En un territorio de apenas 6,8 kilómetros cuadrados, con una sola cancha para la primera categoría del fútbol y menos de 70.000 habitantes como población, un jugador argentino encontró estabilidad. Marcos Zappacosta, arquero de 30 años formado en las divisiones inferiores de Boca, transita su quinta temporada en la Liga Nacional de Gibraltar. Vive del lado español contiguo a la frontera y cruza todos los días en auto para entrenarse. “Acá es todo muy tranquilo”, resumió, pero detrás de esa calma hay una historia de adaptación, renuncias y aprendizaje.
El punto de partida fue Mar del Plata. A los 15 años Zappacosta dejó Kimberley para sumarse al club xeneize. Entre 2012 y 2016 atravesó la pensión, la cuarta división y la reserva, y llegó a practicar con el plantel profesional en tiempos de la tercera etapa de Carlos Bianchi. Compartió ensayos con Carlos Tevez, Fernando Gago, Agustín Orion y el actual presidente, Juan Román Riquelme. “En el nivel técnico eso desarrolla para competir en cualquier equipo del mundo”, destacó.
No llegó a debutar con el escudo azul y oro en la primera, en un puesto históricamente cubierto por arqueros de experiencia y jerarquía, pero esa etapa marcó decisivamente su preparación. “Boca forma como jugador y como persona. Cuando uno se va, empieza a valorar todo lo que daba”.
Tras salir de La Boca pasó por Arsenal, club en el se estrenó en la primera división de la mano de Ricardo Caruso Lombardi, de quien recordó una graciosa anécdota. Una noche de concentración, mientras el plantel cenaba, el exfutbolista y entrenador, hoy metido en los medios de comunicación y la política, bajó al comedor vestido con un traje llamativo, de tono rosa, y anunció entre risas que se iba a cenar con Mirtha Legrand. “Era un arengador nato. Nos convencía de que íbamos a ganar el partido”, evocó.
Luego participó en el fútbol de ascenso nacional. Intentó dar un salto a Uruguay, específicamente a Rampla Juniors, pero el dinero que debían pagar por los derechos de formación frenó la transferencia. Esa frustración terminó siendo el puente hacia Europa. Con pasaporte italiano y el llamado de un director técnico argentino, aterrizó en Mons Calpe, Gibraltar, siendo todavía muy joven. “Lo veía como a una puerta de entrada a Europa”, recordó.
La realidad superó la imaginación. En Gibraltar todos los equipos juegan en el mismo estadio, el Victoria, que hoy está en proceso de ampliación para tener alrededor de 10.000 localidades. No hay estadios propios de clubes ni césped natural: el sintético domina. “Fue un impacto duro. El fútbol que yo concebía era en mi cancha, con mi gente, con pasto natural. Acá no existe eso”, explicó. La liga es semiprofesional y tiene 12 equipos y una marcada diferencia de presupuestos. Tres clubes suelen concentrar la pelea por el cetro y por las plazas en torneos continentales europeos.
Zappacosta vive en España, como la mayoría de los futbolistas extranjeros que llegan a la Liga Nacional de Gibraltar. El alquiler es más accesible y la oferta de vivienda es mayor. Desde allí maneja una hora por día, aproximadamente, hasta el peñón. La frontera, conocida como la Verja, forma parte del paisaje de su rutina. “Estamos acostumbrados a esas distancias”, dijo el arquero. El contexto político cambió tras el Brexit, pero el esquema acordado con España para ordenar la circulación facilita el tránsito para quienes tienen ciudadanía europea.
El contraste cultural aparece en el modo de vivir el fútbol. “En Argentina lo tomamos como algo identitario. Si un jugador no corre, parece que se mete con uno, con el juego colectivo del equipo. Acá es distinto. Es más individualista”, analizó. La asistencia a los partidos es baja y muchos habitantes son hinchas de clubes ingleses. La exposición mediática es mínima. “Uno juega y se va a su casa. Es retranquilo”, comentó.
En ese entorno, el rol del extranjero es central. “Vienen a hacer la diferencia, a traer profesionalismo y liderazgo”, afirmó Zappacosta. Él fue capitán en varios equipos y jugó instancias previas de Conference League en tres conjuntos de Gibraltar: Europa FC, St. Joseph’s y Bruno’s Magpies. En una de esas campañas se enfrentó con København, el club más grande de Dinamarca y un habitué de la Champions League. “Es espectacular. Así se vive lo que es un partido profesional de alto nivel: logística, cámaras, concentración”, contó. En la liga local no siempre se concentran los futbolistas; en competencia europeas, sí.
El camino incluyó regresos. Tras un primer año en Gibraltar volvió a Argentina y, más tarde, casi como si se tratara de una cuenta pendiente, logró finalmente llegar a Rampla Juniors. En 2022, antes del Mundial de Qatar, vivió uno de los partidos más impactantes de su carrera: en los octavos de final de la Copa Uruguay su equipo goleó por 3-0 a Nacional en el estadio Centenario. Aquel plantel tenía a Luis Suárez en sus filas, pero en ese partido ‘El Pistolero’ no jugó y el titular fue Emmanuel Gigliotti. “Fue tremendo. ¿Viste cuando te sale todo bien como equipo? Nos salió todo bien”, se complació.
Rampla estaba armado como para pelear a fondo por el ascenso y unos meses después protagonizó la final, que perdió contra Cerro. “El de Uruguay fue un año espectacular”, señaló el argentino, que lo destacó como el mejor de su carrera. Sin embargo, la estabilidad terminó inclinando la balanza hacia Europa nuevamente. Hoy Zappacosta prioriza la continuidad y la calidad de vida. “Si voy a empezar en cero en otro lado, prefiero quedarme acá, donde estoy bien”, advirtió desde Gibraltar.
La actividad fuera de la cancha también forma parte de su proyecto de vida. Estudió coaching deportivo y ya trabaja con jóvenes futbolistas. “Eso me faltó cuando era chico. Me ayudó a gestionar momentos de frustración, mercados de pases, y a entender que la carrera no es solo un contrato o un partido”, destacó. Y afirmó: “Si hubiera tenido esas herramientas a los 18 años, quizás habría tomado decisiones distintas”. No se proyecta como entrenador: quiere dedicarse de lleno a acompañar deportistas cuando cuelgue los guantes.
Comparte la vida en España en pareja. Ella es ingeniera química y también tiene la ciudadanía italiana. La decisión de radicarse implicó papeles, trámites y planificación. “Fue un esfuerzo grande de los dos”, detalló el futbolista. Ambos piensan el futuro en conjunto, incluso la posibilidad de regresar a Argentina si formaren una familia. Por ahora viven el presente.
El arquero extraña la convivencia típica del vestuario argentino, los viajes largos en micro y la intensidad del ascenso. También vivió momentos ásperos, como una visita de la barra brava cuando era joven. “Una sensación de impotencia..”, revivió. Los referentes asumieron el diálogo, pero él decidió quedarse. Tenía 21 años. En Gibraltar, en cambio, esa escena es impensable. El contraste resume parte de su historia: dos mundos futbolísticos de códigos opuestos.
Atajadas en la carrera de Marcos Zappacosta
Cerca del peñón, entre macacos que pueden abrir mochilas y vistas al estrecho que separa Europa de África, Zappacosta encontró algo que no abunda en el fútbol: equilibrio. “Si uno quiere estabilidad y calidad de vida, Gibraltar es un buen lugar”, aconsejó. Y mientras cruza cada mañana la frontera para entrenarse en un territorio británico reclamado por España, el arquero marplatense sigue representando, desde lejos, a la Argentina futbolera que lo formó.



