ATLANTA (Enviado especial).- Hermanos. Así llaman Cristian Romero y Lisandro Martínez en la intimidad de la concentración argentina. Y también la manera en la que se entienden, se cubren y se respaldan en la cancha: como si hubieran crecido juntos. No es casualidad. La historia de la dupla de centrales de Argentina empezó mucho antes de que compartieran la zaga de la selección. Cuti y Licha, autores de dos goles decisivos en la clasificación del equipo a los octavos de final del Mundial, se conocen desde muy chicos, desde que tenían apenas 18 años. Los dos nacieron en 1998, en la previa del Mundial de Francia, en el que jugaban, por ejemplo, los papás de Giuliano Simeone y Nicolás Paz. Además de enfrentarse en inferiores, uno en Belgrano y el otro en Newell’s, coincidieron en las selecciones juveniles, donde nació una amistad que hoy va mucho más allá del fútbol.
En un momento de dudas para Argentina, y después de varios meses de inactividad por lesión -Cuti por un esguince de rodilla y Lisandro por una rotura de ligamentos-, los dos reaparecieron en el Mundial para sostener al equipo cuando más lo necesitaba. Ahora buscarán dar otro paso cuando la selección enfrente este martes a Egipto, en el Mercedes-Benz Stadium, donde les espera una prueba difícil: contener a Mohamed Salah, la gran figura del rival y un viejo conocido de ambos por los cruces, muchas veces picantes, que protagonizaron en la Premier League.
Donde está uno, está el otro. Y si uno falta, el otro le cuida la espalda. Así funcionan cuando juegan y también en la convivencia diaria. Ante Cabo Verde, Lisandro marcó el 2-1 parcial y Romero el 3-2 definitivo en el tiempo suplementario para sacar adelante un partido que se había complicado mucho más de lo previsto, meter a Argentina en una nueva instancia y acercarlos a otro logro con la selección.
La relación también se sostiene a partir de rituales que, para ellos, son tan importantes como un cruce o un anticipo y no pueden faltar en la previa de ningún partido. Antes del saque inicial frente a los africanos, incluso, Cuti llamó de urgencia a un utilero para que volviera al vestuario a buscar el agua bendita con la que él y Licha se persignan y se rocían antes de salir a jugar. Un gesto simple que refleja una costumbre de este plantel: creer. En Qatar, además, Licha y Cuti incorporaron otro ritual que todavía mantienen junto a Nahuel Molina: encender un palo santo. La cábala nació después de la derrota frente a Arabia Saudita, la última caída de Argentina en los Mundiales, y volvió a hacerse viral en la llegada del plantel a Miami, cuando durante un control en el aeropuerto le detectaron a Romero un encendedor dentro del equipaje de mano, lo que provocó una carcajada de Messi.
Pero cuando empieza el partido, todo eso queda de lado. Ahí aparecen el compromiso, la concentración y el sacrificio. “A veces no se juega todo lo bien todos los partidos. Sería lindo, pero cuando no tenemos el mejor día, tenemos mucho corazón, mucha entrega. Este equipo no se va a rendir y el próximo partido también va a ser durísimo”, dijo Cuti Romero después del sufrido triunfo ante Cabo Verde, un partido que expuso la peor versión futbolística de Argentina en lo que va del Mundial, pero que también dejó en claro que al campeón del mundo no lo van a derribar tan fácilmente. “La resiliencia del equipo, nunca abandonar, nunca bajar los brazos y luchar hasta el final, es lo que nos mantiene firmes. En los mata-mata nunca hay que confiarse. Estoy muy orgulloso de este equipo, que no se da nunca por vencido. Hay una energía hermosa en el grupo y estamos preparados para todo. Está bueno que pasen estas cosas, sufrir y ponernos a prueba”, agregó Lisandro Martínez.
El vínculo entre Romero y Martínez empezó en la Sub 20. Primero coincidieron en un selectivo y después integraron el plantel que disputó el Sudamericano de 2017 de Ecuador. Compartieron la cancha en tres partidos y la selección, dirigida por Claudio Ubeda, logró la clasificación para el Mundial. En el torneo disputado en Corea del Sur, Cuti fue titular y a Lisandro no le tocó jugar, aunque eso no impidió que la amistad siguiera creciendo. Con el tiempo terminaron siendo campeones de todo con la selección y se consolidaron como la pareja de centrales elegida por Lionel Scaloni para la Copa América 2024, en la que Argentina obtuvo su último título, y también para este Mundial, en el que el entrenador volvió a apostar por ellos y dejó al margen a un referente como Nicolás Otamendi. Los números también explican esa confianza: Romero y Lisandro, los dos zagueros argentinos mejor cotizados del fútbol europeo, jugaron juntos 14 partidos en la selección mayor, con un saldo de diez triunfos, tres empates y apenas una derrota, frente a Colombia, en Barranquilla, aunque aquella tarde Lisandro Martínez actuó como lateral izquierdo.
Como en la cancha, en la habitación también hay reglas que se cumplen a rajatabla. Está prohibido usar el celular y el control remoto solo se prende para ver algún partido. Aunque los dos viven en Inglaterra -uno en Londres y el otro en Manchester-, suelen verse poco fuera de las convocatorias a la selección, donde comparten entrenamientos, concentraciones y habitación. Ahora esa sociedad también podría trasladarse a la Premier League: Manchester United es uno de los clubes interesados en incorporar a Romero para que vuelva a jugar junto a Lisandro, esta vez con la camiseta de los Diablos Rojos.
La próxima prueba será una de las más exigentes del Mundial: Mohamed Salah. Romero lo enfrentó con las camisetas de Atalanta y Tottenham. El balance fue de dos victorias, un empate y dos derrotas, con dos goles del egipcio. Lisandro también lo conoce bien. Se cruzó con él en Ajax, por la Champions League 2020/21, y después volvió a enfrentarlo varias veces en Manchester United. El historial marca un triunfo, un empate y tres derrotas, entre ellas el histórico 0-7 de la Premier 2022/23, en el que Salah anotó dos goles; el 3-0 de Liverpool en la temporada 2024/25, con otro tanto del delantero; y el 2-2 de la revancha, en el que ambos terminaron festejando.
Frente a los Faraones habrá otro partido aparte para Romero y Lisandro. Tendrán enfrente a Salah, el primer atacante de renombre que enfrentará la selección en este Mundial. Después de tantos cruces en Inglaterra, ya saben lo complejo que es marcarlo. Como tantas otras veces, uno estará al lado del otro. Y otra vez intentarán hacer lo que mejor saben: cuidarse entre ellos para cuidar a Argentina.


