Faltaban ocho minutos. Atlético de Madrid perdía por 2 a 1 con Real Sociedad, por la final de la Copa del Rey, en Sevilla. No podía el equipo colchonero, que conduce Diego Simeone, porque su corajudo rival se defendía con un entusiasmo mayúsculo. Como debe ser en una final.
De pronto, Julián Alvarez, un fuera de serie, el crack de la sonrisa, capturó un balón fuera del área. Lo acomodó de taco, creó un amago imperceptible (solo los genios toman nota) y le pegó de zurda, al ángulo de Unai Marrero. Y el Aleti, el viejo y querido Aleti, alcanzó el empate cerca del final y le dio suspenso a la finalísima. Fueron al alargue.
Al final, en la definición por penales, la Real Sociedad se consagró campeón de la Copa del Rey, al superar por 4 a 3 sobre el conjunto de los argentinos, que se quedaron con las manos vacías. Uno de los penales fue fallado justamente por Julián: Marrero, el héroe de la consagración, le adivinó el remate, el segundo del Atlético.
En el equipo de Madrid, Juan Musso (atajó un penal en la definición) tuvo una deslucida tarea en el primer tiempo, de hecho provocó un penal, el del 2-1 de la Real Sociedad. Nahuel Molina y Giuliano Simeone fueron titulares, pero luego les dejaron sus lugares a Baena y Cardoso. En el tramo final de la segunda etapa, entraron otros jugadores de selección: Thiago Almada y Nicolás González. Ambos convirtieron sus remates en la tanda decisiva, pero el Aleti falló dos: no solo el de Julián; primero, fue Alexander Sorloth.
Más allá del dolor, Julián Alvarez es un fuera de serie. No hay con qué darle. Durante el encuentro, a los 9 minutos del primer tiempo suplementario, casi resuelve la final él solo. Recibió en el vértice del área, apuntó y disparó: la pelota chocó contra el ángulo. A esa altura, el cordobés, con espacios y víctima de faltas cerca del área, era una figura imposible para los defensores vascos.
Semanas atrás, le convirtió un golazo de tiro libre a Barcelona, en el Camp Nou y por la Champions League. Nada menos.
Más allá de Alvarez, la gloria es de la Real Sociedad. El equipo vasco siempre estuvo en partido y supo mutar durante el encuentro. Se puso 1-0, luego 2-1 y aguantó los embates de Atlético en el alargue. Unai Marrero quedó retratado en lo mejor de la batalla. El dolor interminable queda para Diego Simeone, para los campeones del mundo, para los argentinos que se quedaron en la puerta del festín.




