de confianza en el ánimo de sus jugadores y su gente. Fue un 2-0 frente a un Lanús distraído con la Recopa Sudamericana, sin objeciones, sin lujos, afianzando una levantada que hasta la semana pasada aparentaba ser realmente difícil.
En octubre pasado, en el tercer encuentro del entrenador Gustavo Quinteros en el banco, el Rojo desarrolló contra el mismo adversario la que tal vez fue su mejor expresión futbolística desde el ya distante primer semestre de 2025. Un blooper defensivo fuera de contexto determinó una derrota inmerecida, pero hubo aquella noche dominio del juego, variantes en ataque y un alto volumen de llegadas peligrosas, que alentaron la promesa de un pronto funcionamiento aceitado, pero éste nunca llegó a darse.
La nueva visita del Granate, en esta ocasión algo disminuido por la proximidad de la serie ante Flamengo por la Recopa Sudamericana –Mauricio Pellegrino prefirió conservar a varios titulares importantes, Marcelino Moreno y Carlos Izquierdoz entre ellos– repitió apenas una parte del guion. Por un lado, porque como en aquella ocasión volvió a ser Independiente el dueño de la pelota y el campo, con largos períodos de posesión, provocando numerosos córneres y saques laterales en campo del rival, esa arma que parece ser la preferida para sembrar dudas en las áreas ajenas. Por el otro, sin dudas el más importante para el hincha del Rojo, porque en un puñado de minutos consiguió la contundencia que brilló por su ausencia meses atrás.
Ocurrió alrededor del final del primer cuarto de hora posterior al descanso. Se había ido lesionado Santiago Montiel y nada hacía prever un cambio profundo tras 45 minutos que habían sido una mediocre película emitida en loop. Pero a los 11, Iván Marcone, de gran rendimiento, robó, salió jugando con calidad en su campo y tocó hacia Ignacio Malcorra, que hizo un pase largo hacia Matías Abaldo por la izquierda; fallaron Tomás Guidara y Ronaldo Dejesús y la pelota le quedó al uruguayo, que enroscó un derechazo al segundo palo: poste y 1 a 0. Seis minutos más tarde, Lautaro Millán recibió muy suelto en el vértice derecho del área, acomodó un centro para la cabeza de Gabriel Ávalos y se dio el 2-0.
Hasta ese momento, la salida más o menos prolija del local hasta más allá de mitad de la cancha y la subida de los defensores laterales para lograr superioridad por las bandas chocaban una y otra veces con la ordenada y sacrificada coraza defensiva de Lanús. Así, los centros obligados a la cabeza de Ávalos eran un recurso casi exclusivo ante la imposibilidad de desborde de Montiel y Abaldo, y la impericia de Millán y Malcorra para crear y aprovechar pasillos que perforasen la zaga visitante por el centro.
Hubo en ese lapso un zurdazo y un cabezazo algo forzados del delantero paraguayo que se fueron altos, y un remate de Montiel que el cuerpo de José Canale desvió al córner, pero en el balance general no existió relación entre las ganas y la eficacia del local.
Al cuadro granate lo preocupó mucho menos quedar a años luz del arco de Rodrigo Rey. La supremacía ejercida sobre el de Avellaneda en los últimos años, la experiencia de choques anteriores y la cabeza puesta en el conjunto rojinegro de Río de Janeiro invitaron al del Sur a centrarse en una espera paciente que esta vez le salió muy mal. Fue muy flojo lo del equipo dirigido por Mauricio Pellegrino, más allá de algunas buenas combinaciones para sacar la pelota limpia desde el fondo. Pero esa prolijidad nunca tuvo continuación en los últimos metros, y a Rey no le costó ningún trabajo sumar la segunda valla invicta consecutiva.
Compacto de Independiente 2 vs. Lanús 0
La desconcentración del visitante se hizo aun más evidente tras el 1 a 0. Aflojaron la presión los mediocampistas (la soledad de Millán en el centro del segundo tanto fue muy llamativa) y hasta los defensores centrales Dejesús y Canale, hasta ese momento muy sólidos, comenzaron a coleccionar errores.
Tras ese primer gol de Abaldo, Independiente solo tuvo que dejar deslizarse por la pendiente que el rival le ofrecía hacia su área para quedarse con los tres puntos. Lo hizo sin mayor esfuerzo y aunque todavía el amor por el juego del equipo no da como para celebrar San Valentín, su hinchada se fue con ganas de adelantar el carnaval.



