Sonaban como disparos secos, lejanos. Primero fue uno. Luego llegaron tres seguidos. Quienes levantaron la vista vieron un fogonazo en el cielo de Yehud, una ciudad a media hora de auto del centro de Tel Aviv y a dos pasos del aeropuerto de Ben Gurion.
“Eso viene de Hezbollah”, sentenció, muy convencida, una periodista de la tevé israelí que se estaba tomando un cafecito enfrente de la obra en construcción donde esta mañana de lunes cayó un misil iraní y mató a dos personas.
Los lugareños sacan cuentas al vuelo: cuando no suena la alerta en los celulares, los misiles no provienen de Irán sino del grupo terrorista que bombardea Israel desde Líbano.
“Si el ataque es de Hezbollah no hay aviso previo. Suenan las sirenas directamente. Y los minutos disponibles para buscar un refugio dependen del lugar de Israel en el que te encuentres”, cuenta a Clarín Matías Azerrad, un argentino que vive aquí desde hace quince años.
“En Tel Aviv tenés un minuto y medio para buscar un lugar seguro. En otras parte del país, el margen es menor: de entre siete y diez segundos”, detalla.
La vida cotidiana está atravesada por esta planilla de excel visceral con la que los israelíes aprendieron a clasificar los ataques que reciben, algunos en respuesta a sus propias incursiones. De agresión o de defensa. En ese ida y vuelta ya nadie lleva la cuenta.
Sean los del terrorismo islámico chiíta de Hezbollah o los de Irán, el enemigo a desmilitarizar en este capítulo de las operaciones que Israel lleva adelante con Estados Unidos y que Tel Aviv bautizó “Rugido de león”.
Sin embargo, algo siempre puede fallar. Este lunes, por ejemplo, no sonaron las sirenas para advertir a la población sobre el inminente ataque de Hezbollah que, sin embargo, el sistema de anti-misil israelí logró neutralizar.
Bajo el cielo de Yehud, aunque los parlantes no aullaron el clásico rumor de ambulancias que anuncia la emergencia inminente, los que estábamos en la zona buscamos cobijo en el búnker de una imprenta, una habitación acorazada en las que nos amuchamos, con la lengua afuera, luego de correr cuatro pisos escaleras arriba.
El Ministerio de Defensa puntualizó que investigará por qué no se escucharon las sirenas.
A última hora de la tarde de este lunes se especulaba con que los ataques que llegaron sin pre-aviso podrían estar dirigidos al aeropuerto internacional Ben Gurion, hasta ahora sólo operativo para repatriar a ciudadanos israelíes desde otros países implicados en el fuego cruzado que vive Oriente Medio desde el último fin de semana de febrero. O las instalaciones de la Kirya, los cuarteles militares centrales en Tel Aviv.
Desde Líbano, el presidente Joseph Aoun solicitó este lunes negociar directamente con Israel, bajo supervisión internacional, una tregua en los ataques que pueda convertirse en la antesala del fin de los enfrentamientos.



