Hace 63 años el mundo estuvo al borde una guerra nuclear, tras la instalación de misiles nucleares rusos en la Cuba de Fidel Castro, que apuntaban contra el vecino Estados Unidos considerado un vecino amenazador.
Nunca volvió a repetirse una crisis tan grave hasta hoy, cuando esa perspectiva vuelve a plantearse ante el temor que el enfrentamiento siga profundizándose.
La llamada Crisis de los Misiles tuvo al mundo en vilo durante 13 dias hasta que la tensión bajó por voluntad del presidente John F. Kennedy y el líder ruso Nikita Khruchev. Se vivieron horas muy dramáticas. En ese escenario para muchos desesperado, el 25 de octubre de 1962 se oyó por las radios de todo el mundo un mensaje en el momento más alto del enfrentamiento.
“Con las manos en la conciencia, que escuchen el grito angustiado que, desde todos los puntos de la tierra, desde los niños inocentes hasta los ancianos, desde los individuos a las comunidades, se eleva al cielo. “¡Paz! ¡Paz!” Era la voz del Papa Angelo Roncalli, Juan XXIII.
“Hoy renovamos esta solemne súplica. Imploramos a todos los gobernantes que no permanezcan sordos a este grito de la humanidad. Que hagan todo lo que esté en sus manos para salvar la paz. Así evitarán al mundo los horrores de una guerra cuyas terribles consecuencias no se pueden prever. Que sigan negociando, porque esta actitud leal y abierta es un gran testimonio para la conciencia de todos y ante la historia”, pidió Juan XXIII.
El Papa que entró así de lleno en la historia del siglo XX concluyó su exhortación al borde del abismo llamando a “promover, fomentar, aceptar el diálogo en todos los niveles y en todo momento, es una regla de sabiduría y prudencia que atrae la bendición del cielo y de la tierra”.
Este corresponsal, que ese 25 de octubre tenía 12 años de edad, vio cómo las palabras del Papa produjeron una unánime reacción popular en la Argentina en favor de su dramático llamado a evitar una guerra nuclear.
También también que el llamado de Juan XXIII de reclamar la paz para toda la familia humana, fue dirigido al final por el Papa Roncalli “especialmente a los que están investidos de responsabilidad pública, a no escatimar esfuerzo para dar un rumbo razonable y humano a las cosas”.
Cuando se superó lo peor de la crisis se inició en el mundo un reconocimiento profundo hacia el Papa que más tarde lanzó la encíclica “Pacem in Terris”. En ella recordó el miedo y el riesgo real de una guerra que “exigían y siguen exigiendo opciones políticas responsables”.
En “Paz en la Tierra” aquel extraordinario pontífice que piloteó además la renovación de la Iglesia, escribió: “De la paz se benefician todos: las personas, las familias, los pueblos, toda la familia humana”.
El inquietante panorama que se vive hoy obliga a recordar su figura y sus palabras, que fueron un extraordinario bálsamo en favor de la paz y la justicia humanas. Como en 1962 el mundo necesita escuchar el grito de paz de la humanidad.



