Se afirma que Roy Cohn, el abogado del senador Joseph McCarthy, hace medio siglo le dio los siguientes consejos a un joven Donald Trump: “Niega todo, no reconozcas nada. Ataca, ataca, ataca y reclama victoria”. En el discurso a la Nación del martes, el líder republicano se aplicó totalmente a esa enseñanza. Y perdió una oportunidad para ordenar la casa. No era un presidente que hablaba al país, sino un monarca a sus ministros y la plebe, que es el lugar que Trump ha buscado con más énfasis en este segundo mandato.
El discurso de casi dos horas eludió alguna señal sólida hacia la preocupación de los estadounidenses por los costos de la vivienda, el pago de sus deudas y hasta el enojo por los precios de la canasta familiar. Repitió datos falsos sobre la inflación describiendo un país que abruma porque, afirmó, todos ganan siempre debido a su conducción.
Ese desdén explica la marcada caída de la imagen del mandatario (60% de desaprobación contra 39% de respaldo el nivel más bajo para un presidente en su primer año desde 1977, según ABC News/Washington Post/Ipsos), resbalón peligroso frente a las legislativas de noviembre que pueden producir un recorte más dramático de poder si se cumplen los pronósticos de los sondeos y no se manipulan los resultados. Por cierto, Trump no perdió oportunidad para amplificar la grieta nacional con ataques insistentes contra el bloque de la oposición demócrata, la mitad del país, que lo escuchaba en silencio, salvo algún abucheo y aplausos irónicos.
El presidente se empeñó en reivindicar su ofensiva antimigratoria, ya de marcado contenido racista con la fuerza parapolicial del ICE, aunque más del 70% de los norteamericanos afirman que esa y otras de sus prioridades están equivocadas. El reproche involucra también ahora a un segmento de los republicanos. Muy en particular, por el manejo de la economía.
En el mensaje, en cambio, reiteró un extraño anuncio que señaló anteriormente sobre un aluvión de inversiones, 18 billones de dólares, más de la mitad del PBI norteamericano. Y volvió a abrazarse a su polémica política arancelaria, aun furioso por el fallo por mayoría de la Corte Suprema que le recortó gravemente ese privilegio proteccionista.
«La economía, no muy bien»
Hay un dato interesante que señaló el periodista Aaron Blake en CNN que pareció aún más agudo durante el mensaje presidencial de autoalabanza. “Fue fortuito —escribió el colega— que la decisión de la Corte se conociera el viernes. Apenas 90 minutos antes de su publicación, el gobierno anunció que el PBI había crecido a una tasa anualizada de tan solo 1,4% en el cuarto trimestre. Esto convirtió a 2025 en el segundo peor año para el crecimiento desde 2016. El año pasado también registró el menor empleo en décadas. Y, por supuesto, está la inflación, que finalmente bajó un poco en enero, pero se mantiene persistente. En otras palabras, dejando de lado el mercado de valores, la economía no va muy bien”.
El presidente Richard Nixon, quien promulgo la legislación que Trump utilizó para fijar aranceles y la Corte declaró ilegales. Foto AP La frase resume el balance que gran parte del establishment realiza del primer año de Trump pilotando a la mayor potencia global. La decisión del Supremo, más aún que sobre los aranceles, expuso un distanciamiento en el vértice del poder que, dada la posición inflexible en el discurso, solo tiene como destino amplificarse. Un ejemplo de estas disidencias en la cúpula lo reflejó The Wall Street Journal, vocero de ese establishment incómodo.
En su editorial afirmó que “Trump le debe una disculpa a la Corte Suprema, a los jueces que difamó el viernes y a la propia institución. Sin duda, Trump no la ofrecerá, pero su diatriba en respuesta a su derrota en la Corte sobre los aranceles fue posiblemente el peor momento de su presidencia”. Aludía a la escandalosa rueda de prensa del mandatario en la que insultó a los jueces como “perros falderos de la ultraizquierda” manipulados por “potencias extranjeras” y desafió el fallo con nuevos aranceles.
Recordemos que Trump gobierna por decreto en base a dudosas declaraciones de emergencia nacional. La ofensiva arancelaria la basó en una lógica que traduce los déficits comerciales como estafas y en la necesidad de impulsar la sustitución de importaciones y el “compre nacional”, una bandera muy conocida en el vecindario latinoamericano.
Para esa construcción utilizó la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), promulgada por Richard Nixon, que faculta al presidente para “investigar, bloquear, regular, dirigir y obligar, anular, invalidar, impedir o prohibir” las transacciones que involucren propiedades en manos de extranjeros. Nótese que esa lista no incluye aranceles. Es eso lo que la Corte invalidó, recordando de paso que fijar impuestos es un privilegio del Parlamento según la Constitución.
El Tribunal lo hizo al aceptar la demanda de un importante juguetero de Chicago, Rick Woldenberg, dueño de Learning Resources, que da nombre al fallo. Este empresario reclamó protección frente al sobrecosto de los aranceles, que son impuestos que se cobran a los consumidores e importadores. No los pagan los exportadores, un bulo en el que insiste Trump. Por eso ahora aparecen otras demandas en EE.UU. para la devolución de esos fondos que le dejaron al Fisco alrededor de 140 mil millones de dólares.
Un desafío para los republicanos
Trump, que demanda solo verticalidad, invocó otra legislación para mantener el castigo comercial, aconsejado por uno de los cortesanos que votó en minoría, Brett Kavanaugh. Pero el mecanismo tiene limitaciones: tope de 15% y vencimiento en 150 días, a fines de julio. Solo perdurará si el Congreso lo autoriza. Pero sería en plena campaña electoral y la visión general es que los aranceles impulsan el alza inflacionaria, de modo que para los republicanos será poco menos que imposible defenderlos.
John Roberts, el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos. Foto BloombergPor el contrario, estas medidas coercitivas, pavimentan la campaña demócrata que ha hecho pie en todas las elecciones que desde el año pasado ha venido ganando por encima de los diez puntos, en el costo de vida y la irracionalidad de la violencia callejera del ICE, el arresto de niños y el asesinato de norteamericanos, otra cuestión que ignoró Trump en su discurso.
La Corte, además de recordar que la Constitución le da solo al Congreso “acceso al bolsillo del pueblo”, como escribió en su opinión el presidente del Supremo, el conservador John Roberts, remarcó que la acumulación de poder en manos de un solo hombre “no es la receta para una República”. Sintetiza una visión clásica liberal, que no aparece en el radar más bien autocrático del gobierno. Y avisa, de paso, que no habrá apoyos del Tribunal para maniobras con los resultados electorales de noviembre o para desarmar la Reserva Federal.
Muchos analistas observan un hecho importante. Estos magistrados conservadores, tres de los cuales nombró Trump dejando en minoría a los liberales, son quienes le regalaron a este presidente inmunidad total, derribaron el derecho al aborto y validaron la represión contra los migrantes. Pero señalan que el portazo aparece cuando surge la cuestión económica, lo que expone The Wall Street Journal en su crítica, que no solo defiende a la Corte sino a los poderes que representa.
No importa cómo se lo mire, el escenario describiría una etapa negativa para Trump. El fallo es de una gravedad y consecuencias superiores a lo que se supone y el camino a las urnas de noviembre parece tomar la forma de un tobogán. La soberbia del discurso estaría reconociendo esas debilidades. No es un dato necesariamente tranquilizador.
El Financial Times, el diario británico de negocios, plantea una teoría con aires de Maquiavelo, ahora que se ha puesto de moda el estratega florentino. En un extenso artículo que recuerda el masivo despliegue militar en torno a Irán, el mayor en Oriente Medio desde 2003, sostiene que “el fallo de la Corte podría dar lugar a una compensación excesiva en otras esferas. La acción militar es el único ámbito en el que el Poder Ejecutivo casi siempre puede contar con la indulgencia judicial”. Habrá novedades.



