Ni la euforia de los exiliados, ni el temor de los que permanecen en distintas ciudades de Venezuela. En Cúcuta, la ciudad colombiana en la frontera con la venezolana San Antonio de Táchira, las decenas de ciudadanos de Venezuela que cruzan a diario para comprar más barato respiran incertidumbre. “Vamos a ver”, “Dios dirá”, “Aún no sabemos cómo termina esto”, repiten.
Atajados por un enjambre de periodistas, los venezolanos se abren paso a pie entre las tanquetas que dispuso el presidente de Colombia, Gustavo Petro. Tras la crítica a Donald Trump, el presidente de Estados Unidos que ordenó la captura del dictador Nicolás Maduro el último sábado, el gobierno colombiano ordenó el despliegue de 30.000 uniformados a lo largo de 2.200 kilómetros del límite entre países.
Pero más allá de alguna caminata de los soldados fusil en mano, los peatones y automovilistas pasan por el puente fronterizo Simón Bolívar sin que el personal de Migraciones de Colombia exija ningún tipo de papel.
Del otro lado, la situación es muy distinta, en especial para los extranjeros. Personal de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) del régimen reclama una carta de invitación impresa de algún venezolano. Pero además, hay otro factor que depende el humor del oficial: los taxistas que llevan a los extranjeros aseguran que también revisan los celulares. “Lo más fácil es que ponga en el buscador de su WhatsApp las palabras Maduro, Diosdado Cabello, Gobierno o dictadura y borre todos los chats”, aseguraron a Clarín tres conductores que llevaron a extranjeros al límite con Venezuela.
Tras la captura del dictador, las negociaciones que abrió el gobierno de Donald Trump con la presidenta encargada Delcy Rodríguez, frenan el entusiasmo de la mayoría opositora al régimen. “Siguen los mismos tres: los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello Rondón, permítame dudar”, señala a este diario uno de los tantos venezolanos que se considera “binacional” por tener ciudadanía colombiana.
Integrantes del Ejército Nacional de Colombia vigilan el Puente Internacional Francisco de Paula Santander este martes, en Cúcuta (Colombia). Foto: EFE/ Mario CaicedoEl entusiasmo de los exiliados no llega a contagiar a los que día a día entran y salen de Venezuela. Todavía padecen las estrictas normas de la dictadura militar con mandos civiles.
Además de las tanquetas colombianas, el otro actor poco conocido en la zona es la prensa. Decenas y decenas de todos los países del mundo están a la expectativa de poder cruzar la frontera y recorrer los 850 kilómetros hasta Caracas, la capital venezolana. Pero la frontera sirve de retén a los periodistas porque el régimen de Venezuela solicita una visa de prensa que los consulados de Venezuela no otorgan.
Hoy, de los tres puentes que unen Cúcuta con Táchira, el Simón Bolívar es el más transitado. Todos los venezolanos que buscan regresar al país después de algún viaje al exterior entran por Cúcuta, dado que el aeropuerto de Caracas no, y el resto de las ciudades reciben vuelos internacionales.
Integrantes del Ejército de Colombia vigilan este martes en el puente internacional Simón Bolívar que une a las ciudades de Cúcuta y Villa del Rosario (Colombia), con las ciudades de San Antonio y San Cristóbal del Estado Táchira (Venezuela). Foto: EFE/ Mario CaicedoTanto este puente como el Francisco De Paula Santander tienen paso vehicular y peatonal. Ahí proliferan los taxistas venezolanos que cobran 10 dólares para cruzar, como las motos, que van de los 2 dólares a los 5.
Angosto, el Simón Bolívar es de mano y contramano, con vendedores ambulantes por doquier. A ese caos se sumó el patrullaje de los militares colombianos. Pero además, este miércoles a la tarde apareció un puñado de manifestantes de la “marcha blanca”, en favor de la “soberanía de Venezuela” y contra la acción de Trump, que convocó Petro.
Había más periodistas que asistentes a la protesta. Pero lo que acaparó la atención fue un hombre disfrazado de Simón Bolívar, que dijo defender al país de las acciones de Donald Trump. Sable en mano, posó frente a las tanquetas colombianas. De todas formas, esa presencia no ocultó el fracaso de la marcha, que en el centro de Cúcuta juntó apenas un centenar de personas.
Un hombre disfrazado de Simón Bolívar en la frontera entre Colombia y Venezuela, durante la «marcha blanca» convocada por Petro. Foto: Reuters/Luisa GonzalezMás allá del pequeño atasco de tránsito que generó esa convocatoria, el movimiento en la frontera arranca temprano. Los puentes peatonales y vehiculares abren a las 5 de la mañana, cierran a las 20, mientras que el Atanasio Girardot, solo para automóviles se clausura a las 23. Pero ahí no están los vendedores ambulantes, el movimiento que rodea a las decenas de casas de cambio, ni los taxis.
En Cucutá ya no se ven los bidones de combustible que solían trasladar en carros los venezolanos. Ese artilugio para venderlos del lado colombiano y hacerse de unos pesos se cayó cuando subió el costo.
La virtual dolarización venezolana elevó los precios de los productos y ahora cruzan a diario a tierras colombianas a comprar más barato. Temprano en la mañana, el caminar de los venezolanos es incesante y para las 16, empreden la vuelta.
El comercio marca el pulso de la frontera entre Colombia y Venezuela. Foto: Reuters/Luisa GonzalezPero más allá de los puentes hay pasos clandestinos, a los que aquí llaman “trochas”. En especial crecieron cuando el puente cerró entre 2015 y 2023.
Ahora, desde Colombia desaconsejan intentar cruzar por las trochas. “Son pasos clandestinos y las fuerzas de seguridad se las dejaron a las bandas que controlan tanto el contrabando como las drogas, por eso intentar cruzar por ahí siendo extranjero es un verdadero peligro”, confió un baqueano cucuteño.
La tensión del fin de semana se disipó con el correr de los días. El flujo comercial que marca el pulso de esta frontera volvió a ser habitual. Aunque a diferencia de antes, hay más miradas puestas sobre las noticias y la incertidumbre sobre las decisiones de Trump y su impacto. En especial porque Colombia recibió a casi tres millones de los más de siete que salieron del país por la profundización de la crisis con la dictadura que hasta el sábado encabezó Nicolás Maduro.
El comercio marca el pulso en la frontera entre Venezuela y Colombia. Foto: Reuters/Luisa Gonzalez



