Entre los continuos desaciertos dirigenciales, las decisiones futbolísticas cuestionables y la mala fortuna con las lesiones, Boca dilapidó los dos meses que siguieron a la eliminación ante Racing en semifinales del Clausura 2025. Apenas 75 días después de aquella derrota que dejó a Claudio Ubeda en la cuerda floja, el Xeneize arrastró y profundizó los mismos problemas dentro y fuera de la cancha. Este viernes volverá a enfrentar a la Academia en otro partido clave, tanto para el futuro del técnico al frente del equipo como para la percepción de los hinchas sobre los jugadores y la dirigencia.
Aquella tarde, el debate se centró en la salida de Exequiel Zeballos, el jugador más peligroso de Boca, que dejó el campo de juego en el segundo tiempo cuando el equipo aún estaba 0-0, apenas cuatro minutos antes del cabezazo goleador de Adrián “Maravilla” Martínez. El entrenador atribuyó el cambio a una supuesta merma física del delantero, pero puso en jaque su puesto. El técnico, que ya tenía la pretemporada programada, debió esperar hasta fin de año para saber si seguía o no a cargo del plantel.
Las dificultades, lejos de resolverse, se acentuaron: Boca, que antes ganaba sin convencer, ya no logra imponer condiciones, ni siquiera como local, empujado por su gente y frente a rivales menores. Las lesiones jugaron su papel, pero el técnico tampoco consiguió encontrar el funcionamiento a medida que los jugadores fueron regresando. Los futbolistas que antes eran figuras, como Lautaro Di Lollo, Ayrton Costa y Leandro Paredes, rinden por debajo de su nivel habitual, y los refuerzos, que llegaron tarde, aún no terminan de ensamblarse.
El final del partido con Platense puso en evidencia todas estas situaciones. Boca intentó ganar sin Paredes en la cancha, afectado por una molestia en el tobillo derecho que en otro contexto lo habría obligado a parar, pero que lo mantuvo en el once debido a las urgencias del equipo. Este martes se confirmó que la lesión lo obligará a poner pausa para al menos los próximos dos partidos.
Marcelo Weigandt, del que hace pocas semanas se viralizó un video jugando un picado en una plaza de Monte Chingolo, lideró los ataques por la derecha, mientras que dos juveniles, Tomás Aranda (18) y Gonzalo Gelini (19), lanzaban centros a un Edinson Cavani que volvía tras 77 días y ni siquiera había realizado la entrada en calor junto a sus compañeros: mientras el resto se movía, él observaba sentado sobre una heladerita. Postales de una tarde que expuso a todo Boca.
A fines de enero, en una entrevista con un canal de streaming, Juan Román Riquelme no encontró argumentos para justificar la permanencia del DT en 2026. “Yo sabía que Ubeda iba a continuar, porque era más fácil el día que mi amigo -por Russo- nos dejó traer a otro entrenador. Sabía que si la cosa no iba bien después de lo de Miguel, iban a decir cosas malas”, explicó incómodo, buscando desviar el foco.
En esa misma charla, el presidente dejó entrever que las dudas sobre la situación del técnico surgieron desde el periodismo, aunque fue Marcelo Delgado, director deportivo del club, quien el 11 de diciembre, cuatro días después del 0-1 con Racing, dijo públicamente que el técnico estaba siendo “evaluado”. Las críticas hacia Riquelme, que hasta hace poco parecía intocable, ya son moneda corriente: muchos hinchas reaccionaron en redes sociales cuando, en medio del flojo presente del equipo, La Doce desplegó un telón con la palabra “Román” por encima del escudo del club, toda una simbología de su gestión y de la desconexión entre el público y los violentos.
Si bien Ubeda conduce al equipo en el terreno, lo que lo convierte en uno de los máximos responsables de esta crisis, el técnico casi no tuvo injerencia en el armado del plantel ni en la elección de refuerzos. Aceptó a Ascacibar, a quien conocía de la Sub 20, aunque inicialmente prefería un delantero. Entre los escasos jugadores que pidió, Alexis Cuello no llegó por motivos económicos.
El colmo de los desmanejos se vio con los extremos: Boca negoció durante 50 días por el colombiano Marino Hinestroza, de Atlético Nacional, quien llegaría para ser titular en el nuevo dibujo del DT y el pase se cayó por una diferencia menor. En el medio, se confirmó que Rodrigo Battaglia sería intervenido por una inflamación en el tendón de Aquiles derecho, y Boca incorporó al volante de Estudiantes, refuerzo necesario que obligó al club a desprenderse de Brian Aguirre, uno de los pocos wings del plantel, que pasó al León como parte del pago. También fracasaron las gestiones por Kevin Serna, de Fluminense, y tras la lesión de Zeballos, por Edwin Cetré, quien no pasó la revisión médica. Ante ese escenario, el técnico recurrió a los juveniles, que pusieron la cara en un momento complicado y aun así fueron de lo mejor que mostró el equipo.
En un lunes repleto de rumores, la decisión de Riquelme sería respaldar a Ubeda al menos hasta el partido contra Racing, verdugo del equipo en el Apertura y que ganó tres de los cuatro clásicos recientes con Boca, los últimos dos en la Bombonera. Antes del partido ante Platense, Riquelme irrumpió en la práctica en Ezeiza y dejó en claro quién manda en el predio: tuvo una charla con el plantel y exigió una reacción, que finalmente no se vio.
Lo que en cualquier club hace el técnico, en Boca lo asume el presidente, y casi nunca con buenos resultados: en 2021, se reunió con los jugadores nueve fechas antes de despedir a Miguel Russo; en 2022, hizo bajar al plantel del micro tras una derrota con Gimnasia La Plata y mantuvo un encuentro sin la participación de Sebastián Battaglia, con quien la relación se resquebrajó a partir de ese episodio. Ese mismo año, al inicio del mandato de Hugo Ibarra, también intervino tras la pelea entre Carlos Zambrano y Darío Benedetto, ante la ausencia de respuestas del DT. La reunión anterior fue en 2024, previo despido de Diego Martínez.
En las encuestas en redes, la continuidad de Ubeda es cuestionada de manera categórica. Aunque los números lo avalan -nueve triunfos, un empate y cinco derrotas, con un 62% de efectividad-, el equipo no mostró progreso ni el técnico logró imprimir un estilo definido. Además, pese a ganar el clásico, cayó ante Racing en un partido clave y este año venció a Riestra y Newell’s, dos equipos inferiores, siendo claramente superado por Estudiantes y Vélez, y sin poder vencer a Platense.
En una semana corta, con Ubeda otra vez bajo la lupa, Boca vuelve a enfrentar a Racing en un escenario peor que el que cerró el año. Urgido de un triunfo que alargue el ciclo del entrenador, empiece a saldar viejas deudas y lo aleje de los fantasmas de un círculo en el que todos fallan y se repite una y otra vez.



