Alex Michelsen no pudo contener las lágrimas. Habían pasado 4 horas y 38 minutos desde el comienzo de una batalla que tuvo prácticamente en sus manos y, cuando todo terminó, la tensión acumulada se transformó en llanto y dolor. Del otro lado de la red estaba Frances Tiafoe, el hombre que acababa de arrebatarle la posibilidad de disputar por primera vez una semifinal del US Open. Sin embargo, antes de disfrutar de su propia hazaña, el vencedor se acercó, abrazó a su compatriota y trató de consolarlo.
La escena fue tan emotiva como el partido. Michelsen, de 22 años, permaneció unos segundos aferrado a Tiafoe. Había motivos para semejante desahogo: estuvo dos sets arriba, llegó a sacar para ganar el encuentro y, más tarde, consiguió una ventaja de 3-0 en el quinto. Estuvo muy cerca. Pero Tiafoe se mantuvo a flote una y otra vez hasta imponerse por 5-7, 3-6, 7-5, 6-3 y 7-6 (10-6) y clasificarse por tercera vez a las semifinales del Grand Slam que se disputa en Nueva York.
El desenlace fue demasiado cruel para Michelsen. En el tercer set tuvo una de esas oportunidades que pueden perseguir a un tenista durante mucho tiempo. Con ventaja de 5-4, tomó la pelota para sacar por el partido. El estadounidense estaba a cuatro puntos de la victoria más importante de su carrera, pero comenzó el game con dos dobles faltas consecutivas. Tiafoe encontró allí una puerta que hasta ese momento parecía cerrada, recuperó el quiebre y terminó llevándose el parcial por 7-5.
El partido había cambiado de dueño. Tiafoe ganó el cuarto por 6-3 y llevó todo a un quinto set que todavía tendría otra vuelta de tuerca. Michelsen volvió a reaccionar y se adelantó 3-0. Otra vez parecía estar más cerca. Sin embargo, otra vez su compatriota encontró la manera de regresar.
La definición llegó en el súper tie-break. Después de casi cinco horas de desgaste físico y emocional, Tiafoe consiguió tres match points con el marcador 9-6. En el primero terminó la historia con un derechazo paralelo. Se levantó la camiseta para cubrirse el rostro durante el festejo y rápidamente caminó hacia la red.
Allí cambió la escena. Michelsen estaba visiblemente quebrado. Tiafoe dejó de lado por unos segundos su clasificación y su alegría y lo recibió en un largo abrazo. El joven apoyó la cabeza sobre su compatriota mientras lloraba. Después se retiró de la cancha con una toalla cubriéndole la cabeza. El contraste era inevitable: a centímetros de distancia estaban el alivio de uno y la desolación del otro.
”Esperaba que se pusiera nervioso. Jugó un partido súper duro, me dio un poco de chances con algunas doble falta y después lentamente recuperé mi ritmo. No lo conseguí hasta el tercer set, que solo empecé a jugar mejor y mejor. Es un infierno de jugador, él merecía haber ganado hoy”, expresó Tiafoe después del partido. Para el ganador, de 28 años, será su tercera presencia entre los cuatro mejores del US Open después de las alcanzadas en 2022 y 2024.
Para Michelsen quedó el dolor inmediato, pero también el mejor recorrido de su carrera en un Grand Slam. Había llegado a los cuartos de final sin perder un solo set y siendo el número 46 del ranking mundial. Incluso antes de enfrentar a Tiafoe había reconocido que disfrutaba avanzar lejos de los grandes focos: “Me encanta estar bajo el radar”.
Esta vez terminó en el centro de la escena, aunque por una razón que seguramente hubiera preferido evitar. El llanto después de la última pelota contó todo aquello que el resultado no podía explicar: la dimensión de lo que había conseguido, lo cerca que estuvo de dar otro paso y lo difícil que resultó aceptar que, después de un partido maratónico, la oportunidad se había escapado.


