El dato es escalofriante: mientras que a nivel global una de cada tres mujeres sufre violencia, en los contextos de crisis humanitarias esa cifra se duplica. El 70% de las mujeres y niñas que huyen de guerras o persecuciones son víctimas de violencia de género. No solo escapan de las bombas; escapan de un sistema que, en medio del caos, las vuelve blancos directos.
En el marco del mes de la mujer, fundación Acnur Argentina lanzó la campaña «Huir para vivir». El objetivo no es solo visibilizar una tragedia silenciosa que afecta a más de 60 millones de mujeres y niñas en todo el mundo, sino transformar esa indignación en ayuda directa.
Para muchas, el viaje es tan peligroso como el origen. La falta de documentos y la pérdida de redes de protección las arroja a rutas donde la explotación sexual, la trata y el matrimonio forzado son amenazas constantes. Las cifras que maneja la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) dibujan un escenario crítico:
Cerrar la brecha de protección legal para las mujeres llevaría, al ritmo actual, casi tres siglos. Es una espera que millones no pueden permitirse. Por eso, la acción directa en el terreno se vuelve vital. Durante 2024, los programas de ACNUR lograron asistir a 1,7 millones de personas en 86 países, brindando desde atención médica y psicológica hasta refugios seguros y asistencia legal.
En Argentina, figuras como Paula Pareto, Soledad Pastorutti y Emilia Attias se han sumado a esta iniciativa para recordar que, detrás de los 120 millones de desplazados forzosos que hay hoy en el planeta, hay historias con nombre propio que necesitan una oportunidad para volver a empezar.
La ayuda se canaliza a través de la web oficial de la Fundación. Cada aporte permite que ACNUR mantenga operativos sus programas de prevención de violencia y asistencia básica en las zonas más críticas del mundo.
Para sumarse, se puede ingresar en fundacionacnur.org/dona.



