Esteban Fabio Gómez repasa su vida. Tras una hora y media de conversación, sintetiza: “El rugby me dio todo. Trabajo con el rugby, muchos de mis amigos son por el rugby… Y me corrigió, más cuando fui a Europa. Por este deporte soy la persona que soy, tengo la familia que tengo. Si no fuera por el rugby, la verdad no sé qué estaría haciendo”. Y la confesión posterior exhibe un aspecto impensado en el perfil de este genial medio-scrum de mediados de los 80 en Banco Nación y los Pumas. “Yo era plomo de Sumo, la banda de Luca Prodan. Y de no ser por el rugby, capaz que ahora me encontrabas tocando un instrumento en alguna banda”, revela con una sonrisa.
-¿Lo conociste a Luca Prodan?
-Claro. A Luca, a Diego Arnedo, al manager Timmy… Yo iba al colegio con Nacho Daffunchio, el hermano de Germán Daffunchio, de Sumo, y todavía somos amigos. Tenía 17 años, ni registro había sacado y Timmy McKern, el Inglés, nos ofreció un laburo: nos propuso, a Nacho y a mí, llevar los equipos. Íbamos con una camioneta Chevrolet verde, de mi padrino, que decía Sumo… Y nos pagaban. Los llevábamos a todas partes, después se sumó mi hermano Grillo, tres años más grande, a quien le decían así porque era terrible. Terminábamos de guardar todas las cosas, como a las siete de la mañana, en la cueva de El Palomar, y sin dormir me iba a jugar al rugby. Después, cuando empecé en la Primera, no lo hice más.
-Debés tener varias anécdotas con Luca.
-Sí, ahora te cuento.
A Fabio, el Aguja, nacido el 13 de julio de 1965, todo le pasó rápidamente: la Primera de su club, la llegada al seleccionado, el Mundial, el salto al profesionalismo y la mudanza a Italia con 23 años, recién casado y con una beba… El adolescente conocido de Luca Prodan se convirtió en una celebridad del rugby, en un prócer de Banco Nación, junto a la camada de grandes valores que, de la mano de Hugo Porta, fueron campeones divirtiendo a propios y extraños con la plasticidad de su juego.
“Mi viejo era bancario y con mi hermano Grillo nacimos en el club. Él, de 7 u 8 años, y yo, de 5 o 6, empezamos a jugar ahí al rugby, con Fabián Turnes, Pablo Pérez, Pablo Dinisio, Horacio García… Hacíamos de todo: rugby, tenis, paleta, básquet, bowling, hasta softbol y lucha greco-romana. Mi vieja jugaba al bowling, fue seleccionada muchos años, y mi viejo, a la paleta. Eli y Pochi Gómez, así los conocían. Hasta que en un momento nos echaron. Ese grupo llegó a la Primera y nos encontramos con Hugo Porta, Fito Cappeletti, Mito Benedetto. Ahí se formó el gran equipo que tuvo Banco, con grandes entrenadores y preparadores físicos.
-¿Por qué te echaron?
-Vivíamos en el club y hacíamos lío todo el tiempo. Nos dejaban a las 8 de la mañana y nos buscaban a las 2 del otro día. Y hacíamos un desastre, ja, ja. Todos, pero nos agarraron a cuatro: a mí hermano, a dos chicos más y a mí. Ya nos habían suspendido varias veces, entonces nos expulsaron.
-¿Siempre fuiste medio-scrum?
-No. Al principio jugaba de centro y como no se la pasaba a nadie, Martín Cesarsky me puso de medio-scrum, ja, ja. Recién en juvenil menor pasé de 9. Justo entonces me echan. Me voy a jugar tres años a Pueyrredón. En Puey conozco al Negro Scoscería, que es íntimo amigo mío, a José Zanoni, que falleció; a Martín Aguad, a Hernán García Simón y otros. Después me levantaron la sanción y volví en menores de 19. Jugué un año y medio, y al otro, pasé al plantel superior.
-¿Te fuiste a Pueyrredón con la idea de volver a Banco?
-Sí, tenía ganas de volver. Mientras estaba en Pueyrredón, iba a Banco y esperaba a mis amigos afuera para hacer algo. Encima me había mudado de Núñez a Morón y estaba lejos de todo. Pueyrredón es mi segundo club, tengo muy buena onda con ellos.
-¿Te destacabas de chico?
-Me decían que era buenísimo, pero a la edad de Pumitas jugaba en Pueyrredón y el entrenador era el mismo de Puey y como yo era rebelde, nunca me quiso llamar. Y a los 19 me convocan a los Pumas. Eso fue en el 85, yo ya estaba de nuevo en Banco. Debuté en la Primera contra el CASI y de fullback. Es que de medio-scrum estaban Viti Contardi y Ramiro Erhman, dos jugadorazos. Nos sacábamos chispas para ver quién jugaba. Jugué medio año en intermedia y después, los entrenadores, y Pepe Gavito y el Indio Fernández, me dijeron: “Fabio, vas a debutar contra el CASI, en San Isidro”. Pero, cuando dan el equipo lo nombran de 9 a Viti Contardi. A mí me pusieron de fullback. El Pájaro López Imízcoz, apertura del CASI, me hizo correr por todos lados, ja, ja, ja.
Después jugué otro partido de fullback y dos de apertura, porque Hugo (Porta) se había ido a no sé dónde y Fabián (Turnes) estaba lastimado. Hasta que al quinto partido, contra el SIC, el famoso 41 a 19, me ponen de medio-scrum. Después de eso me seleccionan para ir con los Pumas al Sudamericano en Paraguay. Vienen los All Blacks, juego para Buenos Aires y voy al banco en el empate 21-21. No había cambios, una pena, hoy juegan todos. Pero no me importaba. Para mí, como siempre les dije a los entrenadores, entrar a la cancha era mucho mejor, pero ya aparecer en el banco de los Pumas, era buenísimo. Estaba ahí, representando a la Argentina, a mi club, a mi familia, a mis amigos. Nunca me molestó ser suplente.
Al final, en el 90, cuando parecía que no jugaría contra Inglaterra en Vélez, después del partido que habíamos hecho con Banco, ahí medio que… “Pucha, me estoy yendo a Italia -donde me habían contratado- y no voy a poder ser titular acá”, pensé. Y al final, Michingo O’Reilly y el Ruso Sanz me pusieron y le ganamos a Inglaterra el segundo test por 15-13. Es por esos partidos que me llaman los Barbarians. Lo mío fue todo muy rápido, en cuatro o cinco años. Después me fui a Europa y nunca más me llamaron.
-En esa época, siendo profesional, no podías jugar en los Pumas.
-¡No! Era persona no grata, hasta en mi club. Esa época era jodida. Yo lo acepté pero nunca lo entendí. Así que la pasé muy mal. Los Pumas para mí son lo máximo y que me sacaran de ahí fue duro. Yo sabía que iba a pasar eso. En un momento pensé: “Bueno, para el segundo Mundial me llamarán”. Y tampoco. Pasaron los años y nunca más. Mi mejor época de rugby fue allá en Europa, desde el 90 hasta el 2002. Es más, me llamó Italia y me rehusé a jugar. Me suspendieron un mes, porque yo había firmado una carta, que decía que si me convocaba Italia tenía que aceptar. Puse mil excusas: que nacía mi hijo, la rodilla… Pero un día me dijeron: “Flaco, tenés que jugar”. No jugué y me suspendieron. Con el tiempo ellos entendieron. Yo les decía que tenían que jugar los italianos, no nosotros. Y me dieron la razón: empezaron a jugar los italianos e Italia logró armar un buen equipo.
-Más allá de no poder sumarte a los Pumas, ¿te gustó la idea de ser profesional?
-Sí, Me lo ofrecieron en el 90. Acá era un quilombo. En mi trabajo, ponele, yo cobraba 1000 dólares y al otro día eran 50. El azúcar subía cada diez minutos. Entonces, le dije a mi mujer, Doris, que me venía a buscar el Milan para jugar allá. Nos habíamos casado en abril del 89 y hacía seis meses que había nacido mi primera hija. Fue duro, pero aceptamos la oferta. Salir del país era irte y no ver más a los amigos, a los familiares, no existían las comunicaciones de hoy. Los primeros tres o cuatro meses nos costó, pero después cambió la cosa. Nos encantaba, vivíamos en una ciudad del primer mundo, como Milán, e hicimos muchos amigos italianos.
“Me ofrecieron ser profesional en el 90. Acá era un quilombo. En mi trabajo, ponele, yo cobraba 1000 dólares y al otro día eran 50. El azúcar subía cada diez minutos. Nos fuiimos con mi mujer y mi beba recién nacida. Era no ver más a los amigos, a los familiares. Los primeros tres o cuatro meses nos costó, pero después cambió la cosa.Vivíamos en una ciudad del primer mundo, como Milán, e hicimos muchos amigos italianos”.
-Te fue bien.
-Me fuí por dos años y me quedé 15. Cuando empiezan los problemas económicos y los líos, Berlusconi comienza a sacarse los deportes de encima y el rugby es el último, porque era el que costaba menos. Yo tendría que haber ido a jugar a Calvisano y vivir en Brescia, una ciudad cercana. Pero Calvisano era muy chico y yo, con tres hijos, les pedí de vivir en Brescia, no quisieron y me fui a Pádova, para jugar en el Petrarca. Ahí ganaba menos, pero me hicieron un contrato para toda la vida. “Te quedás a vivir. Te queremos como jugador y después cómo manager, como entrenador”. No me quedé a vivir. Después renuncié. Con Doris preferimos volver a casa y pegamos la vuelta en el 2005. Fueron 15 años muy lindos.
Al Aguja le iba muy bien como mánager: “Llevaba jugadores. Pero no era para mí. Me puteaban los clubes, los padres, los jugadores… Lo hice dos años y me vine. Acá, Marcelo Sosa, un amigo, me invitó a integrar una empresa de vía pública, después vendí mi parte y ahora estoy con esto de las giras deportivas que me entretiene y vivo bien. Trabajamos con los clubes, al principio con el rugby y ahora sumamos el hockey, el fútbol sala. Y últimamente me están pidiendo golf.
-Contá que es el PARC.
-Un día me llama Peteco Ventura, de Newman, y me pide una cosa: “Vos que hacés giras, ¿podrías armar algo para nuestra camada que, por la edad, ya se queda afuera de Pumas Classic, que tiene un nivel muy alto?“. Y se me ocurrió, paralelamente con el viaje de Pumas Classic a Bermudas, hacer uno con otro equipo: Argentina XV le puse. Lo invité a Dieguito Cash, Diego Cuesta Silva, Yoyi Avena, Rolo Etchegoyen, Gotuso, Paul Petrilli, Tom Wade… Cuando volvimos, dije: “No somos Argentina XV, ja, ja, ja”. Esto es algo de amigos y le pusimos PARC: Provincias Argentinas Rugby Classic, por el famoso Provincias Argentinas, que eran los Pumas solamente con jugadores del interior y al que respeté mucho. Me encantaba la camiseta y agarré ese escudo en honor a ellos. Desde 2016 que estamos viajando, ahora viene la gira número 12 o 13. Se armó un buen grupo y el rugby es una excusa. Hacemos estos viajes con turismo gastronómico o para conocer. Somos más de cien, pero viajamos entre 35 y 40. Fuimos a Dublín, Italia, España, Croacia, Portugal… Y hay reglas: no se empuja en el scrum, no se salta en el line, no se puede patear. Es tranquilo, pero igual te golpeás. La pasamos bien. Además, hay que cumplir con una condición: para entrar, te tiene que invitar uno del grupo y si hacés una cagada, te vas vos y quien te presentó.
-Menos vos, que inventaste el viaje.
-No, yo también. Por eso no invito a nadie, je, ja, ja.
-¿Qué sentiste cuando agarraste la titularidad de los Pumas?
-Ya estaba contento con ser convocado y estar con Hugo Porta, el Chapa Branca, Tati Milano, Giorgi Allen, Tommy Petersen, los Miguens, Diego Cash, Diego Cuesta, Pope Morel. Había un grupo de jugadores al que miraba de chiquito y compartir con ellos, con Fabián Turnes, íntimo amigo del club… Ahora es otro rugby y no sé como lo vivirán los Pumas de hoy, pero nosotros nos divertíamos un montón. Y no éramos profesionales: yo iba a entrenar con mi ropa para y hasta llevaba plata, porque no siempre nos daban viáticos. El titular en mi puesto era Javier Miguens y yo viajo al Sudamericano por Guillermo Holmgren, que decían que le tenía miedo a los vuelos, ja, ja, ja. Un divino, de perfil bajo. El otro día lo vi, está como cuando jugaba y le dije: “Gracias a vos jugué en los Pumas”. Porque era buenísimo y no se subía a los aviones. También estaban el Bambi Soares Gache y Baeti, el Pájaro Cid. Ellos eran los medio-scrum que querían los entrenadores. A mí me consideraron más Pochola Silva y Guastella.
-Era un rugby muy violento.
-Ahora veo videos de esa época y digo: ¡Qué locura! Era otro deporte, no había los físicos de ahora. Hoy son todos atletas. Antes había gordos, flacos como yo, bajitos como los Lanza. ¡Y van a una velocidad! Se triplicaron los tackles… Me hubiese gustado jugar en esta época, porque dicen que no hay espacios, y hay muchísimos espacios.
-¿Sí?
-Lo que pasa es que están tan acostumbrados a que nadie haga algo distinto que cuando uno hace algo un poco diferente, como hacía yo y otros jugadores… Yo veía un agujero y me mandaba, no es que lo tenía planeado. Por ahí salía bien y por ahí, no. En la actualidad, te mandás una macana y no jugás más. A mí me decían: “No te puedo poner porque hacés quilombo en el equipo”. Y yo contestaba que me llamaban al seleccionado por lo que hacía en mi club. Si tengo que hacer lo que me dicen los entrenadores, que nombren a otro medio-scrum. Ahora, si la idea es hacer quilombo, que me pongan a mí.
-Decías que lo mejor tuyo se vio en Europa.
-Sí. Hasta el 2002 estuve jugando en un alto nivel. Pero no me dejaban ir a los Pumas y tampoco en mi club podía jugar. Y yo respetaba al club, porque el rugby argentino es lo que es gracias a los clubes. En un momento se tenía que cambiar eso de que los profesionales no jueguen en sus clubes cuando se les acaba el contrato que tienen, pero no se cambió del todo. Porque, ¿cómo hacés para bancar un torneo profesional con 150 pibes en cada plantel superior? Imposible. En Europa es profesional porque el equipo tiene 35, 40 jugadores, y aún así cuesta muchísimo mantenerlo. Acá se está haciendo con las franquicias, pero es a medias, apenas cuatro, cinco meses, y después, bancátelo en club.
-Es que no hay plata.
-Ya lo sé. Ahora tenés tres franquicias en el Súper Rugby Américas: Córdoba (Dogos), Buenos Aires (Pampas) y Tucumán (Tarucas); en cierto modo, están suplantando al Torneo Argentino.
-¿Qué decía Porta de tu estilo de juego?
-Con Hugo jugué más en Banco que en los Pumas. Y nos cagamos de risa. Yo creo que la camada que yo integraba, y que subió a Primera, lo benefició, porque no lo marcaban tanto a él. Entonces, Hugo podía hacer más cosas que antes, porque ya no era el único a marcar, estaba Fabián (Turnes), yo… Para mí, eso hizo que liberara un poco más su creatividad. Porta me lleva 14 años, ya era grande en ese tiempo, tenía 32 o 33. Jugamos cinco temporadas juntos, hasta que en el 90 me fui. Se fueron varios: Franchi, Dinisio, Mito Benedetto, el propio Hugo, el Gordo Marrón, que ya falleció, y un año antes se había ido Fabián.
Así jugaba aquel Banco Nación

-¿Y qué pasó después con Banco?
-Quedó la mitad del equipo y nos fuimos al descenso. Esa es una espina que tengo clavada. Pensar que si no nos íbamos por ahí no hubiésemos descendido, pero bueno, cada uno eligió su camino. Yo prioricé la familia, me pagaban una fortuna en Italia y acá ganaba dos pesos.
-¿Ese fue el mejor equipo de la historia de la URBA?
-Hubo muchos muy buenos. Es difícil saberlo, pero no creo.
-¿Y el de estilo más lindo para ver?
-Ponele que haya sido el más entretenido. El SIC tenía unos jugadorazos. Y CASI, CUBA, Olivos eran muy fuertes también. Era todo muy parejo. Todos los Pumas jugaban acá. Pero sí, durante unos años divertimos a la gente y nos divertíamos nosotros. Ahora, viendo los videos, me doy cuenta de eso. Las canchas estaban llenas y la gente hablaba de nosotros. En el famoso 75-15 con Olivos, del 89, hubo gente que no pudo entrar al club. Es cierto que Olivos no era un estadio, pero cuando llegamos había cola de autos desde la Panamericana. Había gente subida a los árboles. Y le hicimos 75 puntos al segundo. Ellos iban ganando 15-13 en el primer tiempo, y después de cuatro o cinco tries, aflojaron, no era que fuimos una máquina.
-¿Qué pasó que no tuvo recambio esa generación con Porta a la cabeza? Hoy Banco está en la Primera B, la tercera categoría.
-Nos mató el cambio de sede. Vendieron Benavídez y se nos fue de las manos. Hubo mucho esfuerzo en no perder el club, encontrar otro lugar, armar todo de vuelta y se descuidó mucho el juego. Jugar bien y estar en las divisiones superiores te trae más chicos, es así. Ahora uno dice, ¿Olivos o Banco? Y elige Olivos, está acá cerca, juega en Primera A… Por eso creo que nos va a costar muchísimo recuperarnos. El club está bárbaro, eh, sólo que a la parte del rugby no le está yendo muy bien. La gente que está en el club todos los días se sienta para encontrar la manera de arreglar el asunto y no es fácil. Pero estoy convencido de que vamos a lograrlo.
“Me gusta el Top 12 de la URBA, pero es raro: son 12 equipos, después son 14. Que se decidan, que el mejor salga campeón, desciendan dos y listo. El nivel es lindo y juegan todos muy parecidos. Antes había un Banco, un Pueyrredón, distintos al SIC, un Newman con todos tipos flacos que corrían, o un San Cirano de line y a empujar. Diferentes estilos. Hoy todo es igual”.
-¿Seguís el Top 12?
-Sí. Me gusta. Pero es raro: son 12 equipos, después 14. Que se decidan, que el mejor salga campeón, desciendan dos y listo. El nivel es lindo y juegan todos muy parecidos. Antes había un Banco, un Pueyrredón, distintos al SIC, un Newman con todos tipos flacos que corrían, o un San Cirano de line y a empujar. Diferentes estilos. Hoy todo es igual. Decís que van a patear al cajón y lo hacen, tanto el SIC como Banco. No es que lo hace el SIC y el resto abre de todos lados. Uno lo hace mejor que otro, obviamente, por eso uno está en Primera y el otro en Tercera. Lo mismo pasa en el rugby internacional.
-¿Qué opinás de los Pumas?
-Juegan bien. A lo mejor no podés llamar siempre a los mismos jugadores, ¿viste? Ojo, estoy hablando sin saber. Ahora bajamos dos puestos en el ranking, capaz que si ganábamos contra Inglaterra nos manteníamos o subíamos algún puesto, no lo sé. Yo siempre quiero que los Pumas ganen. Soy el hincha número 1, me pongo nervioso, me transpiran las manos. Soy fanático. Y del Seven también. Me levanto a la mañana, me encanta verlos y me pongo mal cuando pierden.
-¿Qué le falta a los Pumas?
-A los Pumas lo que les falta es continuidad. Nuestra logística es fea, estamos en el culo del mundo y nos sacaron el Súper Rugby, que tampoco le convenía a los demás. Ya no les gustaba que Jaguares les gane. Algunos decían que Jaguares no tenía identidad: ¿cómo no va a tener identidad si era el equipo argentino en ese campeonato, los Pumas con otra camiseta y otro nombre? Otros se quejaban porque jugaban los sábados a las cinco y no llegaban a Vélez desde los clubes. Y eso es verdad: podían jugar los viernes, así íbamos todos, pero ahí manda la televisión.
-¿Estás de acuerdo con hacer de local en Twickenham contra Sudáfrica?
-Para mí es una cuestión de plata y no lo veo bien. ¡Cómo me vas a sacar la posibilidad de ver a mi seleccionado contra los campeones del mundo! Es como discriminar: “No, ustedes no, los ven los ingleses”. Tal vez hablo pavadas. Por ahí alguien me dice: “Mirá, Fabio, jugando allá, nos traemos 7 millones de dólares y con eso podemos hacer o bancar…“. Pero no te lo dicen. Sería bueno que explicaran las razones. No creo que Sudáfrica acepte ceder la localía y jugar con Argentina en Hong Kong, por ejemplo. Ni loco, te van a decir.
-¿Llegaron sobreentrenados al Mundial 87?
-Sí. Fue de terror ese Mundial. Una semana antes de irnos lo bajan al preparador físico Lucho Barrionuevo, de Banco, y va el Pato García Yañez. Lucho le dio un librito con lo que debíamos hacer una semana antes. Llegamos a Auckland, rompen ese librito y al día siguiente hacemos barranca, cuando lo lógico era tomar el té y jugar una tocata nomás. ¿Sabés cómo llegamos al partido con Fiji? Parecía que yo no teníamos piernas, llevábamos una semana de sobrecarga. Perdimos con Fiji y empezaron los problemas. Los mayores chocaban con los dirigentes. El clima se tensó, estaba todo mal. Yo tenía 21 años y no me daba cuenta. Recién hace unos años caí que jugué el primer Mundial.
-¿Qué recordás del partido Banco-Inglaterra, en Vélez?
-Fuimos a jugar como si nada. Éramos jóvenes, creo que sólo Hugo estaba nervioso. Nos concentramos en la quinta de Adidas, en Tortuguitas, y nos cagamos de risa. Yo trabajaba con Lino Pérez, tesorero de la UAR, filmábamos con una súper 8 y editábamos cassettes. Todo el material que hay está grabado por mí, Pablo Pérez y Bubby Guarna. El Indio Fernández me decía: “Dejá de romper los huevos que estamos en el vestuario”. Y yo le contestaba, a minutos de salir a la cancha: “Mirá que no va a haber nada del vestuario”. Y no hay nada. Cuando subimos al micro, rumbo a Vélez, yo me tiro al piso y grabo desde ahí.
En un momento Hugo nos junta y nos pregunta: “¿Cómo vamos a jugar: tipo test-match, pateando todas las pelotas y tratando de perder por poco, o nos lanzamos a jugar?”. Le dijimos que preferimos jugar. “Si no sabemos hacer otra cosa. ¿Son Inglaterra? ¿Y? Son quince tipos, como nosotros. Que demuestren que son mejores”. Si vos mirás el partido, vas a ver que salimos seis veces de adentro del ingoal. ¡No lo podían creer! En el tercer tiempo nos querían matar, pero fueron caballeros y aceptaron la derrota. Dijeron que eso de que un club le ganara a Inglaterra no se iba a repetir. Y así fue. Nunca más jugaron contra clubes.
-Fue histórico.
-El 14 de julio es el día del rugby en Banco. Y yo cumplo años el 13. Estaba por terminar el partido y le dije a Hugo: “Le estamos ganando a Inglaterra”. Y me responde serio. “Aguja, todavía no terminó”. Faltaban 5 minutos y me puse a llorar. Mucha gente del rugby fue a ver cómo nos comíamos 50 puntos. Igual, creo que si duraba diez minutos más, perdíamos. Ya habíamos aflojado, porque por más que nos hicieran dos tries no nos ganaban. Fue una gran alegría, para Banco y para el Rugby Argentino.
Fabio está casado con Doris y tienen cinco hijos. “Aileen de 35, que vive en Córdoba con Martin y su hijo Clemente, de 4. Mi nieto es fanático del rugby. Sabe cómo son los botines de Matera y de todos. ‘Nico Anchez no juega más’, me cuenta, ja, ja, ja. Y espera que vuelva a jugar Emiliano Boffeli, su amigo, dice Clemente. Mattías de 32, es chef, jugó al rugby y vive en Valencia con Abril, su mujer. Pía de 30, quien vive en Castelar. Santiago de 23, quien dejó el rugby en la pandemia, cuando debía sumarse al plantel superior. Le agarró algo al corazón y se hizo ver, por eso digo que la pandemia a él le salvó la vida. Ahora vive en Pádova y trabaja conmigo en la agencia E.F.G. Sport. Y finalmente, Mercedes de 20, que vive con nosotros.
-Ibas a contar más de Luca Prodan.
-Luca un día se subió a la camioneta y lo llevamos con algún otro integrante del grupo, era un tipo simple y respetuoso. Una vez, en Córdoba, estando con los Pumas, me lo encontré en un hotel, donde también se alojaba Sumo. Me fuí a la habitación con ellos y Nacho Daffunchio, y me olvidé de la reunión con los Pumas. Pochola Silva no me hizo jugar ese fin de semana, ja, ja, ja.
-¿Luca te iba a ver a los partidos?
-No, él no iba, pero Germán Daffunchio creo que fue a algún partido con Nacho. Le prometí una camiseta a Luca y a Germán para usar cuando tocaran, y nunca se las pude dar. Todavía hay tiempo para dársela a Germán. Yo siempre fui un tipo sano, nunca fumé ni tomé. En esa época estaba de moda la City (New York City) y yo no iba casi nunca, me quedaba en mi casa. Tengo una forma despelotada para algunas cosas, pero soy muy prolijo. No fumé un cigarrillo en mi vida. Si me invitás a comer a tu casa, me tomo un vino, pero soy calmo. Tengo fama de loco, pero no lo soy.