Una fiesta en la Fortaleza, una noche mágica de Lanús. Una victoria trabajada, en la que el orden y la disciplina para anular la jerarquía de Flamengo se combinaron con el fuego sagrado para atacar. El triunfo por 1 a 0 en el partido de ida de la final de la Recopa Sudamericana premió al que con menos estrellas individuales hizo y buscó más. Dentro de una semana, el desquite: para el club granate, la gloria está a un paso.
Con intensidad y agresividad futbolística, Lanús atropelló a Flamengo en el comienzo y en el final. Con acciones de pelota parada mostró que podía lastimar; un tiro libre que peinó Eduardo Salvio fue convertido en gol por Rodrigo Castillo, pero el delantero estaba off-side y el árbitro venezolano Alexis Herrera invalidó el tanto. Después, tras una guapeada de Castillo y una asistencia de Marcelino Moreno, Salvio exigió a Agustín Rossi.
El juego directo de Lanús vs. el control de Flamengo, que no presentó una referencia de ataque. Jorge Carrascal fue quien se posicionó entre los zagueros centrales de Lanús, pero cuando el cuadro carioca tenía el control, el colombiano no ofrecía ubicación para ser detectado y así el resto de los volantes ofensivos, Luíz Araújo, Giorgian De Arrascaeta y Everton Cebolinha, intercambiaban espacios en el frente de ataque. Como cuando visitó a Estudiantes por la Copa Libertadores el año pasado, Flamengo desarrolló un juego displicente, con sucesiones de pases pero lejos del arco ajeno. La mejor oportunidad fue de Everton Cebolinha en un mano a mano contra Nahuel Losada, que respondió en gran forma y evitó la caída; el arquero, en el segundo tiempo y en una salida apresurada, estuvo a tiro de derrumbar la tarea, pero Carlos Izquierdoz corrigió.
En los papeles se trataba de un duelo sin equivalencias, porque la jerarquía individual de Flamengo es abrumadora. El plantel es equiparable a una selección. La repatriación de Lucas Paquetá refleja el desequilibrio económico: 50 millones de dólares desembolsó ante West Ham, de Inglaterra, la cifra más importante no solo del mercado brasileño, sino la más destacada entre todos los clubes sudamericanos. Lanús no alcanzaría ese monto transfiriendo a sus dos futbolistas más valorizados en una misma operación: Marcelino Moreno y Rodrigo Castillo.
El entrenador Filipe Luís reservó piezas el fin de semana frente a Botafogo, aunque entre los que ahora son alternativos asomaron Danilo –autor del gol en la final con Palmeiras de la Libertadores 2025–, Carrascal, Bruno Henrique, Gonzalo Plata; otros apellidos que tienen chapa internacional, como los de los uruguayos Guillermo Varela y Nicolás De la Cruz y Alex Sandro no estuvieron ni en el banco de relevos, mientras que Jorginho y Saúl Iñíguez se recuperan de lesiones.
La rivalidad argentino-brasileña que se agitó en las últimas horas con la polémica por una supuesta agresión racista de Gianluca Prestianni a Vinícius Jr. en la Champions League entre Benfica y Real Madrid no tuvo en el campo ni en las tribunas de la Fortaleza un correlato. Rossi hizo la entrada en calor en el arco que daba a la barra de Lanús y más tarde los silbidos acompañaron al resto del plantel cuando hizo el ingreso al terreno. Los hinchas granates compartieron choripanes en una plaza con los del Mengão. Conmebol, en 2026, refuerza el compromiso estricto contra el racismo y la discriminación, lanzado bajo la campaña “El respeto es titular”; a la aplicación de sanciones disciplinarias a los jugadores se suman severas penas que contemplan también ataques que pudieran provocar hinchas: cierre de tribunas y multas económicas son los castigos.
Lo mejor del partido
Sostener el ritmo era la premisa de Lanús, y aunque pareció que Flamengo tenía otros planes, sacó fuerzas para adueñarse del primer chico. Para desactivar los ataques por las bandas, el DT Mauricio Pellegrino modificó a los dos volantes externos, con Dylan Aquino y Matías Sepúlveda, que con un tiro libre exigió a Rossi. Otro gol anulado a Castillo –vía VAR– levantó al público contra el árbitro. Pero el goleador tenía una bala más y de cabeza martilló la pelota tras una asistencia de Sasha Marcich. Y la tercera fue la vencida y la que desató la fiesta en el autoproclamado “club de barrio más grande del mundo”.



