Independiente no jugó nada mal. Hizo lo que tenía que hacer, entre las nubes y bajo la lluvia: sentido común, criterio, fortaleza mental. Sin embargo, se quedó con las manos vacías: dos cabezazos letales (el primero, con complicidad de Rodrigo Rey; el segundo, una inspiración inesperada) lo derrumbaron en el tramo final del espectáculo.
El Rey de Copas cayó por 2 a 0 contra Nacional Potosí en su presentación en la Copa Sudamericana. El partido fue dirigido por Edina Alves Batista, árbitra de Brasil, de muy buena tarea y con más de 140 actuaciones sobre su espalda. En el mismo grupo, el A, Boston River y Guaraní terminaron 3 a 3 en un choque electrizante.
Nacional Potosí, de Bolivia, juega como local en el estadio Víctor Agustín Ugarte, que cuenta con una capacidad para 32.000 espectadores y se encuentra 3885 metros sobre el nivel del mar, uno de los más altos del mundo. Pero no había mucha gente; apenas unas 8000 personas.
Esa cancha multiusos ubicada en la ciudad de Potosí se encuentra en el suroeste boliviano y es el segundo estadio en cuanto a altura autorizado por Conmebol para competencias internacionales. Construido en 1992 con una pista de atletismo entre las tribunas y el campo de juego y remodelado por última vez en 2008, previamente se lo conoció con otras dos denominaciones –San Clemente y Mario Mercado Vaca Guzmán– hasta adquirir el nombre actual, en homenaje a uno de los delanteros más importantes de la historia de Bolivia, que integró el seleccionado campeón de la Copa América en 1963 y tuvo un paso fugaz por la Argentina, en San Lorenzo.
Aunque Víctor Agustín Ugarte falleció en 1995, su leyenda continúa vigente en la cancha de 103 metros por 66 en la que jugó Independiente, un terreno con poco paso en algunas zonas y con algunos pozos en otras. Para llegar hasta allí, la delegación de la entidad de Avellaneda tuvo que emprender un camino de casi 160 kilómetros en camionetas 4 x 4 desde Sucre, para trepar los 1100 metros que separan a ambas ciudades, con paradas para refrescarse un poco. La travesía tuvo lugar en 16 camionetas equipadas con agua y oxígeno.
Los jugadores, el cuerpo técnico y algunos dirigentes fueron repartidos de a tres en los vehículos equipados con los elementos de precaución para desafiar un camino por momentos sinuoso y peligroso, casi sin señal de telefonía, y escoltados por la policía.
El partido tuvo las típicas características de un escenario con altura. La pelota fue habitualmente por el aire, el control para los jugadores argentinos fue un poco indescifrable, el equipo local avanzó con una determinación elocuente y el visitante prefirió movimientos parsimoniosos.
El rigor físico fue un examen durísimo para todos, incluidos los jóvenes. Como Santiago Hidalgo, de apenas 20 años pero totalmente ahogado. El delantero fue reemplazado durante el primer capítulo por Pablo Galdames, que suele jugar algo más retrasado, en la contención. Lo mejor de Independiente ocurrió cuando tenía el dominio del balón, con paso cansino y prolijo, y puntos altos en Kevin Lomónaco, Álvaro Angulo, Iván Marcone y Luciano Cabral.
En esos pasajes, mientras los minutos transcurrían, el Rojo se sentía más fuerte. Adaptado un poco más a las inclemencias del clima –llovió con insistencia– y el contexto. Mano a mano, Nacional Potosí no pareció en ningún momento un equipo peligroso, temible.
La jugada más clara para el conjunto argentino fue un bombazo de Felipe Loyola (esta vez, como defensor lateral derecho) que chocó contra el travesaño; el chileno venía de marcar dos goles contra Godoy Cruz en un 4-0 en Avellaneda. La acción había comenzado con un tiro libre de Santiago Montiel, que había encontrado una respuesta dubitativa del arquero Said Mustafá. Estaba bien Independiente, seguro, como si jugara en su casa.
Compacto de Nacional Potosí 2 vs. Independiente 0
Jorge Rojas, solo frente a Rodrigo Rey, elevó un remate; la pelota rozó un palo y se fue. Esa era la situación: más allá de la digna tarea roja, un pelotazo en estas circunstancias podía cambiarlo todo. Ignacio Maestro Puch convirtió al rato, pero estaba off-side. Y pasó de todo en los últimos minutos. Como un cabezazo goleador de Víctor Abrego, que aprovechó una salida en falso de Rey.
Independiente se derrumbó. Dubán Palacios hizo magia por el sector izquierdo y tiró un centro que cabeceó Diego Diellos, un argentino de 31 años, de paso anterior por San Telmo. Cayó Independiente, pero sigue de pie.