Después de esta noche nunca más se lo verá a Lionel Messi enfundado en la Albiceleste. Y desde mañana, nadie se animará a asegurar cuándo se volverá a disfrutar de un estadio lleno en la Argentina para un amistoso de la selección. Van de la mano, claro, sin el imán, la atracción ya no será la misma. Ocurrió en Córdoba ante Bolivia —y solo con la mitad de la capacidad del Kempes habilitada—, y sobraron butacas contra Burkina Faso en Núñez. Para la despedida del capitán se hubiesen colmado cinco canchas de River consecutivas. Esa cosecha se acaba, se va Messi, y si la AFA no replantea su estrategia, seguirá rompiendo el juguete.
Los calendarios no ayudan, es cierto, y la oferta de rivales es limitada, pero otras federaciones se las ingenian. Los europeos blindan las fechas entre sí con la Nations League, pero aparecen algunas ventanas que la AFA nunca aprovecha. Este año, no en otra era, en 2026, Brasil y Colombia entrecruzaron amistosos con Francia y Croacia; Uruguay se enfrentó con Inglaterra, Paraguay con Marruecos y Ecuador con los Países bajos. Es más, durante estos días, las selecciones sudamericanas se midieron con Japón, Corea del Sur, México, Australia y los Estados Unidos. No pertenecen a la elite, pero a lado del Sub 23 de Burkina Faso son los “Galácticos”. Incluso, el domingo pasado, Marruecos se enfrentó en un amistoso con Malí, en Tánger. ¿Y sí se organizaba…? No, Marruecos tiene un valor. Y en la AFA manda el apetito económico para acaparar todo, recaudación, ticketing, derechos, sponsorship, hospitality y demás. Entonces, el rival debe ser dócil, y así se acumularon tantos partidos chatarra. Total, con sacarse una selfie con Messi los visitantes ya estaban contentos. Ese es el contexto que la AFA le regala al mejor de la historia en su adiós.


