En el mapa del fútbol europeo, Bulgaria suele ser un punto desconocido para el radar argentino. Sin embargo, en Stara Zagora, una ciudad con más de 2000 años de historia, el idioma que domina el vestuario del PFC Beroe no es el búlgaro, sino el español. Detrás de esta rareza geográfica y deportiva está Hernán Bañato, un exrepresentante de futbolistas que decidió cruzar el mostrador y convertirse en dueño y presidente de una institución con tradición, pero necesitada de una visión global para progresar.
Bañato, quien forjó su carrera en la agencia CRD Sport manejando nombres como los ecuatorianos Jordy Caicedo y Arturo Mina, conoce bien los pasillos del fútbol sudamericano. Tras un intento fallido de desembarcar en el Deportivo Cuenca de Ecuador, encontró su oportunidad en los Balcanes de manera casi accidental. “Yo trabajé como agente durante 20 años y conocía la liga búlgara. Surgió la posibilidad de ver un club que se estaba vendiendo en Bulgaria y, aunque al principio no funcionó, me sugirieron el Beroe. Vimos que era un club de una ciudad entera, con muchos años y mucha historia. No lo dudamos”, recordó.
Lo que siguió para el exrepresentante fue una carrera contra el reloj que rozó la locura: adquirieron el club el 12 de junio de 2023 y el campeonato empezaba apenas un mes después, el 14 de julio. “No teníamos cuerpo técnico, ni jugadores, ni ropa. Tuvimos que salir a correr de un momento para el otro y llevé una primera camada de 14 argentinos. Fue bastante violento y no salió del todo bien”, le admitió Bañato a LA NACION.
Para Bañato, el fútbol no es solo pasión, sino una estructura de mercado clara. El Beroe funciona hoy como una plataforma para aquellos talentos que en Sudamérica quedan marginados por la ausencia del resultado inmediato o porque hubo otros chicos que fueron mejores que ellos. “En Argentina o Brasil, los dirigentes y entrenadores no siempre se la juegan por los chicos jóvenes. Nuestro proyecto está orientado a ellos, a los que no tuvieron oportunidades en otros lugares”, explicó.
El listado de los argentinos que pasaron por Beroe incluye a Rodrigo García Accinelli, Luciano Squadrone, Thiago Ceijas, Kevin Ceijas, Segundo Pachamé, Enzo Espinoza, Gianni Politino, Franco Ramos Mingo, Francesco Celeste, Enzo Hoyos, Juan Pablo Lungarzo y Santiago Godoy. Y en la actualidad están Valentino Quintero, Juan Salomoni (es el capitán), Vicente Longinotti y Facundo Alarcón.
“Nosotros sabemos que hay muchos jugadores argentinos con talento. Argentina es un país muy productor de futbolistas y tanto Brasil como Uruguay también. Lo que pasa es que hay muchos que no tienen las oportunidades porque hoy en el fútbol mandan los resultados en todos lados y cada vez es peor”, argumentó.
La apuesta es lógica: Bulgaria es una liga de “tercera o cuarta línea” en Europa, pero ofrece algo que muchas veces los clubes argentinos no hacen: el roce de la primera división y la exposición directa al mercado europeo. “Bulgaria es un país muy cómodo para vivir, aunque está fuera del radar de los argentinos y de los sudamericanos, porque nadie viene de vacaciones acá. Si un jugador sudamericano explota un poquito acá, puede brillar mucho más fácil que en otras ligas competitivas. Es una oportunidad de mercado para dar el salto a un club más grande”, señaló.
Asimismo, Bañato explicó la importancia de aplicar un modelo de subsistencia y crecimiento basado en la venta de futbolistas: “Los clubes chicos se mantienen únicamente cuando pueden vender jugadores, si no son deficitarios siempre. Es la única manera de crecer que conozco”.
“Nosotros fuimos a trabajar, a hacer un equipo de fútbol y a traer jugadores para mostrarlos y que se potencien. De esta forma, los podemos vender, traer mejores y volverlos a revender. Es la única manera de crecer que yo conocí en el fútbol y es la única que me entra en la cabeza porque ningún club se puede mantener por sí solo salvo los grandes”, detalló.
Si hubo un momento en que el Beroe ocupó las portadas de los medios argentinos, fue con la contratación de Sebastián Villa en noviembre de 2023. Luego de recibir una condena de 2 años y un mes por violencia de género, que derivó en su posterior salida de Boca Juniors, el colombiano encontró un refugio en la ciudad de Stara Zagora.
“Fue una cosa muy fuerte lo de Sebastián (Villa). Fue una oportunidad que surgió en su momento por sus temas personales. Tengo la suerte de contar con un gran equipo de trabajo en todo sentido (scouts, parte legal y de acompañamiento diario) que es muy profesional. Cuando se dio la oportunidad todo mi equipo de trabajo me decía ‘estás loco, no lo hagas porque vamos a tener unos problemas grandes’. Tenerlo en el club fue tocar el cielo con las manos”, reveló a LA NACION.
El impacto de Villa en Beroe no fue solo deportivo sino también económico. “Fue una apuesta muy grande y mediática. Nosotros, lo que queríamos, era contar con Sebastián en el club y nos regaló una gran calidad de fútbol en el tiempo que estuvo y lo disfrutamos. Nos dejó un rédito económico que nos ayudó para el crecimiento del club tras unos primeros seis meses muy complicados”, detalló sobre la transferencia del delantero a Independiente Rivadavia en junio de 2024.
Por otra parte, Bañato es consciente que adaptar el “gen” argentino a la idiosincrasia búlgara no fue tarea sencilla y consideró que el primer obstáculo siempre fue el clima. “Lo más chocante es el frío y la nieve. A nuestros jugadores les costaba mucho jugar bajo fuertes nevadas”, relató. A esto se sumó la barrera del idioma, aunque el dirigente sostuvo que el fútbol tiene sus propios códigos universales.
Pero quizás lo más curioso fue la adaptación disciplinaria. En Argentina, el diálogo (y a veces el roce) con el árbitro es parte del folklore. En cambio, en Bulgaria es motivo de sanción inmediata. “Los árbitros nos miraban como extranjeros y era difícil comunicarse. El jugador sudamericano le habla mucho al juez. El primer año tuvimos más de 100 tarjetas amarillas y un montón de rojas porque el árbitro allá no te conversa de igual a igual como en Argentina”, explicó entre risas.
La ambición inicial de poblar el Beroe con una legión argentina se topó de frente con una realidad ineludible: el desarraigo no es para cualquiera. Bañato admitió a este medio que el proyecto debió recalibrarse ante las dificultades de adaptación que sufrieron muchos de los futbolistas que cruzaron el Océano Atlántico. “Fueron bajando los argentinos en el club y fuimos subiendo un poco más la cantidad de europeos”, explicó el dirigente, reconociendo que el choque con las costumbres locales fue imposible de superar en varios casos.
La experiencia acumulada en estos años dejó lecciones marcadas por la fugacidad de algunos pasos por el club. El dueño del Beroe reconoció que tuvieron “algunas malas experiencias” con jóvenes que, ilusionados por la posibilidad de jugar en Europa, no dimensionaron la dureza del entorno. “Nos ha pasado que muchos chicos han venido, estuvieron un mes y se volvieron porque no se adaptaban al lugar, a las costumbres, al frío y al idioma”.
“Es un club que se está estructurando en un país que tiene costumbres completamente diferentes. Por eso fue que fuimos bajando un poco (la cantidad de argentinos) y eligiendo un poco más al jugador que traemos de Sudamérica porque nos costaba bastante traerlo. No es un movimiento fácil para nosotros como club traer jugadores de afuera”.
La estructura del club refleja esa diferencia en comparación con los equipos de otras ligas del continente. Mientras que un equipo grande de Europa cuenta con un ejército de colaboradores, el Beroe mantiene la esencia de club de barrio: “Somos un club chico. Nuestro utilero es uno solo, no tenemos diez para cada jugador. Pero les damos todo lo que podemos para que se sientan cómodos”, afirmó.
“Me gustaría que la gente acompañara en los estadios como en Argentina, con esa pasión infernal. Allá los partidos se juegan con muy poca gente. Nosotros somos un club chico, no se venden tantas camisetas, no tenés tanta gente en el estadio y la televisión no te paga tanto dinero. Otra cosa me gustaría replicar de nuestro país es que la gente sea socia de los clubes para poder acompañar al equipo en todo sentido, no simplemente ser hincha sin voz ni voto”.
Su sueño, sin embargo, es ambicioso: volver a meter al Beroe en una copa europea y repetir la hazaña de 1979, cuando el club logró vencer a la Juventus en la Recopa de Europa. “El año pasado estuvimos a un punto de meternos en una copa europea. Este año las cosas en los primeros seis meses no nos salieron nada bien. Tuvimos muchas bajas por lesiones. Esperamos que en la segunda etapa nos vaya mejor porque realmente estamos en una zona complicada de la tabla”.
“Clasificar a una competición europea te inyecta otro ingreso y dependiendo también la cantidad de partidos que vayas pasando se va incrementando. Estamos poniendo la marca Beroe en el mundo entero”, concluyó Bañato. En el frío de Bulgaria, el sueño argentino sigue encendido, con la convicción de que el talento siempre termina encontrando su camino, si se le da una vidriera adecuada.



