Sin Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos. Aunque con figuras del espectáculo, un show de música, color y fútbol de alto voltaje, el equipo norteamericano se impuso sin sobresaltos por 4 a 1 sobre Paraguay, en un repleto SoFi Stadium, en Los Angeles. Lo liquidó en un tiempo: Mauricio Pochettino le dio una lección táctica a Gustavo Alfaro, que sólo había perdido un partido.
Durante el primer capítulo del encuentro, Estados Unidos creó un festín. Bajo el aura de Christian Pulisic, el equipo local fue incontenible para Paraguay, extrañamente endeble más allá del habitual cerrojo que suele imponer Gustavo Alfaro. No funcionaron las dos líneas de cuatro guerreros.
Verdaderamente, el equipo que conduce Mauricio Pochettino hizo lo que quiso. Se divirtió sobre el césped, al mismo tiempo de que la gente se entretenía con el espectáculo global. Le hizo cuatro goles en los primeros 45, aunque le cobraron tres.
Damián Bobadilla, en contra y Folarin Balogun, que definió una jugada de salón, establecieron el rápido 2-0; un rato antes, el mismo delantero había convertido, anulado tardíamente por una posición adelantada en el comienzo de la jugada.
Orlando Gill, el arquero de San Lorenzo, estaba en otra sintonía. Y “nuestros” conocidos Júnior Alonso, Omar Alderete, Gustavo Gómez, Andrés Cubas y Miguel Almirón, entre otros, estaban desorientados.
Si Pulisic, el Capitán América, corría por el sector izquierdo, Weston McKennie avanzaba por el lado derecho. En todos los ámbitos era un festín: en el cierre del primer capítulo, Balogun (¡otra vez!) marcó el 3-0, un zurdazo al ángulo. Dejó a Alderete en el camino y a Gómez, desparramado. Una auténtica locura, la mejor obra del Mundial.
Durante el tramo final, en el que el conjunto norteamericano bajó la intensidad, se dio una situación curiosa. Danny Makkelie (Países Bajos), el árbitro, amonestó a Tim Ream, el mariscal local, de 38 años, por una infracción sobre Miguel Almirón. Sin embargo, el VAR llamó el juez: no lo había tocado. Tanto es así, que la amarilla cambió de bando: vio la tarjeta el crack (de bajo vuelo) de Atlanta United, por simulación.
Descontó Paraguay, con un zurdazo cruzado de Mauricio Magalhaes. Pero no tuvo tiempo para una reacción final.
El presidente Donald Trump fue protagonista, aunque apenas 24 horas antes. En un video compartido en las redes sociales, a Mauricio Pochettino se lo ve sosteniendo el teléfono en modo altavoz ante los jugadores. “Sólo llamaba para decir que sos un tipo fantástico, un entrenador fantástico (…) y sé lo grandes que son los jugadores. Creo que tienen una muy buena posibilidad de llegar hasta el final”, advirtió Donald Trump, en esa llamada. “Sólo quiero desearles mucha suerte”, añadió. “Muchísimas gracias por su apoyo, señor presidente”, respondió el entrenador argentino.
Estados Unidos y Paraguay fue el primer partido del Mundial que se celebró en suelo estadounidense, válido por el Grupo D. Como estaba previsto, Trump no asistió al partido, aunque planea asistir al Mundial de alguna forma. Gianni Infantino, el presidente de la FIFA, espera que Trump entregue el trofeo al equipo ganador de la final, el 19 de julio en el MetLife Stadium, en East Rutherford, Nueva Jersey.
En su lugar, Trump envió a Marco Rubio, el secretario de Estado. Interrogado recientemente por los precios de las entradas, considerados prohibitivos por muchos aficionados, Trump aseguró que no pagaría los más de 1000 dólares previstos para una buena ubicación para el primer partido de la selección estadounidense.
Aunque el Mundial de 1994, organizado por Estados Unidos, fue un éxito popular, los estadounidenses no parecen especialmente enganchados en las calles con el torneo de 2026. No sólo ocurrió en Los Angeles: se nota en otras ciudades, como en Nueva York, donde las camisetas de los Knicks -el equipo de básquetbol de la ciudad que pelea por su primer título de la NBA desde 1973- son mucho más frecuentes que las de fútbol.
Antes del fútbol, el show. “Bienvenidos a Estados Unidos”, anunció una voz en off atronadora mientras un primer plano del famoso letrero de Hollywood aparecía en las pantallas gigantes del SoFi Stadium, rebautizado temporalmente como Estadio de Los Ángeles.
Una banda comenzó a tocar antes de que se le unieran artistas como Future, Tyla, Anitta y la estrella del K-pop Lisa. Los trajes y la escenografía evocaron el arte callejero de Los Ángeles y las industrias creativas de la ciudad.
El actor Jason Sudeikis y la cantante Katy Perry, después, le dieron el broche dorado a una ceremonia austera, aunque con más brillo que las exhibidas en México DF y Toronto.
Celebridades como Leonardo Di Caprio, Tom Cruise, David Beckham, Halle Berry, Rob Lowe, Owen Wilson, Bill Gates, George Lucas, Paris Hilton, Anya Taylor-Joy (con la camiseta argentina) y Kareem Abdul-Jabbar, una leyenda del básquetbol, observaron atentamente a los artistas, que bailaron alrededor de una réplica gigante del trofeo de la Copa del Mundo situada en el centro del campo. Más tarde, quedaron atrapados por el fútbol.
Del techo del futurista estadio, con capacidad para 70.492 espectadores (parecían muchos más), colgaban enormes letras que formaban la palabra FIFA, en el color dorado preferido por el presidente estadounidense, que lo siguió por TV.
Los aficionados estadounidenses, muchos de ellos disfrazados de Tío Sam, la Estatua de la Libertad o águilas calvas, abuchearon con entusiasmo a los jugadores paraguayos durante el partido. Más tarde, se inclinaron ante las destrezas del conjunto local, que bajó la guardia en el segundo capítulo, sin Pulisic. En el cierre, Giovanni Reyna, en modo tres dedos, selló la goleada. ¡Qué bien qué juega Estados Unidos!
Paraguay quedó en shock: volvió al Mundial luego de 16 años y solo había perdido un partido (1-0 con Brasil, como visitante) hasta esta noche. A Alfaro se le quemaron los papeles.




