Mientras la Argentina hace planes para terminar en el primer puesto, todavía es brumoso el panorama sobre quién podría ser el segundo en el grupo del que saldría el rival en los 16avos de final. Los pronósticos y perspectivas deben ser reconsiderados a partir de otro empate inesperado de Uruguay, el segundo consecutivo, este domingo ante un Cabo Verde que sigue dando la cara ante los más pintados, como ya lo había hecho contra España.
La selección de Marcelo Bielsa se jugará su futuro en el Mundial el viernes próximo frente a España. Lo hará ante uno de los favoritos al título sin los seis puntos que seguramente había presupuestado para las dos primeras fechas. Una derrota lo devolverá prematuramente a Montevideo. Todo esto lo sigue con atención la Argentina, que mientras debe cumplir con su parte para asegurar la clasificación, ya sabe que el primer adversario de los play-off no necesariamente surgirá de España o Uruguay.
No despega Uruguay, se le está haciendo tortuoso el Mundial, en resultados y rendimientos. Al paso en falso ante Arabia Saudita le siguió este tembleque contra Cabo Verde. No consigue redondear una producción convincente, sin baches ni apagones. Regaló el 1-0 para Cabo Verde, en un tiro libre de más de 30 metros que pasó entre Araújo y Viñas, los únicos dos integrantes de una barrera que se abrió en canal por el medio. La reacción de Muslera para arrojarse tampoco fue la más inmediata.
El arquero de Estudiantes (40 años), que recién este año apareció en el ciclo de Bielsa, cometería un error más grave en el segundo gol africano con una salida precipitada tras un pase corto hacia adentro de Olivera. Uruguay se complica solo y tiende a la autodestrucción. “Lo determinante para el resultado fue ceder el protagonismo; lo conveniente hubiese sido mantener la presión sobre el rival”, fue la primera reflexión de Bielsa, apenas terminado el partido.
Iban veinte minutos y, al igual que en el debut, el partido se le ponía cuesta arriba a Uruguay. Como ante Arabia Saudita, Uruguay sufrió más de lo que jugó en el primer tiempo. Bielsa le dio la titularidad a dos de los ingresados que habían mejorado la imagen del equipo en el debut: Sanabria (por Viña) y Canobbio (por el inexpresivo Núñez). La diferencia estuvo en que su producción agitada, muchas veces pasada de revoluciones e imprecisa, le alcanzó en esos primeros 45 minutos para ir tumbando la resistencia caboverdiana. Esos dos goles en seis minutos, entre los 43 y los 49, lo mostraron en su faceta más recurrente: centro desde los costados a cargar por la vía aérea. Uruguay puso la pelota más por arriba que a ras del piso. No fue un recurso, sino su método habitual.
Convertida en la gran sorpresa de la primera fecha con el pulcro sistema defensivo que le sirvió para empatarle 0-0 a España, la debutante Cabo Verde se plantó con confianza, compacta en su esquema 4-5-1, y con cambio de ritmo para pasar al ataque apenas recuperaba la pelota. Varios de sus futbolistas dejaron de ser desconocidos tras la igualdad contra el campeón de Europa. Los elogios que habían merecido por lo hecho en la cancha se combinaron con historias de vida peculiares, como la del arquero Vozinha. A los 40 años, no había podido cumplirle el sueño de llevar a su madre a los Estados Unidos por el canon de 15.000 dólares que Estados Unidos les impone a los caboverdianos para el visado. Bolsillos generosos y la intermediación de la FIFA posibilitaron que la madre del guardavalla estuviera este domingo en la platea del Hard Rock Stadium de Miami, siguiendo al hijo que en unas horas había pasado de unos pocos miles de seguidores en X a más de dos millones.
A Uruguay le cuesta encontrar el punto intermedio entre la intensidad y la precipitación. De rápido a atropellado hay una diferencia sustancial. Valverde apareció volcado sobre la izquierda, con Ugarte en el eje y Bentancur recostado sobre la derecha. Pero Uruguay no se apoya en la elaboración del juego y en la cadena de pases. Quiere llegar cuanto antes al área rival, sea con centros o remates desde media distancia, con Valverde como principal francotirador. Las ocasiones que puede generar la Celeste responden más a las embestidas que a combinaciones precisas. Quizá De Arrascaeta, que se recupera de un desgarro, podría poner algo de claridad y panorama entre tanto avance precipitado.
Cabo Verde tenía menos la pelota, pero era peligroso cuando encontraba espacios para el contraataque. Uruguay no cubría bien los metros que había entre su línea defensiva y los volantes. Los africanos cuentan con jugadores atrevidos y de técnica más que respetable. Provocaron foules de un Uruguay que también iba al bulto a la hora de recuperar la pelota. Así llegó el 1-0, tras una falta a casi 30 metros del arco. No le sobra nada a Uruguay como para encima permitirse fallas que lo condicionan aún más.
No fue poca cosa que en medio de su vorágine Uruguay rescatara dos goles en seis minutos para dar vuelta la historia antes del final del primer período. La receta fue con centros. Uno de Valverde, que López Cabral, en su intento de despejar cabeceó hacia un poste; Maxi Araújo, como ante Arabia, tuvo el olfato del rebotero para poner el 1-1. Enseguida llegó el 2-1, de Canobbio, tras un centro de Ugarte que Araújo, cómo no, bajó de cabeza.
Uruguay no supo defenderse con la pelota, la puso en disputa continuamente. La falla garrafal entre Olivera y Muslera lo devolvió al escenario de las dudas y las urgencias. Las entradas de Darwin Núñez y De la Cruz le dieron más agresividad ofensiva. Estuvo cerca del gol en un par de ocasiones de Valverde y una de Canobbio. No hubo caso, el Mundial es un estrés constante para Uruguay.




