Faustino Oro, con 12 años, ya es invitado y come en la mesa del mejor ajedrecista del mundo y uno de los mejores de la historia. Y en su casa de Oslo. El chico argentino revolucionó el ajedrez con sus resultados en el tablero desde tan pequeño y hasta Magnus Carlsen, el número 1 de la disciplina, se rinde a su talento, más allá de que le haya ganado en la partida rápida informal que disputaron este martes. Si para muchos esa cita con el noruego puede ser premonitoria de un cambio de posta generacional en algún momento, más trascendente es el significado de estar cara a cara con la leyenda vigente que domina ese deporte y lo llenó de elogios.
“Faustino es mucho mejor de lo que era Messi a los 12. Está en una buena senda, debe disfrutarlo. Un día, Messi va a tener suerte de ser comparado con él”, describió quien acumula 20 títulos mundiales en tres especialidades (5 en partidas clásicas, 6 en rápidas y 9 en blitz). Rendido a su mentalidad, Magnus continuó: “Creo que es un gran jugador y tiene un maravilloso sentido posicional, algo bastante raro entre jugadores tan jóvenes. Parece que le encanta el ajedrez, que lo ama”.
Convocado por los responsables de “Take, take, take”, para participar de un encuentro con Carlsen en los salones de la empresa de la que el propio jugador europeo es uno de los dueños, y disputar además un torneo de rápidas denominado “Title Tuesday”, la invitación en sí es una distinción para Oro. Se trata de un reconocimiento para Faustino y la prueba significativa de que el mundo del ajedrez, incluido el mejor de ellos, está pendiente de la evolución de la mayor promesa del planeta.
Aunque perdió esa partida informal, vista con más ternura que rigor deportivo por los principales analistas de los trebejos, Faustino pudo conocer de cerca y congeniar con su ídolo ajedrecístico. Eso seguro será un aliciente para él, un carbón fogonero más para impulsar su carrera. Por lo pronto, Oro va en sintonía con uno de los principales objetivos de la empresa, que fundamentalmente trabaja en hacer que el ajedrez sea un deporte de masas.
En el Mundial de Doha de diciembre pasado, el argentino hizo historia al convertirse en el jugador más joven del mundo en superar los 2500 puntos de Elo en las tres modalidades oficiales del ajedrez: clásicas, rápidas y blitz. Tiene estatus de Gran Maestro sin todavía serlo. Es Maestro Internacional, a los 12.
Desde la plataforma se favorecen, promocionan y organizan torneos de ajedrez rápido y otras modalidades populares, diferentes del clásico. El nombre “take, take, take” es una referencia para capturar piezas una tras otra, como a veces se hace en el ajedrez rápido. El torneo “Title Tuesday” (nótese la aliteración) es un torneo rápido online, cuya primera edición del año se disputó con una grilla de más de 400 jugadores, entre los que destacan varios de los mejores maestros del mundo, y qué, cuando no, ganó Carlsen. Participó Faustino, claro, y ocupó el puesto 40.
El torneo presenta algunas originalidades: los jugadores mediáticos, como Carlsen y el mismo Faustino, juegan en una cabina aislada con una cámara que los filma y dan sus impresiones y comentarios a la vez que van jugando. Finalizado el certamen, Carlsen y Oro participaron de una entrevista conjunta, en la que el noruego dio su opinión acerca de Faustino. Fue allí donde surgió aquella comparación con Lionel Messi que retumbó dentro y fuera de los salones y de las cabinas, y se expandió por las redes sociales.
Carlsen confesó su admiración por el hecho de que lo veía jugar muy bien muchas partidas rápidas y que eso era más importante que lograr récords. Faustino se mostró de acuerdo, pero conserva la humildad e inocencia que lo hace especial. “Lo hago para divertirme, jugar y progresar”, aseguró el niño, en un inglés muy fluido. Orgulloso de la semejanza, Oro prefirió subrayar que le gusta “el fútbol y ver jugar a Messi”. La admiración se nota en la mirada y en las palabras. Acaso tanto como verlo de cerca al rey del ajedrez.
“Jugamos una partida a 3 más 2 (tres minutos para uno, más dos segundos por movida). Estaba bien yo, pero perdí. Y luego jugamos en las oficinas en Oslo. La sala es brutal y desde la mía podía ver Magnus, que estaba en otro cuarto”, contó Faustino en una transmisión en vivo desde su canal de YouTube. Mientras disputaba las 11 rondas con una computadora, auriculares y el micrófono para hablarle a la gente, a lo largo de casi 2 horas y media, tuvo tiempo de disfrutar del contexto sin perder de vista a su ídolo, que ganó esta edición del torneo que se lanzó modestamente cuando Oro tenía apenas un año para que los jugadores ganaran premios. Uno, el certamen, y otro, el chico argentino, crecieron mucho en este tiempo. Ya son reconocidos en el mundo entero.



