River no arranca: sigue jugando muy mal. No tiene juego, no tiene potencia ofensiva, sigue en la instrascendencia con la que terminó 2025. Empató sin goles con Peñarol en Uruguay, en uno de los grandes clásicos del fútbol sudamericano, en su último amistoso antes del Torneo Apertura. Más tarde, hubo una definición por penales, que ni los hinchas sabían: muchos se habían ido. El partido fue por la Serie Río de la Plata.
Al final, fue una alegría de verano para River, que se impuso por 4 a 2 en los penales, después de un deslucido 0 a 0. En River marcaron todos: Salas, Galoppo, Galván, Subiabre. El pibe Beltrán, el arquero que reemplaza a Franco Armani, contuvo uno: a Ignacio Alegre.
El equipo al que dirige Marcelo Gallardo empezó con buenas sensaciones la pretemporada, en la victoria por 1 a 0 sobre Millonarios, de Colombia; Fausto Vera (desde el comienzo) y Matías Viña (un puñado de minutos), dos de los tres refuerzos, hicieron su presentación. Contra Peñarol, fue un paso atrás: jugó mal de principio a fin.
El triunfo sobre Millonarios
River está obligado a superar su errático 2025, que cerró sin trofeos, con múltiples derrotas y sin alcanzar la clasificación para la Copa Libertadores.
Gallardo aprovechó la última prueba para darles minutos a algunos jugadores que no hicieron su estreno en 2026. Y probó variantes rumbo al debut del próximo sábado a las 17, frente a Barracas Central y como visitante, en el certamen local.
Los primeros minutos fueron de estudio. River intentó progresar en ataque con el antiguo fuego ofensivo de Gallardo, pero sin la fortaleza de la actualidad. Peñarol, en cambio, es una formación sólida, estructurada. Cada avance lo hace con un pensamiento previo.
Beltrán; Montiel, Martínez Quarta, Rivero y Viña; Vera, Moreno (los últimos tres, nuevos en el plantel millonario) y Castaño; Quintero; Colidio y Driussi fue el equipo titular millonario, con algunas certezas que seguramente se van a repetir en el torneo local.
Antes de los 10 minutos, se lesionó Abel Hernandez, de 35 años y una de las esperanzas para la nueva temporada de Peñarol. Trabó la pelota con el juvenil arquero Beltrán y no pudo seguir. Fue reemplazado por Facundo Batista, con la camiseta número 9.
Dos cuestiones interesantes se vieron de River durante el primer tramo del espectáculo. Primero, la voz de mando de Moreno, desde el círculo central, suerte de nuevo líder del equipo. Y segundo, se busca la presión alta, en continuado, una de las razones del éxito del primer ciclo de Gallardo en River.
El partido se jugó con el cuchillo entre los dientes, fricciones, discusiones, polémicas. Como si tratara de un clásico sudamericano de los años ochenta. Nadie dio una pelota por perdida, como si se tratara por los puntos.
River se mostró más rápido, más incisivo, más seguro que en el triunfo por 1 a 0 sobre Millonarios, en el primer ensayo estival. De todos modos, no tuvo puntería ni creatividad en los metros finales, un mal que lo persigue desde hace un año.
Y además, fue de mayor a menor. La fórmula Vera-Moreno mostraba el colmillo, pero luego se fue diluyendo, como todo el equipo, que además entró en el juego de los roces que propuso Peñarol. Vera, de a ratos, se mostró sobrepasado por la situación.
La mejor situación ocurrió en el final del primer capítulo, con la búsqueda al vacío de Viña, el uruguayo que ocupa el lateral izquierdo. El remate, de todos modos, fue decepcionante. La asistencia fue de Juanfer, desaparecido en buena parte del desarrollo.
River hizo un solo cambio en el arranque de la segunda mitad, a diferencia de Peñarol, que realizó tres; entre ellos, el debut de Gaston Togni. La modificación millonaria es todo un síntoma: Maximiliano Salas por Sebastián Driussi, deslucidos uno y otro.
El ingreso de algunos juveniles de River, como Ian Subiabre, Santiago Lencina y Tomás Galván (algo más grande, de 25 años) le dieron una inyección de optimismo al ataque millonario, con otra energía y determinación. De todos modos, River seguía en una exagerada intrascendencia.
Subiabre, con destellos, fue lo mejor del equipo, a tal punto que tuvo una ocasión clara de gol, evitada por el arquero Sebastián Britos. Y así siguió hasta el final: detalles de un River que sigue en construcción. Hasta que llegaron los penales.



