Banfield y Tigre jugaron este viernes un partido que pareció diseñado por el destino en el inicio de la fecha 12 del torneo Apertura. Dos equipos involucrados en resonantes polémicas cara a cara con el árbitro Luis Lobo Medina, justo un día después de que una denuncia dejara al juez salpicado por unos presunto chats en los que se sugiere la intención de favorecer al Matador en 2021 en la Primera Nacional. Y ahora el tucumano dirigía en la cancha del Taladro, damnificado por sanciones grotescas del referí en sus encuentros con Barracas Central y Aldosivi del año pasado, por ejemplo. Esta vez, al local le tocó festejar: 1-0.
La gente de Banfield, sin embargo, no olvida. Siente todavía en carne viva el perjuicio sufrido en aquellas dos derrotas. “Tomala vos, damela a mí, vamos a matar un referí”, retumbaba en el estadio Florencio Sola pocos segundos antes de que se escuchara el silbatazo de Lobo Medina para poner en marcha el duelo. Entre murmullos y silbidos, los fanáticos esperaron bajo tensión el desafío.
Dispuesto a establecer su voz de mando, el árbitro no dudó de sacar varias veces la tarjeta amarilla ante las primeras faltas fuertes. Con autoridad, justo. Incluso, se la mostró a Alfio Oviedo, de Tigre, cuando le arrancó la camiseta a Danilo Arboleda, de Banfield, en la espera de la ejecución de un córner, mientras los jugadores se empujaban y se agarraban en el área. La pelota todavía no estaba en juego, pero los fanáticos de Banfield pedían penal. Tras la ejecución y un cabezazo por encima del travesaño, los insultos resurgieron bajo la lluvia, ya con el presidente de la AFA como foco: “Chiqui Tapia botón, Chiqui Tapia botón, sos un hijo de p…”. Hay una marcada sensibilidad frente a los fallos arbitrales que atraviesa a todo el fútbol argentino. Y el fanatismo, además, suele correr los límites.
El gol de Tiziano Perrotta, de cabeza, no dejó dudas. Estaba habilitado cuando salió el centro de David Zalazar que conectó el delantero entre dos defensores y no hubo margen para reclamos ni decisiones equívocas. La cadena de malos despejes había dejado expuestos a los visitantes. Antes de cumplirse media hora, el 1-0 le daba al local una alegría que dejaba en segundo plano el estado de bronca con Lobo Medina, que cerró ese primer tiempo con dos amonestados por equipo.
Nicolás Meriano, uno de ellos, duró en la cancha sólo un puñado de minutos de la segunda etapa. Golpeó de atrás con una plancha a Nacho Russo y el juez enseguida le mostró la segunda tarjeta amarilla y la roja. Nadie se atrevió a discutir. Pedro Troglio, el DT del Taladro, se tomó la cabeza, pero no por sentir que era injusto el fallo. Banfield debía jugar 40 minutos más con un futbolista menos.
El juego se puso más áspero, a prueba del rigor del árbitro, que tenía encima todas las lupas. Más que nunca. Tal vez por eso, Mauro Méndez pidió una amonestación tras recibir una falta, pero se la llevó él. Lobo Medina no quería escuchar a nadie. De todos modos, en general los protagonistas le simplificaron bastante el trabajo con su comportamiento. Solamente una plancha de Russo contra Ignacio Pais, que no dio de lleno en el rival pero fue imprudente y muy fuerte, quedó en el debe del tucumano: no propició una tarjeta, de ningún color. La roja, por lo peligroso de la barrida, no habría sido muy objetable.
En el final, Tigre fue por el empate con más empuje que ideas. Replegado, Banfield resistió en medio del diluvio y el aliento de su gente. En ese contexto, más allá de las amonestaciones y la expulsión, el árbitro que por estas horas está en boca de todos se mantuvo por debajo del radar hasta el pitazo final.



