La industria militar europea vio con pánico el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania. Kiev quemaba en un día más obuses de artillería y munición de los que podían producir las fábricas europeas en un mes. Los arsenales europeos empezaron a vaciarse peligrosamente para sostener al esfuerzo militar europeo. Cuando Rusia atacó, Europa producía menos de 300.000 obuses de 155mm al año. Estados Unidos poco más de 170.000. Rusia disparaba a diario más de 15.000.
Cuatro años después la película es totalmente diferente gracias a una combinación de tres estrategias. Primero se pusieron en marcha fondos públicos que sirvieran de palanca para levantar inversión privada. El programa ASAP de la Comisión Europea, con 500 millones de euros, fue el germen. Los Estados miembros pusieron seguidamente 2.000 millones de euros más y la industria añadió 8.000 millones cuando los ministerios de Defensa empezaron a firmar contratos a largo plazo que aseguraba la venta de todo lo producido, para rellenar arsenales y para seguir ayudando a Ucrania.
La segunda pata fue la diversificación geográfica. Rheinmetall se expandió por el continente y ya tiene plantas en cinco países europeos: Alemania, España, Bulgaria, Hungría y Lituania. Además, desarrolla en Ucrania una fábrica conjunta con un socio empresarial ucraniano. KNDS fabrica ya en Francia, Italia y Letonia. Nammo en Noruega, Finlandia, Suecia y ultima la apertura de una fábrica en Dinamarca.
El tercer paso fue abrir el cuello de botella que frenaba el aumento de la fabricación de obuses. El problema no estaba en fabricar las carcasas metálicas, sino en rellenarlas de explosivos. KNDS usó 41 millones de euros del programa europeo para aumentar su producción de pólvora. Nammo triplicó esa capacidad en tres años en una fábrica sueca.
Europa producirá ya este año más de dos millones de obuses de artillería, más del doble que la industria estadounidense y sólo superada por una Rusia que tiene aportes sustanciales de Corea del Norte.
Para cuando arranque 2027, la producción europea llegará a 2,5 millones de obuses. Washington, en cambio, calculaba alcanzar 1,2 millones en 2025 pero se ha estancado en poco más de medio millón y ahora estima que necesitará todo 2026 para llegar al millón. Europa aumenta su capacidad militar industrial porque sabe que poco puede contar ya con Estados Unidos y que debe seguir armando a Ucrania y rellenar sus arsenales.
El cambio vino de la mano principalmente de unas pocas empresas: Rheinmetall, KNDS, BAE Systems y Nammo. Atraídas por los fondos nacionales y europeos, pero sobre todo por contratos a largo plazo que les aseguran ventas durante lo que queda de década, lanzaron una fuerte inversión en nuevas plantas y en nuevas líneas de fabricación.
El símbolo está en Unterlub, un pueblo de la Baja Sajonia alemana donde Rheinmetall inauguró la mayor fábrica de munición de Europa, construida en menos de 18 meses y con una inversión de más de 500 millones de euros. Sólo de esa fábrica podrán salir, trabajando en un solo turno, 350.000 obuses de artillería al año. Si la fábrica trabajara 24 horas al día triplicando turnos superaría el millón de obuses al año.
En menos de cuatro años los europeos han completado su mayor reconversión industrial militar desde el fin de la Guerra Fría, cuando redujeron rápidamente su producción militar porque no había comprador para tanta arma y tanta munición.
Mientras tanto, Estados Unidos se quedó atrás. En febrero de 2024, Washington dijo que en 2025 estaría fabricando 1,2 millones de obuses. Pero desde septiembre de 2024 su producción está estancada. Según los medios estadounidenses, el problema es que la certificación es más lenta que en Europa, pero sobre todo que la planta que General Dynamics debía poner a toda máquina en Mesquite (Texas) lleva un año de retrasos.
El cambio industrial tiene consecuencias que van más allá de los números de producción. Por primera desde 1945 los europeos estarían en situación de sostener una guerra convencional de alta intensidad con sus propias industrias. Además, Europa puede ahora suministrar a Ucrania casi todo lo que necesita en el plano militar, reduciendo esa dependencia de Estados Unidos. El 80% de la munición de artillería que dispara ahora Ucrania es europea.



