Una bandera, en la que estaban dibujadas las copas internacionales y los títulos locales, bajó en la tribuna local. “La envidia del Sur”, era el título. El clásico no tuvo esa diferencia: parejo, luchado, entretenido. Hasta que en el final (a los 43 minutos del segundo tiempo), Yoshan Valois, un joven colombiano, de 21 años, resolvió con un cabezazo demoledor un duelo de guapos. ¡Su primer gol en Lanús! Más allá de las copas, Lanús se debía una recompensa semejante: hacía siete partidos que no le ganaba al Taladro en su cancha.
Y lo gritó con alma y vida, una explosión genuina frente a un adversario que suele golpearlo en el mentón. Esta vez, no. Más allá del polémico tanto anulado al uruguayo Méndez, más allá de la vergüenza deportiva de un equipo que juega con lo puesto, Lanús lo mira desde arriba. Se acomodó en la clasificación rumbo a los playoffs, juega la Copa Libertadores y hundió al rival de toda su vida.
La primera mitad fue entretenida, con una polémica mayúscula. Dos tiros de Watson, dos zurdazos, de Mauro Méndez y de David Zalazar se impusieron en la escena entre dos equipos contrapuestos. Lanús suele atacar con pases y destrezas, Banfield se siente cómodo con avances esporádicos y punzantes.
Hasta que en el final del primer tiempo se produjo la gran controversia de la noche. Pase al vacío de Tiziano Perrotta, un pibe de 19 años, definición de zurda (de crack) de Méndez, el uruguayo, el más peligroso, escurridizo y, sobre todo, optimista: juega en un equipo que ataca poco.
El hombro (imperceptible, más allá del trazado de líneas, porque los pies de José Canale parecían estar en la misma línea) estaba unos milímetros adelantado. “¡Es gol!”, gritaba Pero Troglio. Sin embargo, estaba en offside, según la revisión del VAR, que se tomó unos cuatro minutos para la decisión.
Banfield siguió jugando más y mejor, más allá de la línea de cinco defensores. El Taladro tiene poco, casi nada. De todos modos, se las rebusca para salir adelante, lejos del grupo de los ocho, a una distancia sideral de las copas internacionales.
Sin Rodrigo Castillo, en Fluminense, ni Marcelino Moreno, lesionado desde el 26 de febrero, cuando el Granate le ganó a Flamengo en el Maracaná y se consagró campeón de la Recopa Sudamericana, es muy difícil recapturar el ingenio en los metros finales. Lanús tuvo la pelota, el dominio global, pero no sostuvo el prolijo dominio en peligro.
El regreso del número 10 fue a los 10 minutos de la segunda parte. También entró Yoshan Valois, un colombiano de 21 años, que juega de número 9. Por eso, Carrera bajó unos metros, a su puesto natural. Incómodo, hizo lo que pudo en los últimos encuentros como extraña referencia de área.
El espectáculo siguió siendo interesante: Banfield nunca se sintió menos. Y Lanús, con Salvio que pasó del carril izquierdo al derecho, se sintió un poco mejor. Sin embargo, estaba la sensación latente de que el Taladro era más peligroso.
Hasta que a los 43 minutos del segundo tiempo, dos de los que ingresaron (otra demostración de la categoría de Mauricio Pellegrino, que hasta discutió con un plateísta), sellaron la inesperada victoria de Lanús. Centro de Lucas Besozzi (con la camiseta número 77, toda una curiosidad), un cabezazo demoledor de Valois, el colombiano, un joven, de 1,88m.
Y se armó la fiesta inolvidable cuando nadie lo esperaba, uno de esos triunfos que viajan derechito a la historia grande.




