Ecuador tiene su generación dorada. Es un auténtico conjunto de estrellas, de lo mejor de su historia, de envidia en esta parte del mundo. Argentina, desde ya, juega en otra liga, pero hay que contemplar sus nombres para establecer la dimensión del dato. Ecuador lo tiene todo y además consiguió este jueves una victoria histórica ante Alemania por 2-1 que lo clasificó a los 16avos de final del Mundial. Sebastián Beccacece, entrenador argentino, estaba mirado de reojo por la mayoría de los hinchas ecuatorianos, pero metió un pleno que desató un festejo loco, de esos que nunca se olvidan.
Piero Hincapié defiende en Arsenal, el campeón de la Premier League, subcampeón de la Champions. Willian Pacho es un indispensable de PSG, el mejor club del mundo. Nilson Angulo (la rompió toda) se destaca en Sunderland. Moisés Caicedo es el pac man de Chelsea, el compañero ideal de Enzo Fernández.
La mayoría de los titulares juegan en Europa y son imprescindibles en esta parte del mundo, como Gonzalo Plata, en Flamengo. El héroe, en definitiva, el autor del 2-1. Los suplentes juegan en la misma sintonía. Pervis Estupiñán se sostiene en Milan. Y tantos otros. Al DT argentino lo espiaban con recelo. Faltaban 12 minutos y se despedía del Mundial. Había perdido con Costa de Marfil sin merecerlo, chocó de frente con el arquero de Curazao, al que le generó 16 chaces de gol pero no pudo vencer. Debió haber goleado. “Tenemos una vida más”, les había gritado en el círculo central a modo de arenga para lo que vendría, mientras caían los silbidos luego del decepcionante empate sin goles con el conjunto sudafricano.
Hasta que un toque al gol de Gonzalo Plata en la cara de Manuel Neuer tras un córner enviado desde la derecha al primer palo que fue peinado por Rodríguez transformó el fracaso en una actuación heroica. Porque estaba eliminado, Ecuador. Jugaba con Alemania, uno de los más grandes, más allá de que sus tres líneas tambalean, y había empezado perdiendo, casi desde los vestuarios.
El entrenador argentino estaba armando las valijas. Ahora, se queda con un sabor a grandeza extraordinario. ¡Viva el fútbol! El triunfo por 2 a 1 sobre el gigante germano (¿el mejor de su historia?) lo transportó a los 16avos de final. Fue un espectáculo de gala (uno más de un Mundial sensacional), en Nueva Jersey frente a 80.000 personas, en el cierre del Grupo E.
Cuando acaba la faena, el conductor argentino saludó a su familia, se hizo cómplice del cuerpo técnico. Lágrimas de felicidad, como solo el fútbol puede ofrecer. Ecuador lo hizo todo. Jugó con coraje, ambición, Caicedo se devoró el mediocampo, la defensa fue rocosa y allá arriba, Angulo jugó como en un potrero de Guayaquil. Y algo más: lo salvaron las manos mágicas de Hernán Galíndez, cuando fue necesario.
En el otro partido, Costa de Marfil se impuso por 2 a 0 sobre Curazao y terminó en el segundo lugar. El equipo sudamericano quedó tercero. “Si no es posible, como dije, soy el responsable y me tendré que ir de un lugar que quiero mucho. Si me tengo que morir va a ser morir de pie, no voy a vivir nunca de rodillas”, había advertido Beccacece, que no entró en el corazón de los hinchas. ¿Y ahora?
“Cambiar no debo cambiar demasiado, tengo que fortalecer, insistir en una idea que nos trajo hasta acá“, había dicho. Valió la pena: el equipo dio la vida por la causa. Ecuador atacó, insistió, se adueñó del partido frente al gigante… que ganaba desde los dos minutos. El mérito es triple.
El encuentro fue parejo, entretenido, frenético: una muestra de lo mejor de un Mundial que se juega a toda orquesta. Dos goles se presentaron en el primer tramo. Leroy Sané, de zurda, contra un palo, abrió el marcador; Ecuador reclamó una falta previa sobre Vita, en un sombrero de Pavlovic que rozó la cabeza con sus botines.
Al rato, Nilson Angulo, un proyecto de crack con pequeñas dosis del viejo Neymar, estblaeció un bombazo contra un palo. Pareció una tardía reacción de Manuel Neuer y una defensa pesada, falta de tiempo y distancia. Todo un síntoma para tener en cuenta en lo que vendrá: Alemania marca despreocupado.
Con el libreto del entrenador argentino, Ecuador capturó el balón y se mandó. Hacia adelante, siempre. Alemania se sintió un poco sorprendido, incómodo, pero casi nunca le hizo cosquillas. Pero estaba vivo. Un equipo tan audaz como poco ofensivo.
Lo salvó el VAR ante una errónea decisión de Tori Penso, la jueza de Estados Unidos, que había cobrado penal por una inexistente falta sobre Kai Havertz, pero antes, en el arranque de la jugada, hubo una evidente infracción sobre Pedro Vite.
Julian Nagelsmann, el entrenador de Alemania, ya había sacado a algunas de sus figuras. No estaban Aleksandar Pavlović, Felix Nmecha, Florian Wirtz y Kai Havertz. Sin embargo, los suplentes son de excelencia. El seleccionado sudamericano le cortó una racha de 11 triunfos en serie.
Impresionante.
“Histórico”, replican los medios ecuatorianos, que tampoco lo pueden creer. Habían sido exageradamente críticos con el entrenador argentino, más allá de la generación de estrellas que tenía enfrente de sus ojos. Ecuador le dio un mensaje al mundo… y Alemania debe analizarlo todo. De pronto, se perdió en su propia habitación. Quedó encerrado.
“¡Si se puede, sí se puede!“. Los hinchas ecuatorianos se despiden entre lágrimas. Se abrazan, se pellizcan. El fútbol es una caja de sorpresas. Ecuador sigue en carrera en el Mundial: acaba de consumar su obra maestra.


