AlphaVille es un barrio en el gran San Pablo. Un barrio con 35 mil residentes fijos, y se estima que su población en tránsito orilla las 200 mil personas por día. En ese músculo empresarial y residencial del gigante que extiende sus tentáculos vive el ‘Flaco’ López en una casa cruzada por una curiosidad: “Hay pizarras por los diferentes ambientes y voy escribiendo metas. Voy anotando mis objetivos. Todos. Sueños… algunos a corto plazo y otros que podrán llevar un poco más de tiempo”, detalla, y abre paso a su intimidad.
-¿Entre las anotaciones figura “jugar el Mundial”?
-No tanto… pero hace un tiempo sí escribí jugar en la selección. Y cuando logro un objetivo no lo tacho, sino que lo miro y recuerdo el momento en el que lo escribí, entonces ahí siento que se cierra el círculo del desafío.
Él invita a sumergirse en su particular perfil. “Me gusta escribir, me gusta que quede asentado. Porque cuando algo solo te lo imaginás… y, quizá se va perdiendo. En cambio, al escribirlo, ya no hay vuelta atrás. Ahí está, lo ves y te recuerda el desafío. A mí mismo no puedo mentirme, y si lo escribí, tengo que ir detrás de eso. Me gusta mucho escribir, en general, y tengo un cuaderno en el que voy volcando sensaciones con la euforia del momento. Tiene que ser enseguida. Porque de lo contrario, pasa el tiempo y las cosas se van olvidando. Mejor, escribir, y sabés que podés volver que ahí van a estar esas emociones”. El ‘Flaco’ López anotá goles y muchas emociones más.
Cuenta que no hace terapia. “Sí, leo bastante sobre crecimiento personal, sobre herramientas que me sirven para vivir mejor y sobre técnicas que me pueden ayudar a calmar un poco los pensamientos. Intento instruirme mucho, soy curioso, siempre quiero aprender y, por ejemplo, ahora estoy estudiando inglés”.
Flaco López, así, sin el artículo, se instaló como nombre en Brasil. “Señor Flaco”, lo llaman entre sonrisas empleados del club. “Cuando llegué, hace casi cuatro años, pensaron que Flaco era mi nombre. Creo que no les gustó, o no entendían… Es que acá hay una palabra muy parecida, ‘fraco’, que significa débil, vulnerable…” Nada más alejado de alguien que nunca aceptó rendirse…
Figura de Palmeiras -62 goles en 191 partidos-, ahora su pase vale más de 40 millones de dólares y el destino europeo se presume inexorable, pero no hace tanto era un desconocido. El ‘Flaco’, que anda por los 25 años, hasta los 18 había vivido más frustraciones que alegrías desde que había dejado El Progreso, el club en el que se formó en su San Lorenzo natal, en Corrientes. Cuando tenía 9 años llegó a Independiente, luego de que Boca lo detectara en una prueba en su provincia a los ocho y lo dejara en una espera eterna. En Avellaneda estuvo hasta 2017, pero una rebelde lesión en la cintura lo dejó libre con edad de Sexta. ¿Abandonar? Nunca, y apareció Lanús. Pero… sin lugar en Cuarta, mientras otros chicos de su edad ya eran parte de la Reserva, tuvo que buscar un préstamo. Y en 2019 se fue a una liga del interior para reinventarse. Un correntino suelto por Tres Arroyos fue goleador y campeón con el club Colegiales para ascender al Regional Federal Amateur. Todo cambió desde entonces.
-¿Sigue presente Tres Arroyos en tu vida?
-Desde luego. Y más allá de la distancia, siempre está cerca. Tengo una visita pendiente porque generalmente no me dan los tiempos, pero he vuelto a la ciudad y volveré a hacerlo porque hay mucha gente querida. Familias de pueblo que nos apoyaron, que nos integraron, a mí y a los otros dos chicos que fuimos desde Lanús, Aaron Cárdenas y Enzo Silcan. En Tres Arroyos fueron clave los Vidal, los Blas, familias que nos abrieron las puertas de sus casas. Estoy en contacto siempre porque tenemos grupos de WhatsApp y hacemos video llamadas. Ya como futbolista profesional fui una vez de vacaciones, fui otra vez cuando uno de los chicos de las familias, Tomás Blas, que jugaba con nosotros, recibió su diploma de egresado de la secundaria. Sé que volveré a Tres Arroyos.
Regresó a Lanús porque la pandemia paralizó el fútbol, pero en la reanudación se aceleraron los tiempos, tanto que en enero de 2021 debutó en Primera sin representante ni contrato profesional. Solo 18 meses después se convirtió en la mayor transferencia –US$10 millones- en la historia granate. “Siempre lo cargo al ‘Guli’ [el ex futbolista Andrés Guglielminpietro, su representante], y le digo: ‘¿No te imaginabas que te iba a traer hasta acá ese flaquito que fuiste a ver y estaba perdido en la cuarta de Lanús, allá, en la última cancha…?’ Es una broma. Pero uno nunca sabe cuáles son los límites, por eso hay que insistir. Creo que entre mis 19/20 años alcancé la madurez y me empecé a dar cuenta de varias situaciones y a tomar en serio las oportunidades. Y cuando volví de Tres Arroyos a Lanús sentí que era la última chance para subirse al tren y creer que realmente podía vivir de ser futbolista. No podía perder la oportunidad, no había otra opción. Siempre fui muy positivo, porque también, siempre fui aceptando todo lo que me iba pasando, incluso todas las cosas malas las tomaba como parte el aprendizaje, de la vida misma. La pérdida de mi madre me marcó profundamente, pero intento no cuestionar lo que sucede en mi vida. Si es bueno, lo acepto. Si es malo, también. Sea bueno o malo lo que sucede, yo siempre sigo para adelante”, reflexiona en un monólogo sin interrupciones.
Y de repente, suelta un dato revelador: “Hace poco tuve una chance muy linda de ir a Europa, a un club que desde niño lo veía como un sueño, el Atlético de Madrid, pero decidimos quedarnos. ¿Por qué? Porque Palmeiras viene trabajando conmigo de una forma excepcional, con un planeamiento por así decirlo –en septiembre de 2025 le renovaron el contrato hasta diciembre de 2029-, y creo que la mejor decisión ha sido esperar un poco, al menos hasta el Mundial. Fue muy lindo que un club de ese tamaño me tuviera en cuenta. Asumo que resultó difícil, porque cuando llega algo así se te mueve todo, pero creo que fue el paso adecuando pensando que el mayor objetivo para este año es estar entre los muchachos que irán al Mundial. Estoy trabajando mucho para eso, ojalá lo logre”.
-Estuviste en las tres últimas convocatorias de Scaloni en 2025. ¿Crecen la ansiedad, la ilusión…?
-En Brasil hay muchísimos partidos, jugamos tan seguido que nunca podés desenfocarte. Y que haya tantos partidos, además, siento que es una gran vidriera que me sirve continuamente para mostrarme. Me encantaría llegar a mediados de año con una linda cantidad de partidos… En Palmeiras peleamos por títulos, siempre, y viene aquí para sentirme campeón. Y así fue [ya suma 5, entre dos Brasileiraos, dos torneos Paulista y una Copa de Brasil]. Con Abel [el DT, el portugués Abel Ferreira] hicimos un trabajo enorme para vivir de esta forma, porque yo creo que cuando uno empieza a vivir de la forma en la que se comporta un campeón, nunca vuelve a ser el que era antes. Se transforma en una forma de ser. Hay partidos cada tres días, la obligación de Palmeiras es ganar siempre, pero acepto también que es inevitable que la cabeza viaje a junio de 2026… Trato de llevarlo tranquilo. ¿Cómo? Partido a partido, sin dejar de disfrutar cada uno. Me gusta disfrutar cada momento porque todo pasa muy rápido.
-A Qatar fueron Lautaro y Julián, que volverán a estar en 2026. Pero ahora, quizás Scaloni sume a otro 9, a ‘Taty’ Castellanos, a Panichelli o a vos…
-Sueño con estar dentro de ese selectivo grupo. Las veces que me tocó estar, siempre me sentí como si fuese mi casa, como si estuviera allí hace años. Y el mérito es de la humildad de los muchachos, de los campeones del mundo. Entré… y estaba un poco asustado, muy consciente de que me iba a costar ganarme un lugar, pero los chicos me recibieron enseguida, unas fieras, buena gente todos…
-¿Dónde y cómo viviste el Mundial 2022?
-Uhhhh… lo viví un poco en cada lado. El primer partido, contra Arabia Saudita, estaba de vacaciones en México. Para el segundo, con México justamente, ya estaba en la Argentina, pero casi todos los partidos los vi en diferentes lugares, y no por cábala, simplemente se iba dando así: vi partidos en La Plata en la casa de mis hermanas, otros en la costa con la familia, de nuevo en La Plata con amigos y la final en mi pueblo, en San Lorenzo, con toda la banda de Corrientes, y como campeones del mundo salimos a festejar a la calle. Como uno más.
Todavía no había cumplido 3 años “Jocesito” López cuando, el 16 de noviembre de 2003, Lionel Messi debutaba en la Primera de Barcelona en un amistoso contra Porto. Vaya brecha generacional con el capitán de la selección… “Cuando era chiquito miraba la Premier League y me gustaba Thierry Henry, quería copiarlo, hacer sus jugadas, y obviamente me volvía loco por Leo, él es el ídolo de toda nuestra infancia, no hay un niño de este siglo que se haya resistido a Leo”, confiesa, y traza un retrato de época.
-Estás comenzando a tratar a Messi. ¿Quién es?
-… Y, mirá, hablando con los chicos que llevan años ahí, me contaban que de todos modos siempre les resulta impactante verlo. Imaginate para los que vamos hace poco… Él es un fenómeno… La primera vez que lo vi no fue en la selección, sino el año pasado cuando enfrentamos a Inter Miami en el Mundial de Clubes. ¡Y ese día se me acercó él!! Yo estaba en la fila para entrar en la cancha y estaba un poco nervioso porque jamás me lo había cruzado, y en un momento aparece Leo, pasa, me mira y pensé ‘ni sabe quién soy’, pero dio unos pasos para saludarme y ahí salí de la fila y fui a su encuentro. Paaaa… esa fue la primera vez, y después ya en el predio de la AFA, pero junto con otras personas, entonces ya fue más relajado, jaja. Lo que no te esperás es que tenga esa naturalidad, como si fuese uno más, es un tipo muy tranquilo.
-Y en Brasil lo adoran.
-Es increíble, él traspasó la barrera de la histórica rivalidad. Es impresionante como lo quieren acá, y lo quieren a él y quieren a su familia, a sus hijos… El brasileño es muy familiero, y eso de Leo les encanta. Lo aman, lo adoran. Acá me volvían loco cuando regresé del primer llamado de la selección… ‘¿Cómo es, qué hace, qué dice?’… estaban enloquecidos. Su figura es un imán para todos.
-En una entrevista con la revista brasileña Placar, en noviembre, explicaste que “es fácil y difícil a la vez jugar con Messi”. ¿Cómo es eso?
-Es una linda presión… Es extraordinario, sabés que en cualquier momento le podés dar la pelota para que te resuelva cosas cuando vos ya no sabés qué hacer. Él es impresionante, te da muchísimas opciones de pase, y por momentos se te cruza, sí, que tenés que estar a la altura de semejante calidad. Le gusta hablar de fútbol, conoce muchísimo, ya en las últimas convocatorias hablé más con él y me preguntó bastante por Palmeiras.
-¿Cuál es tu mirada sobre cuatro entrenadores, cada uno por razones muy diferentes? ¿Scaloni?
-Que todos en el cuerpo técnico hayan sido futbolistas les da un plus porque saben qué decirte y cuándo decírtelo. Eso enseguida te acerca. Siempre me trataron con tranquilidad y confianza, desde el primer instante. Cuando tuve la posibilidad de conversar con Scaloni, enseguida me tiró buenas palabras, me dijo que creyera en mí, que lo estaba haciendo muy bien… Como que ‘me la creyera’, digamos. Desde el primer día me hicieron sentir comodísimo. Después, es un equipo, juegan once y empieza la competencia. Pero cada vez que me llaman la paso espectacular y me hacen sentir de primera. Y lo que más me sorprende de Scaloni es que muchas veces terminamos hablando más de cosas externas al fútbol que del juego mismo. Me refiero a cuestiones de la vida, y para mí, que llevo un día a día donde debo estar tan metido con la táctica, con la prensa, con esto y con lo otro, tener a alguien que se aparta de todo eso y te pregunta por tu familia, te pregunta qué hacías cuando eras chico y esas cosas, es muy valioso. Se nota su sensibilidad, que es del interior, que es tranquilo.
-Abel Ferreira te pidió en Palmeiras.
-Abel es intenso… Personalmente, me ayudó muchísimo porque fue escalonando mis progresos. Yo también soy muy exigente conmigo, porque creo que es la única forma de mejorar. Y Abel te corre todo el tiempo, te está todo el tiempo encima, no deja que te relajes nunca y eso a mí me gusta. Siempre está cerca, te habla, te escucha, está pendiente del grupo, me imagino que es muy difícil gestionar un plantel con tantas estrellas… donde algunas no juegan y hay que dar explicaciones. En ese sentido, Abel lo lleva muy bien.
-Luis Zubeldía te puso en la Primera de Lanús.
-Cuando estaba en San Pablo nos veíamos siempre, y ahora está en Río como DT de Fluminense. Me ponen muy contento los progresos en su carrera, y más allá de ser un muy buen entrenador, Luis es una persona de primera. Se merece todo lo bueno que le va pasando. A mí me adoptó como a un hijo en Lanús, prácticamente, y yo lo adoro. Ojalá la vida nos vuelva a encontrar para trabajar juntos. Le tengo mucho respeto, y cuando nos enfrentamos, lógicamente, le quiero ganar… y él a mí. Pero el afecto está por encima de todo.
-Y Carlo Ancelotti. ¿Creen en él en Brasil?
-Al comienzo hubo división, creo que un poco de desconfianza, a muchos les costaba asimilar que un extranjero fuese el técnico de su selección. Pero ya lo han aceptado bien. Los resultados ayudaron, y se fue ganando el lugar. Pero, creo, que acá la intención de la Confederación es tenerlo hasta el Mundial y después volver a lo tradicional, a un técnico local. Pero hoy, hay que decir que Ancelotti es muy respetado y también querido acá.
La familia lo visita seguido, como los amigos de San Lorenzo que incluso se rotan para quedarse por algunos meses con él en San Pablo. Ahora está Gonzalo, chef, amigo de toda la vida. Play Station, tenis y paddle aparecen entre algunos pasatiempos, pero es sencillo encontrarlo al ‘Flaco’ en su casa. “Como paso tanto tiempo afuera entre entrenamientos, viajes, partidos y concentraciones, me gusta estar en mi lugar, soy muy casero”, se describe. Y vuelve a abrir su intimidad: “Tengo algunas cábalas, pero pocas, porque tampoco soy de darle mi energía a eso. Ya me pasó que intenté explicar derrotas porque me había atado los cordones de un modo u otro… y eso es una pérdida de tiempo, desde ahí dije ‘nunca más’ con eso”, aclara.
Sí, conserva una fidelidad por el número 42, el mismo con el que todo empezó en Lanús. “Yo siento que el número me eligió a mí… Lo llevo desde Lanús. En aquellos tiempos de pandemia los números, en general, eran muy altos… Y al principio no me gustaba nada, sentía que estaba jugando al futbol americano, pero en algún momento no sé si sentí que me daba confianza o qué, y lo empecé a llevar con más ganas y me fue muy bien en Lanús. Cuando llegué a Palmeiras me dieron el 18 y ese sí que no me gustaba para nada. No era para mí. Y cuando lo pude cambiar, me fui al 42. Es un número que me da tranquilidad, funcionó…, aunque hasta ahí vuelvo a decir, jajaja, porque no me gusta darle méritos a cosas que están fuera del esfuerzo y la dedicación. No diría que es una marca, pero la gente ya asocia conmigo al número 42”. Como las manos juntas mirando hacia adentro, con los pulgares y los índices extendidos hasta dibujar una J y una L en cada uno de sus festejos… José López. “Pero soy Flaco, para todos… Flaco. Ya está, y me gusta”, resume… José Manuel Alberto López.
La charla avanza y surge un nombre importante, probablemente el más trascedente de Palmeiras: Leila Pereira, empresaria, abogada, periodista, presidenta de Palmeiras y, según Forbes, la quinta mujer más rica de Brasil. Una dama en el fútbol. “Ella suele venir bastante al club… le gusta acercarse, dar palabras de confianza. Hay temas en los que prefiere no meterse, pero para eso hizo un trabajo espectacular: estructuró áreas y delega responsabilidades. Puso gente idónea en cada lugar para que el club crezca. Se nota que es una persona recontra inteligente con su trabajo”, analiza.
-Estuviste cerca de River y te sondeó Boca también. ¿Entre tus anotaciones ya aparece ‘volver al fútbol argentino’?
-Sí, me idea es volver el día de mañana…, volver a Lanús en algún momento, ojalá. Pero, si Dios quiere, falta un montón para eso. Nunca se sabe, ya ha sido un privilegio que clubes como Boca y River se hayan interesado en mí. Tengo muchos sueños y metas por cumplir. Creo que los próximos pasos en mi carrera me alejarán todavía más de la Argentina, pero sé que un día regresaré porque jugué poco tiempo y quiero volver a hacerlo cerca de mi familia.



