One TV San Juan
  • Inicio
  • San Juan
  • Nacionales
  • Deportes
  • Internacionales
Lectura: París despierta devastada tras una noche de terror
Compartir
Redimensionador de fuentesAa
One TV San JuanOne TV San Juan
Search
  • San Juan
  • Nacionales
  • Deportes
  • Internacionales
Síguenos
Made by ThemeRuby using the Foxiz theme. Powered by WordPress
One TV San Juan > Blog > Internacionales > París despierta devastada tras una noche de terror
Internacionales

París despierta devastada tras una noche de terror

Publicado en octubre 18, 2026 18 Lectura mínima
Compartir


Contents
Despertar en ParísEn el boulevard VoltaireUna caminata por ParísLa plaza de la República¿Y si fue la guerra híbrida?Los estudiantes y la pauperizaciónSe extiende el movimiento estudiantil

La desolación, la destrucción y un futuro oscuro el día después del pillaje en París. Con la salida del sol, los casseurs o vándalos dejaron de robar. Los propietarios de los negocios comenzaron a llegar para enfrentar la destrucción, el robo y los incendios de sus locales en la capital francesa.

Una de las noches más violentas que recuerde Francia comenzaba a concluir para iniciar un día de desazón e impotencia, con la ciudad envuelta en sirenas y patrulleros policiales que no llegaron a tiempo cuando los necesitaban.

En el Faubourg St. Antoine, al lado de la Bastilla, la calle donde se inició la Revolución francesa, la boutique Orange fue completamente destruida y quemada. Aún están los bomberos allí, pero nada queda. Los casseurs se llevaron los teléfonos celulares, las tabletas y las computadoras. Los jefes y los empleados llegan a ver la destrucción y a solidarizarse unos con otros.

«Jamás visto. Todos hemos perdido el trabajo», admite Jamal, uno de los encargados.

Free, otra empresa de telefonía celular, consiguió un carpintero para tapar su vidriera con madera tras el huracán de los vándalos. SFR y Bouygues, también de celulares, fueron saqueadas.

Los supermercados reparan sus vidrios. El Monoprix de la esquina del Faubourg St. Antoine fue recubierto de madera para no ser uno de los 50 supermercados asaltados.

Manifestantes reaccionan en medio de gases lacrimógenos, al día siguiente de una jornada nacional de protestas contra el costo de la vida y el aumento de los precios del combustible, en París. Foto ReutersManifestantes reaccionan en medio de gases lacrimógenos, al día siguiente de una jornada nacional de protestas contra el costo de la vida y el aumento de los precios del combustible, en París. Foto Reuters

El banco Caisse d’Épargne lo imitó: cubrió sus cajeros automáticos y sus puertas como para defenderse de un vendaval.

Pero nada quedó en pie que despertara la codicia de los vándalos: las joyerías, las tiendas de videojuegos, las boutiques de ropa, de zapatillas y de indumentaria deportiva fueron todas arrasadas.

La tensión no ha terminado. Hay una convocatoria no autorizada para las dos de la tarde en la plaza de la República, símbolo de los desmanes y de la virulencia de ayer. Se autoconvocaron mediante las redes sociales y la policía antidisturbios CRS 8 ya se encuentra allí.

Despertar en París

París fue tomada por asalto: destrucción, pillaje, feroz violencia e incendios. Hubo 1.800 detenidos y 150 policías heridos que perdieron el control del orden en toda Francia. También se registró un muerto en el boulevard Magenta de París por un paro cardiorrespiratorio.

Un cielo gris cubre una ciudad arrasada por los vándalos, saqueada, con 1.500 negocios destruidos y robados, autos quemados, boutiques saqueadas y locales informáticos arrasados.

El ayuntamiento de Limoges, incendiado y prácticamente destruido en un ataque incendiario durante las manifestaciones contra el costo de vida y el aumento del precio del combustible. Foto ReutersEl ayuntamiento de Limoges, incendiado y prácticamente destruido en un ataque incendiario durante las manifestaciones contra el costo de vida y el aumento del precio del combustible. Foto Reuters

Hay barrios más destruidos que otros: el X, el XI, el V, el VII, el VIII y el XVI sufrieron los daños y el pillaje de lo que representaba su lujo.

París despierta, atónita y desconcertada, ante los destrozos causados en la capital tras la oleada de violencia del 17 de octubre. Decenas de tiendas han sido saqueadas, con vecinos indignados y sin entender el porqué de esta violencia.

Hay montones de cristales rotos, plástico derretido, marcos de vidrieras arrancados, ruedas de bicicleta calcinadas, barricadas y cientos de cajas vacías de videojuegos. El dueño de un bar que sobrevivió llega con café y medialunas para los que limpian, en un pequeño acto de solidaridad y humanidad.

En el boulevard Voltaire

En el boulevard Voltaire de París parece como si un tornado hubiera arrasado las vidrieras de todos los comercios que dan a la calle. Por allí pasaron las marchas no autorizadas.

Entre los vecinos que apartan los escombros, una adolescente vestida de negro sortea con cuidado los restos de la batalla campal. Con una bolsa de basura en la mano, finge retirar trozos de adoquines, pero en realidad agarra una caja de videojuego y, con la rapidez de un rayo, la esconde en su improvisada bolsa.

Sin embargo, los empleados de la tienda «Manga Story» se dan cuenta de la maniobra y la interceptan bruscamente: «¿Qué llevas en la bolsa? ¡Déjalo ahí!».

Una estructura calcinada tras los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes durante las protestas a nivel nacional contra el alto coste de la vida en el país, en París. Foto EFEUna estructura calcinada tras los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes durante las protestas a nivel nacional contra el alto coste de la vida en el país, en París. Foto EFE

La joven, que no llega a los quince años, no se amilana: «¿Por qué me agredís? ¡No me hables así!». Y luego, como si fuera lo más natural del mundo, añade: «¿Qué van a hacer? De todas formas, ya está todo en el suelo, en la calle. Todo el mundo se ha llevado cosas, yo también tengo derecho».

El encargado interviene: «¿No crees que ya se llevaron todo ayer? ¡Vete a tu casa!». La chica se encoge de hombros con descaro y finalmente se marcha a toda prisa —con la bolsa cargada de lo que ha robado— mientras los empleados le gritan insultos.

Es una escena surrealista, aunque no sorprende en absoluto a Denise, una mujer que ronda los cincuenta años. Anoche, esta vecina del barrio observó esa misma indiferencia mientras intentaba proteger los comercios: «Actúan con total descaro: roban y no entienden por qué está prohibido», comentó.

Esta mañana, con el rostro marcado por el cansancio, ella y decenas de vecinos contemplaban atónitos los destrozos tras la oleada de violencia que sacudió el centro de París durante las manifestaciones «contra el alto costo de la vida» celebradas el 17 de octubre.

Una caminata por París

El trayecto desde la plaza de la Bastilla hasta la plaza de la República, epicentro de las protestas, resulta irreconocible.

A lo largo del boulevard Haussmann se observan los mismos daños desoladores: paradas de autobús destrozadas, coches incendiados y escombros y piedras en la vereda.

Las vidrieras destrozadas de decenas de tiendas saqueadas dejan a la vista un interior arrasado. Frente al McDonald’s del boulevard, envases de salsas, vasos y sándwiches a medio comer cubren la acera, formando una alfombra de basura. A las sillas las usaban en los fuegos como leña para combatir los efectos de los gases lacrimógenos.

Restos de escombros permanecen en la calle tras los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes durante las protestas a nivel nacional contra el alto costo de la vida en el país, en París. Foto EFERestos de escombros permanecen en la calle tras los enfrentamientos entre la policía antidisturbios y los manifestantes durante las protestas a nivel nacional contra el alto costo de la vida en el país, en París. Foto EFE

«Es una pesadilla absoluta; ¿qué les pasa a los franceses?», exclama un turista extranjero, estupefacto, mientras se desplaza en su bicicleta eléctrica. Miles de ellas fueron quemadas y sus baterías eléctricas explotaron.

Denis, gerente de un bar, limpia con una manguera la vereda frente a su establecimiento, que milagrosamente se ha librado de los daños.

«Me quedé adentro y les gritaba para que no entraran. Creo que he tenido suerte. No eran manifestantes, sino vándalos. Era una selva», exclama indignado el hombre de unos sesenta años, y recalca: «Entraban tranquilamente en las tiendas, lo destrozaban todo y se marchaban. No se veía ni rastro de la policía».

Jacques, de 76 años —quien también estuvo en la calle ayer por la tarde—, opina lo mismo. Había acudido a tomar fotos de la manifestación para enseñárselas a su familia.

«Los vidrios blindados son resistentes. Necesitaban al menos 15 minutos para reventar los comercios. No había ni un solo policía. La situación estuvo pésimamente gestionada», comenta este parisino que el sábado a primera hora de la tarde se encontraba en la plaza de la República para manifestarse «junto a los estudiantes de secundaria».

La Prefectura de Policía de París subraya la «movilidad» y la «adaptación constante» de los efectivos desplegados sobre el terreno, lo cual «permitió contener la dinámica de los grupos violentos» y estabilizar la situación «a partir de las 23:00 horas«.

La plaza de la República

En los alrededores de la plaza de la República, los destrozos son aún más evidentes. La plaza está llena de gente atónita que ha venido a fotografiar las pintadas, los quioscos incendiados, los coches destrozados y los muros arrancados para extraer de ellos piedras como proyectiles. Todo es destrucción. El café del centro de la plaza fue quemado.

Los semáforos han dejado de funcionar, lo que provoca choques entre los automovilistas. En la calle Beaurepaire, frente a un supermercado Franprix incendiado y saqueado, Chloé, de 37 años, rompe a llorar.

Un automóvil destruido cerca de la estatua de Marianne en la plaza de la República, en París. Foto ReutersUn automóvil destruido cerca de la estatua de Marianne en la plaza de la República, en París. Foto Reuters

Esta parisina, que trabaja en la administración pública y que también quería manifestarse ayer, lamenta que el evento fuera instrumentalizado por miles de Black Blocs y vándalos.

«Ni siquiera sabemos cómo terminó la marcha. Nadie habla de ello. Me entristece, porque quienes saquean y destrozan no son manifestantes. Pero, al final, son los comerciantes —que nada tienen que ver con la política del Gobierno— quienes pagan las consecuencias», se lamenta.

El fenómeno se extendió a otras partes del país. En Limoges quemaron su alcaldía centenaria, que aún arde. En Marsella rompieron la alcaldía, al igual que en Lille. El fenómeno de la violencia, los casseurs y los Black Blocs se extendió a toda Francia. El despertar hoy fue desolador, de una inmensa tristeza.

Esta es la imagen de París después de las manifestaciones de los Chalecos Amarillos por la vida cara y de los estudiantes por una escuela decente. Hoy piden la renuncia del ministro del Interior, Núñez, y del primer ministro, Sébastien Lecornu. El presidente Emmanuel Macron estaba en Bruselas. Hoy a las 8 de la noche Macron hablará al país: fue el gran ausente de esta crisis.

¿Y si fue la guerra híbrida?

«¿Quiénes fueron los responsables?», se pregunta Francia. En pleno año electoral, las respuestas dividen a todos. La ultraizquierda acusa al Gobierno, mientras que el primer ministro Lecornu apunta a la «ultra ultraizquierda europea».

Los casseurs de los suburbios ciertamente estuvieron allí y desvalijaron los negocios, supermercados y boutiques de ropa, deportes y telefonía celular.

¿Y si fue la guerra híbrida que está utilizando Moscú, aprovechando la vulnerabilidad de una Francia en profunda crisis económica, social y política?

Los Black Blocs peleaban como guerrilleros urbanos contra una policía exhausta y aterrorizada. Estaban entrenados militarmente, muchos no hablaban francés y vestían todos de negro, enfrentando sin freno a la policía antidisturbios, una de las más duras de Europa.

Un black bloc no es una organización estructurada ni un grupo político que cuente con un líder o un organigrama, sino una táctica de acción colectiva y un modo de operar adoptado durante las manifestaciones.

Los participantes visten de negro y llevan el rostro cubierto (con pasamontañas, gafas, bufandas) para evitar ser identificados por las fuerzas del orden y para generar un efecto de masa solidaria.

Esta modalidad de acción surgió a principios de la década de 1980 en Berlín Occidental (Alemania), donde militantes autónomos y ocupantes de inmuebles (okupas) se agrupaban para hacer frente a los desalojos y a la violencia policial. Posteriormente, se extendió a nivel internacional, especialmente durante las cumbres altermundialistas (como la de Seattle en 1999 o Génova).

Se vincula principalmente con el movimiento anarquista y la extrema izquierda radical. Sus partidarios critican el capitalismo y el Estado, y a menudo consideran que las formas tradicionales de protesta pacífica son ineficaces.

El black bloc se constituye de manera efímera dentro de una manifestación. Sus acciones se centran en la destrucción de bienes materiales considerados simbólicos (bancos, grandes cadenas comerciales, fachadas de instituciones) o en el enfrentamiento directo con las fuerzas del orden.

Son objeto de duras críticas por parte de las autoridades, los medios de comunicación y muchos manifestantes pacíficos, quienes consideran que sus acciones violentas perjudican el fondo de las reivindicaciones del movimiento social y facilitan la represión policial.

Los estudiantes y la pauperización

Los estudiantes de Francia y del mundo están en rebelión. Esta vez no es la revolución sino la pauperización la que los une. Temen que la inteligencia artificial los excluya, elimine sus profesiones y terminen ganando sueldos de miseria. Así como el 68 era una lucha por la libertad y la alegría, esta es una para no caer en la pobreza ni desaparecer en medio de la tecnología.

La oleada global de rebeliones estudiantiles está impulsada por la confluencia de una grave falta de financiación en los sistemas educativos nacionales, a lo que se suma el aumento desorbitado del costo de vida y una profunda inquietud por la supervivencia económica en el marco del capitalismo moderno.

Como siempre, se inició en Francia. Ochocientas mil personas, mayoritariamente estudiantes, padres, abuelos y profesores, reclamaban contra escuelas con edificios ruinosos, el ausentismo de los docentes, la falta de reemplazos, la ausencia de calefacción en invierno y refrigeración en verano, baños destruidos, una larguísima jornada escolar y una absoluta falta de preparación para enfrentar los exámenes universitarios.

A ellos se sumaron los Chalecos Amarillos, que reclaman por la vida cara y el precio del gasoil.

Se extiende el movimiento estudiantil

El fenómeno ha evolucionado hasta convertirse en un movimiento juvenil más amplio que exige reformas sistémicas. Se extendió ahora a Bélgica, Italia, Lisboa y Canadá. En Albania se sumaron contra el movimiento Flamingo, que protesta por la compra de una isla albanesa por parte de la familia Trump para convertirla en un resort.

Pero tan importante como los reclamos educativos es la crisis del costo de vida y de la vivienda, que los deja fuera del sistema educativo por los desorbitados precios de los alquileres y la grave carencia de alojamiento público para estudiantes en Francia y Grecia. No pueden pagar un estudio ni compartir una casa.

En Italia y Bélgica se produjeron ocupaciones de centros educativos y manifestaciones masivas debido a los costos educativos imposibles de pagar y a la falta de un apoyo financiero básico. A ellos se sumaron los Chalecos Amarillos, que reclaman por la vida cara y el precio del gasoil que no les permite llegar a sus trabajos.

Comparte este artículo
Facebook Twitter Whatsapp Whatsapp Copy Link
La Traviata — Teatro del Bicentenario
Si ves fuego, denunciá
Cortes de calles

Últimas Noticias

El Cilindro era una fiesta, pero el Diablo metió la cola: Racing se hundió en su impotencia y el Rojo rescató el empate

Imágenes del final de la tarde en Avellaneda, sensaciones de un resultado que en el…

octubre 18, 2026

hay al menos 7 muertos y decenas de heridos

Una explosión y posterior incendio en la base militar canadiense de Wainwright, en Alberta, dejó…

octubre 18, 2026

reportan nuevos saqueos y enfrentamientos en París

El presidente francés, Emmanuel Macron, brindará un discurso por televisión, en medio de la gravedad…

octubre 18, 2026

Seguir leyendo

Deportes

El Cilindro era una fiesta, pero el Diablo metió la cola: Racing se hundió en su impotencia y el Rojo rescató el empate

Imágenes del final de la tarde en Avellaneda, sensaciones de un resultado…

Por admin octubre 18, 2026
Internacionales

hay al menos 7 muertos y decenas de heridos

Una explosión y posterior incendio en la base militar canadiense de Wainwright,…

Por admin octubre 18, 2026
Internacionales

reportan nuevos saqueos y enfrentamientos en París

El presidente francés, Emmanuel Macron, brindará un discurso por televisión, en medio…

Por admin octubre 18, 2026
Deportes

Racing vs. Independiente, en vivo: el minuto a minuto del clásico de Avellaneda, por el torneo Clausura

La Academia lleva cinco clásicos sin poder vencer a su rival de…

Por admin octubre 18, 2026
Internacionales

París despierta devastada tras una noche de terror

La desolación, la destrucción y un futuro oscuro el día después del…

Por admin octubre 18, 2026
Internacionales

Luego de meses de silencio, Donald Trump respaldó a Benjamin Netanyahu en busca de su reelección

El presidente Donald Trump respaldó el domingo al atribulado primer ministro israelí…

Por admin octubre 18, 2026
Deportes

Alejandro Davidovich Fokina, un ejemplo de resiliencia: venció a Rafael Jódar y conquistó Shanghái

Alejandro Davidovich Fokina (de 27 años, nacido en Málaga) parecía encaminarse a…

Por admin octubre 18, 2026
Internacionales

“El límite para que Madrid no se convierta en invivible es que no haya contradicción entre los barrios y la ciudad global”

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, está por recibir visitas internacionales:…

Por admin octubre 18, 2026
Deportes

Racing, de soñar con la Libertadores a vivir el clásico “como la final del mundo” en una crisis sin fin

“El clásico es una final del mundo para nosotros, y así lo…

Por admin octubre 18, 2026

One TV 29.4 TDA

¡Síguenos!

Welcome Back!

Sign in to your account

Lost your password?