Es cierto, apenas se jugaron seis fechas. Solo un puñado de domingos de verano. Y, sin embargo, el Torneo Apertura 2026 de la Liga Profesional de Fútbol ya ofrece una postal incómoda para los poderosos y estimulante para los rebeldes. La tabla, esa radiografía que no entiende de merecimientos históricos, ni de presupuestos holgados ni, mucho menos, de apellidos ilustres, muestra un escenario que descoloca: los primeros tres puestos de cada zona no están ocupados por los nombres que el imaginario colectivo suele ubicar en esos lugares.
El formato —dos zonas de quince equipos, 15 fechas antes de los playoffs y clasificación para los primeros ocho— invita a la especulación temprana. Y si bien es cierto que queda más de la mitad del recorrido, también es verdad que el campeonato argentino, vertiginoso y emocional, suele construir tendencias difíciles de revertir. Y hoy, la tendencia es clara: mandan otros.
En la Zona A, la cima pertenece a Vélez. El equipo de Liniers, pragmático y punzante, se acomodó con naturalidad en lo más alto. No deslumbra, pero compite con una convicción y una personalidad que lo distingue. Sus 14 puntos no son fruto de la casualidad, sino de una estructura comandada por los mellizos Guillermo y Gustavo Barros Schelotto que entiende cuándo acelerar y cuándo administrar. Con un plus: el Fortín se dio el gusto grande de derrotar a Boca y a River en apenas 10 días e impone respeto.
Detrás aparece Estudiantes de La Plata, siempre fiel a su identidad. Orden, rigor táctico y una lectura quirúrgica de los momentos del partido. El Pincha no sorprende por estar arriba, ya que su rol de campeón vigente le da lugar a esta continuidad. Aún con el imprevisto cambio de DT: emigró Eduardo Domínguez y ya se prepara para el debut Alexander Medina. En seis fechas, ya dejó en claro que no será un actor secundario.
Y el tercer escalón lo ocupa Platense. Ahí está el Calamar, desafiando estadísticas históricas y presupuestos ajenos, tal como lo hizo en el Apertura 2025. Su presencia en el podio parcial es una bocanada de aire fresco para el torneo. Compacto, incómodo para cualquiera, el conjunto de Vicente López capitalizó cada oportunidad y se está asegurando un buen colchón de puntos para cuando debute en el torneo más prestigioso de América a nivel clubes: la Copa Libertadores.
Pero la tabla no se lee solo por los que están arriba. También interpela por los que no. En esa misma Zona A, fuera de los tres primeros y mirando de reojo la línea del octavo puesto, aparece Boca. La ubicación, por ahora fuera de la zona de clasificación directa, resulta tan llamativa como inquietante. Ocho puntos sobre quince posibles lo dejan en una zona gris, donde cada empate pesa como una derrota y cada triunfo parece insuficiente. No es una crisis terminal, pero sí un síntoma. Boca exhibe un nivel de juego muy bajo y pareciera que cualquiera se le anima, tanto de local como de visitante. Con Ubeda al frente del equipo y rindiendo examen cada fin de semana, en un formato corto, el margen de error es mínimo.
La escena se repite, con matices, en la Zona B. Allí, el liderazgo pertenece a Independiente Rivadavia. El conjunto mendocino, campeón vigente de la Copa Argentina, encarna la historia inesperada del semestre. Cinco victorias en seis partidos no admiten discusión: hay mérito, planificación y una identidad que se consolidó en el semestre pasado y sigue firme ahora.
Segundo se ubica Tigre, otro que entendió que la regularidad es un capital invaluable. Con un funcionamiento ofensivo eficaz y una propuesta ambiciosa, el Matador dejó atrás cualquier complejo. No especula, sino que va al frente. Y en esa valentía construyó su posición de privilegio. El podio lo completa el Belgrano del Ruso Zielinski.
Y entonces, inevitablemente, la mirada se desplaza hacia el otro gigante. En esa Zona B, lejos de la cima y también fuera del lote cómodo de clasificación, aparece River. Siete puntos en seis fechas. Una diferencia de gol que no acompaña, tres derrotas consecutivas y apenas tres victorias y 13 caídas en los últimos 20 encuentros (algo que no ocurría desde 1911) exponen que algo no está bien en Núñez.
No es casual entonces que Marcelo Gallardo analice por primera vez con seriedad qué hacer con su futuro, luego de describir como “nefasto” el último trimestre de 2025. Y en un torneo de 15 jornadas, la paciencia no suele durar tanto. Ni siquiera con el Muñeco.
Lo curioso del Apertura 2026 no es solo la posición de Boca y River; es la naturalidad con la que otros ocupan el centro de la escena. La tabla no distingue camisetas históricas, sino que premia el presente. Y el presente, por ahora, pertenece a equipos que encontraron equilibrio antes que brillo y eficacia antes que espectáculo.



