Otra vez la guerra entre Estados Unidos e Irán demostró cómo pinta mal el conflicto bélico que había sido al parecer controlado con la firma de un acuerdo de negociación en junio pasado, mientras el presidente norteamericano Donald Trump, tras cubrir de amenazas a sus socios en la OTAN, la alianza militar occidental, reunidos en Turquía, los elogió exageradamente en el discurso final.
En pocas palabras, la del miércoles fue una jornada que reveló como se sigue debilitando en los hechos la paz mundial.
Trump estaba nervioso y lo demostró al borde del ridículo: al despedirse mencionó en la reunión de Ankara a los países aliados y citó “al estado islámico de Japón”, entre las risas contenidas y las caras asombradas de los socios de la OTAN.
No fue auspicioso que en la misma jornada en la que Trump ordenó los nuevos ataques contra Irán, EE.UU. y sus aliados europeos hayan debido concertar un documento final que revive la gran alianza occidental, que se firmó tras la Segunda Guerra Mundial y dura hasta ahora.
En el fondo se mantuvieron los equilibrios como están. Los europeos mostraron su buena fe firmando un acuerdo de 1.300 millones de dólares con Estados Unidos, que necesita demostrar que más allá de las proclamaciones cuentan los negocios, en particular en la compra de armas estadounidenses.
Trump se presentó con la lista de aliados europeos que no lo ayudaron en la guerra contra Irán: Italia, Francia, Alemania y Gran Bretaña la encabezaban.
En la conferencia de prensa posterior el jefe de la Casa Blanca explicó que en la sesión final “se podía respirar amor y respeto por nuestro país”. “No quiero indicar a mi mismo, pero decían ‘te amamos, te queremos bien”. Sobre la guerra con Irán dijo que “Italia fue buena y también los otros países. España ha sido pésima. Han pasado un feo momento. No nos han ayudado. No teníamos necesidad de ayuda. Ha sido una reunificación extraordinaria”.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ex jefe del gobierno holandés, íntimo de Trump, fue mucho más duro. ¿Italia? “Hizo muy mal al negar el uso de bases militares». ¿España? “Un caso sin esperanza, pésimo aliado, hostil, no quiero tener relaciones con ellos”.
«En el tema más áspero los países más reticentes se están moviendo”, dijo Trump. “Han subido al 2% de su PBI para pagar los gastos militares”.
Rutte ilustró acuerdos con las industrias militares y evocó negocios por 50 mil millones de dólares.
Trump enumeró tres grandes industrias estadounidenses que recibirán los contratos de armamento europeo: Lockeed Martin, Raytheon y Boeing.
El choque de los últimos dos meses entre Tump y la primera ministra italiana Giorgia Meloni: han litigado fuerte. El presidente norteamericano dijo que Meloni le rogó que se sacaran una foto juntos y ella respondió que esa era “una mentira”.
“No me arrepiento de lo que hice”, dijo Meloni en su conferencia de prensa final en Ankara. “Mi estrategia se basa en el interés nacional italiano y europeo, en el reforzamiento de la unidad occidental”.
Pero el hielo y la desconfianza continúan. La jefa de gobierno de Italia rechaza que la montaña de dinero para el armamento vaya solo a EE.UU. “Si invertimos en nuestra defensa ese dinero debe quedar en Italia, en nuestras fábricas y nuestra investigación”.
El reclamo de una montaña de dinero para cubrir los prometidos aumentos en los gastos de defensa significa también quitar enormes sumas destinadas a aliviar los dramas sociales que crecen en Italia.
El año que viene habrá elecciones y el tema representa la diferencia entre ganar y perder el consenso popular.
Meloni aclaró que no es cierto que haya un inminente desempeño militar norteamericano en Italia.
Lo que se rompió con el amigo Donald sigue creando problemas. Si la guerra reiniciada con Irán se profundiza y Meloni vuelve a enfrentar a Trump, el gran frío entre ambos, que no se hablan (la líder italiana no agradeció su liderazgo al presidente de Estados Unidos, como hicieron otros) puede determinar un nuevo encontronazo, más grave.
El diplomático Marco Rubio medió entre los dos. Trump, en su discurso, concedió una caricia: “Italia ha sido brava, tuvo solo un ‘brutto’ momento”. Pero los italianos no se fían.


