RÍO DE JANEIRO.- Esta mañana, catorce horas después de que la organización del ATP 500 carioca se resignara por la lluvia que anoche se derramaba en la ciudad y anunciara la cancelación de las semifinales, Tomás Etcheverry y Vit Kopriva volvieron a pisar el polvo de ladrillo del court central Guga Kuerten. El checo tenía la responsabilidad de servir para set y pudo cerrarlo (6-4). Pero el platense reaccionó, se llevó el segundo set en el tie-break, luego se sobrepuso a una nueva interrupción (esta vez, por el calor extremo, durante una hora y media) y cerró el partido por 4-6, 7-6 (7-2) y 7-6 (7-4). Fue el encuentro de las más de 22 horas: es el tiempo que transcurrió desde su inicio, ayer a las 17, hasta el final de este domingo.
Después de semejante desgaste físico y emocional, Etcheverry se derrumbó sobre el polvo de ladrillo, exhausto y feliz. Pero no tiene descanso. Hoy mismo jugará la final ante el chileno Alejandro Tabilo, que hoy también comenzó su desafío a las 11 y, muy rápido, en una hora y doce minutos, superó al peruano Ignacio Buse (se lo observó sofocado y disminuido físicamente) por un doble 6-3. Mientras Tabilo terminó su desafío antes de las 12.30, el bonaerense lo hizo pocos minutos después de las 15. La final individual de este domingo estaba programada para no antes de las 17.30, pero el inicio se retrasará porque antes se juega la final de dobles, que involucra a João Fonseca (y a Marcelo Melo) y, por ende, no saldrá del estadio central.
Con tantas situaciones periféricas que obstaculizaron la fluidez del juego, la mayor virtud de Etcheverry fue sostener la lucidez en los momentos clave y adaptarse, precisamente, a las variantes emocionales. El revés de Kopriva fue una pesadilla durante todo el match: ostentó mucha habilidad con ese impacto. Pero el argentino, que es preparado físicamente por Nicolas Sac (del equipo del destacado PF Martiniano Orazi) y rehabilitado por el kinesiólogo Andres Romañuk, encontró huecos para entrar y martillar, poco a poco, la confianza del rival.
En el tercer set, después de la detención por la alta combinación de temperatura y humedad (una nueva regla que dispuso la ATP desde este año), el jugador entrenado por Waly Grinovero vivió un momento de peligro al sacar 3-2 abajo y 0-30, pero logró defenderse y sostener su servicio (3-3). En el noveno game, asimismo, sacando 4-4 y 30-30, al europeo lo acompañó la fortuna: un drive se desvió en la faja y la pelota cayó muerta del otro lado, Etcheverry maldijo y, al punto siguiente, Kopriva se adelantó 5-4. Siguieron luchando, retándose al límite y llegaron al tie-break, después de haber ganado, cada uno, 107 puntos. Y en el desempate Etcheverry fue más oportuno, hasta terminar de desanudar un desafío muy demandante.
Etcheverry, de 26 años y octavo preclasificado del Río Open, mantuvo la presencia argentina en la final de Río de Janeiro por tercera edición consecutiva (Sebastián Báez le ganó a Mariano Navone en 2024 y, el propio Báez, a Alexandre Muller en 2025). Kopriva, que buscaba su primera final del ATP Tour, llegó a la definición ante Etcheverry como sin ceder sets en la semana. Tendrá un destacado salto en el ranking, de 22 lugares, hasta el 65° (su mejor posición había sido 78°).
El platense estiró su racha a 19 victorias consecutivas contra jugadores clasificados afuera del top 50. Ante Tabilo, a quien derrotó la semana pasada en los cuartos de final del ATP de Buenos Aires (1-6, 6-3 y 6-4), Etcheverry jugará la cuarta final de su carrera, con el deseo de ganar su primer título. Hasta aquí cayó en las de Santiago y Houston 2023, y Lyon 2024. Se aseguró un valioso ascenso en el ranking, hasta el 36° (+15). Pero quiere más. Si, en este corto período hasta volver a pisar el court central carioca, puede recuperar el aliento y refrescar las ideas, estará ante un día inolvidable.



