Vuelve el fútbol argentino. A simple vista, es una buena noticia: los equipos de nuestro medio salen a la cancha después del receso estival, una antesala casera del Mundial de los Estados Unidos, México y Canadá. El formato no ayuda: la Liga Profesional insiste con la participación de 30 equipos, divididos en dos zonas, con cruces mano a mano para definir al campeón desde los octavos de final. El mismo sistema que consagró a Estudiantes (contra todos, contra todo) en el cierre de 2025, se renueva ahora con el torneo Apertura.
El problema es todo lo demás: a menos de cinco meses de la defensa del título de la selección en Qatar, nadie habla de fútbol. Del juego, de los refuerzos, de la ilusión renovada.
Es que el Clausura estuvo motorizado por las sospechas. Equipos cercanos al poder, árbitros cómplices (o víctimas) de esa situación y un tufillo de suspicacias que embarraron la cancha en casi todas las fechas. De lo urgente a lo importante: de fondo, la desteñida imagen de Claudio Tapia, el presidente de la AFA, investigado por supuestos hechos ilícitos. Todos los días se conocen nuevas investigaciones de casos millonarios.
¿Cómo será “recibido” el dirigente que solía tomar mate con Lionel Messi y Rodrigo de Paul (y lo rubricaba en un posteo) en la previa de cada partido de la selección? No solo fue cuestionado a viva voz con cierta dureza en la mayoría de los escenarios en el final del torneo anterior, sino que excedió el ámbito futbolero. En los recitales de música, por ejemplo (Andrés Calamaro fue testigo en el Movistar Arena), se entonó la misma canción.
Los hinchas desconfían. Como nunca antes.
Suele decirse en el folclore del fútbol (rubricado con episodios sobre el césped) que hay equipos cercanos al poder, como Barracas Central (el poder mismo, el hijo de Tapia, Matías, preside la institución del sur de la Ciudad de Buenos Aires), Rosario Central, Deportivo Riestra, Central Córdoba de Santiago del Estero, Tigre y Argentinos Juniors. Ninguno de los cinco grandes. El enemigo público número 1 es el Estudiantes del crítico Juan Sebastián Verón, el conjunto que en el tramo final se consagró campeón. Tiempo atrás, alguien que supo combatirlo, como Andrés Fassi, el presidente de Talleres, se rindió a sus pies. Defensor de un modelo empresarial, hoy es funcional.
Las tareas de los árbitros encabezan las sospechas. Fallos controvertidos, diferentes criterios para sancionar una idéntica acción, desempeños inconsistentes de quienes son designados para actuar en el VAR atraviesan al plantel que lideran Federico Beligoy, titular de la Dirección Nacional de Arbitraje y secretario general de la Asociación Argentina de Árbitros, y Fernando Rapallini, en la función de secretario técnico. Durante el verano, que suele ser un momento óptimo para realizar una pretemporada, revisar conceptos y buscar una mayor transparencia, el silencio fue una marca registrada. No se supo nada de ellos públicamente. Tapia-Toviggino fueron la portada exclusiva, al descubrirse una seguidilla de supuestos ilícitos.
Los cuestionamientos sobre los desempeños arbitrales avanzan: se perdió credibilidad. Hay casos testigos, con nombre y apellido: Luis Lobo Medina, Andrés Gariano, Nazareno Arasa, Pablo Dóvalo, Hernán Mastrángelo, Andrés Merlos, Fernando Espinoza, Nicolás Lamolina y Pablo Echavarría son algunos de ellos.
Foto: FOTOBAIRES
Fecha 5 Torneo Clausura Liga Profesional.
JUAN MANUEL BAEZ¿Con qué árbitros nos vamos a encontrar? ¿Los que dirigieron sensiblemente mal, envueltos en polémicas con equipos ligados al poder o serán los que pasaron desapercibidos en el tramo final de los mata-mata?
En realidad, fueron cuatro días que lo cambiaron todo.
El 20 de noviembre, Rosario Central recibió una inesperada distinción por parte de la AFA: fue premiado como campeón oficial de la temporada 2025 (“campeón de liga”) por haber finalizado primero en la Tabla Anual. No es la primera vez que la AFA cambia las reglas en medio de la competencia. Tres días después, por los octavos de final, Estudiantes debió hacerle “el pasillo de campeón” a Central, pero lo hizo de espaldas, lo que provocó un revuelo mayúsculo. Luego, el León se impuso por 1 a 0 en Arroyito. Esa imagen excedió el fútbol: la sociedad habló de Tapia como nunca antes.
La noche anterior, Central Córdoba había eliminado a San Lorenzo, en Santiago del Estero. Hay que anclarse en este partido que empezó a las 22 y terminó el domingo de madrugada. San Lorenzo ganaba 1 a 0 y resistía los embates de Central Córdoba. Hasta que apareció la figura de Nasareno Arasa, el árbitro, uno de los más cuestionados. Primero, el contexto: el Ciclón solía recibir dinero de la AFA para pagar los sueldos de los jugadores, ya que vivía en una virtual acefalía. Y el equipo de Santiago del Estero tiene la simpatía de Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA y la mano derecha de Chiqui Tapia.
A los 17 minutos del segundo tiempo, el VAR llamó a Arasa por un dudoso penal. Lo cobró, a los 21: gol de Central Córdoba. Luego de un encontronazo de Jhohan Romaña con Matías Perelló, el árbitro le mostró la segunda amarilla al defensor colombiano: expulsado. Iban 25 minutos.
Se rompió el partido. Lo quebró el árbitro. En el final, el equipo local marcó el 2-1 y, acto seguido, el Ciclón sufrió otra expulsión. Terminó con 9 jugadores. Hubo incidentes en el vestuario. Amenazas, protestas. San Lorenzo estaba en llamas: arriba (había “hinchas neutrales”) y abajo. El dolor fue tan grande, que Pocho Cerutti y el pibe Gill se fueron entre lágrimas. Todos lloraban. No solo por la derrota.
A partir de ese encuentro, no hubo más polémicas ni sospechas en todos los partidos que derivaron en la final en la que Estudiantes le ganó a Racing. En el duelo entre la Academia y Tigre hubo una leve polémica por los dos expulsados en el gigante (sobre todo, Gastón Martirena) y uno en Tigre. El resto de los encuentros fueron dirigidos de modo correcto, como si hubiera arrancado otro torneo.
Antes, mucho antes, Barracas Central, el club señalado a dedo, se clasificó por primera vez a la Copa Sudamericana.
El Guapo fue beneficiado -al menos- en tres encuentros con decisiones arbitrales escandalosas. Ocurrió en tres 1-1. En la fecha 10 del Clausura, Barracas se citó con Belgrano. Cuando se jugaban 43 minutos de la primera etapa llegó la jugada que generó la reacción de los cordobeses. Franco Jara aprovechó un desentendimiento defensivo entre Yonatthan Rak y Nicolás Demartini, que rechazó con cierta incomodidad. En ese momento, llegó Jara, trabó y definió.
Mientras Belgrano festejaba, Andrés Gariano, el árbitro, fue advertido por Adrián Franklin, encargado del VAR. De inmediato, se dirigió a ver la jugada en el monitor y tras algunos instantes, cambió su fallo y expresó: “Luego de la revisión en campo, veo falta en APP (Atacking Possession Phase o fase de ataque con posesión del balón) del número 29 celeste en contra del 15 blanco. Decisión final, tiro libre directo”.
La siguiente fue en la fecha 11 y el perjudicado fue Estudiantes. En el duelo disputado en La Plata, pasó de todo. Lo ganaba el León, pero en la jugada previa al empate se ve un claro contacto del atacante visitante Facundo Bruera sobre Facundo Rodríguez en la disputa de la pelota. Eso generó que el defensor de Estudiantes quedara en el piso, dolorido.
La jugada fue rápida, pero terminó en gol. Y a pesar de ese contacto, desde el VAR, a cargo de José Carreras, no se llamó a Nazareno Arasa para que revisara la acción. Además, hubo un empujón al arquero Muslera.
Más tarde, Arasa volvió a ser protagonista en un tanto anulado a Estudiantes. Luego de un pelotazo desde la derecha, Carrillo asistió a Palacios, que convirtió el 2-1. Sin embargo, el tanto fue revisado por el VAR y se anuló por posición adelantada. El trazado de las líneas de TV sólo provoca más suspicacias.
Otro 1-1: Barracas Central y Huracán, por la 16° fecha. El resultado determinó la eliminación del Globo rumbo a los playoffs. El protagonista fue –otra vez- Andrés Gariano, el árbitro del encuentro, secundado por José Carreras, que estuvo a cargo del VAR. Los principales fallos del árbitro: dos penales (mal) sancionados para el Guapo (uno de ellos atajado por Meza a Iván Tapia, el hijo del presidente de la AFA).
Este jueves (un jueves arranca en el torneo…), juegan Aldosivi-Defensa (a las 17), Banfield-Huracán y Unión-Platense (a las 20); Instituto-Vélez y Central Córdoba-Gimnasia, de Mendoza, a las 22.15, seguramente ambos encuentros terminen en los primeros minutos del otro día. El conjunto mendocino y Estudiantes de Río Cuarto son los nuevos habitantes de la máxima categoría.
Algo más: son dos equipos que llegaron desde el ascenso (sobre todo, el cordobés) con ciertas licencias.



