El Vaticano hizo una advertencia final a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), una congregación católica tradicionalista conocida como los «lefebvrianos», de que la ordenación de nuevos obispos que ha anunciado para el 1 de julio los llevará a un «acto cismático» y a la consiguiente excomunión de los culpables.
El prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Fernández, señaló que la congregación «no tiene el mandato pontificio» y su gesto supone «una gran ofensa a Dios».
El comunicado es un último intento por impedir la consagración del 1 de julio, como anunció la Fraternidad, de cuatro nuevos obispos.
Se trata del desafío más grande hasta hoy del Papa León XIV, que cumplió la semana pasada su primer año desde que fue elegido pontífice.
Una de las primeras decisiones de Robert Francis Prevost como 267mo. pontífice de la Iglesia fue permitir que un grupo tradicionalista encabezado por el cardenal norteamericano Raymond Burke fuera autorizado a celebrar una misa en latín en la basílica de San Pedro, ceremonia que había prohibido su predecesor, el Papa argentino Francisco.
Esta concesión no fue suficiente para los «lefebvrianos». En un encuentro negociador de su superior, el reverendo Davide Pagliarani, con el cardenal Fernández, titular del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, dijo que se veían obligados a nombrar nuevos obispos porque los dos únicos existentes en la comunidad «están viejos», mientras que la comunidad ha seguido creciendo.
Ya en 1988, la comunidad fundada en Ecône, Suiza, en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre, en oposición a las reformas renovadoras del Concilio Vaticano II de 1960 —que llevó a la celebración de la misa en las lenguas de cada país en lugar del latín—, ordenó a cuatro obispos sin el consentimiento papal.
El Vaticano excomulgó a Lefebvre y a los cuatro obispos. El grupo desde entonces carece de un estatus legal en la Iglesia católica.
La Fraternidad lefebvriana creció notablemente en las décadas siguientes y se ha expandido en el mundo, lo que supone una amenaza para la Iglesia de Roma. Hoy cuenta con dos obispos, 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 143 hermanos religiosos, 88 oblatas y 250 religiosas, que representan a 50 nacionalidades.
Si el 1 de julio se concreta la consagración de cuatro nuevos obispos por parte de la Fraternidad, en abierta rebelión al Papa, se producirá la primera crisis de su pontificado por las inevitables medidas de excomunión que seguirán. El Papa no puede tolerar el desafío a su autoridad.



