El presidente Donald Trump tomó dos medidas de emergencia para intentar normalizar el suministro mundial de petróleo, cuyo precio se ha disparado a más de 100 dólares el barril por la guerra con Irán: por un lado, alivió las restricciones y permitirá a empresas estadounidenses hacer negocios con la compañía petrolera estatal de Venezuela y, por el otro, suspendió por 60 días una ley de hace 100 años que obliga a que los productos que ingresan a EE.UU. deban ser transportados en barcos estadounidenses.
Trump busca así descomprimir la creciente presión sobre su presidencia para aliviar el drástico aumento de los precios del petróleo por la guerra que EE.UU. e Israel están librando con Irán, que se extiende por mucho más de lo que el jefe de la Casa Blanca hubiera deseado y cuyo final es aún muy incierto.
Desde que se lanzó la ofensiva, el 28 de febrero, los precios mundiales del petróleo se dispararon porque Irán paralizó el tráfico a través del estrecho de Ormuz, donde suele pasar una quinta parte del petróleo mundial desde el Golfo Pérsico hacia clientes de todo el mundo.
Durante el primer año de Trump en el poder, el precio del combustible había bajado en forma sostenida por la caída del precio internacional y el presidente se jactaba de que había sido el responsable de esa baja, que fue clave para que la inflación, afectada por la política arancelaria del republicano, no se disparara aún más.
Pero el precio del combustible en los surtidores de EE.UU. subió drásticamente, casi un 30%, desde el inicio de la guerra. A mediados de febrero costaba alrededor de 2,90 dólares el galón y ahora trepó hasta 3,70 dólares, según Energy Information Administration, el segundo mayor incremento en un mes en 30 años (el primero fue tras el huracán Katrina).
No son buenas noticias para Trump, cuando en noviembre hay elecciones legislativas y el partido republicano corre el riesgo de perder la cámara baja. Si la suba continúa, disparará la inflación y esto hará que la Reserva Federal se resista a bajar las tasas de interés.
Por eso Trump tomó dos decisiones. En primer lugar, el Tesoro emitió una amplia autorización que permite a Petróleos de Venezuela S.A, o PDVSA, vender directamente petróleo venezolano a empresas estadounidenses y en mercados globales, un cambio radical después de que Washington durante años hubiera bloqueado en gran medida las relaciones con el gobierno venezolano y su sector petrolero.
La licencia del Tesoro está diseñada para incentivar nuevas inversiones en el sector energético venezolano y busca beneficiar tanto a Estados Unidos como a Venezuela, pero también aumentar el suministro global de petróleo.
Desde la captura de Nicolás Maduro durante una operación militar de EE.UU. en enero, Trump ha dicho que Estados Unidos «gobernaría» Venezuela y vendería su petróleo.
El Tesoro ofrece un alivio específico de las sanciones, pero no las elimina por completo. Permite que empresas que existían antes del 29 de enero de 2025 compren petróleo venezolano y realicen transacciones que normalmente estarían prohibidas bajo las sanciones estadounidenses, reabriendo el comercio de un importante productor de petróleo en mercados globales.
Hay algunos límites, como que los pagos deben enviarse a una cuenta especial controlada por Estados Unidos, y que no se permiten acuerdos que involucren a Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba y algunas entidades chinas.
Por otra parte, Trump suspendió por 60 días una ley que se aplica desde hace un siglo. Se trata de la Ley Jones, diseñada en los años 20 para proteger el sector naval de EE.UU. y que establece que las mercancías enviadas entre puertos estadounidenses se trasladen en buques con bandera del país.
La Ley Jones suele ser criticada porque limita la oferta de barcos disponibles para mover petróleo y gas internamente, lo que encarece el flete.
En un posteo en X, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que “la decisión del presidente Trump de emitir una exención de la Ley Jones de 60 días es solo otro paso para mitigar las interrupciones a corto plazo en el mercado petrolero mientras el ejército estadounidense sigue cumpliendo los objetivos de la Operación Furia Épica».
Agregó que «esta acción permitirá que recursos vitales como el petróleo, el gas natural, los fertilizantes y el carbón fluyan libremente hacia los puertos estadounidenses durante sesenta días, y la Administración sigue comprometida a seguir fortaleciendo nuestras cadenas de suministro críticas.»



