Brasilia. Enviado especial. El polémico formato del Congreso brasileño, un poder cuya influencia se ha multiplicado por encima del Poder Ejecutivo, se espera que no solo se modere con estas elecciones, sino que profundice esas características inquietantes. Esto se debería a que el Centrão, el principal y calculador bloque del Parlamento, que controla la mitad del legislativo, registraría un fortalecimiento significativo por el crecimiento de los partidos que lo conforman y de todo el abanico de sus aliados de derecha y centroderecha, según pronosticaría un acumulado de encuestas.
Es por eso, posiblemente, que esta alianza informal, famosa porque vota por intercambio de beneficios, ha liberado a sus miembros para que elijan según prefieran, sin aparentemente importarle quién llegue a la presidencia, porque no perdería las alturas de ese poder.
Uno de los principales atributos de este original legislativo es el manejo de una importante porción secreta del presupuesto nacional, del cual no rinde cuentas y que le permite un virtual cogobierno, cualquiera sea el gobernante con el que le toque debatir.
El Centrão es un bloque, como señalamos, no formal de distintos partidos cuyo núcleo principal lo integran União Brasil, PP, Republicanos, MDB, PSD, Podemos y la federación PSDB-Cidadania. La política brasileña es compleja. Muchas de estas formaciones son también socias del PT de Lula da Silva, como el PSD. Ese partido, por ejemplo se unió al oficialismo petista en Río de Janeiro, en una alianza en torno a la figura de Eduardo Paes, exalcalde de la ciudad. Es “la derecha posible”, como años atrás la definió la entonces presidente del PT, Gleisi Hoffmann, para diferenciarla del bolsonarismo.
Lo cierto es que, con unos y otros, el Centrão cuenta con unos 270 a 280 diputados del total de 513 escaños. Esto representa aproximadamente del 53 % al 55 % de la Cámara. En el Senado, la representación combinada de partidos centristas y de centroderecha abarca alrededor de 30 a 40 senadores (entre el 35 % y el 50 % de la cámara de 81 miembros), destacando bancadas numéricas clave como las del PSD, MDB, PP y União Brasil.
Neuriberg Dias, director del Departamento Interunionista de Asesoría Parlamentaria, que analizó la situación futura del legislativo, señaló al portal de Estadao que “sin dudas, el Centrão será el bloque más grande y contará con una base de más de 257 votos, es decir, la mayoría necesaria en la Cámara de Diputados para aprobar proyectos de ley. Estimamos que el Centrão podría llegar a 282, incluso 330 diputados”.
En el Senado, el Partido Liberal del candidato Flávio Bolsonaro apunta también a un importante crecimiento. Pasaría de sus 15 senadores actuales a 24. El PT podría convertirse en el segundo bloque más grande, pasando de nueve senadores hasta once. União Brasil registra la mayor expansión proporcional, de tres a siete escaños, pudiendo llegar a nueve, y el PP podría pasar de ocho a diez senadores.
La influencia del Parlamento se multiplicó de manera expansiva durante el pasado gobierno del presidente Jair Bolsonaro, quien fue el autor del beneficio presupuestario. La razón fue bien pedestre. Con ese paso buscó blindarse frente a cualquier intento de destitución como consecuencia de su desastrosa gestión de la pandemia de COVID, a la que desdeñó y llamó ligeramente como “gripecita”. Se calcula que unos 700 mil brasileños murieron en gran medida por el desdén gubernamental hacia la enfermedad. Con ese premio, los legisladores brasileños avanzaron sobre el Ejecutivo y controlan el 25 % del gasto discrecional del presupuesto federal, frente al 2 % que tenían en 2015.
Los temores del mandatario se fundaban en que la institución del impeachment en Brasil ha tenido una intensidad especial: ha volteado a dos mandatarios, Fernando Collor de Mello en 1992 y la petista Dilma Rousseff en agosto de 2016.
En este último caso, los analistas recuerdan que ese derribo no obedeció a la crisis social, política y económica que la mandataria profundizó, sino a que los legisladores consideraron que su escaso poder y la caída vertical en su popularidad impedían que pudiera protegerlos de las investigaciones que los tenían en el blanco judicial.
Eran las épocas de la Operación Lava Jato, el mayor esquema de corrupción descubierto en la región, que involucró en pleno al Legislativo brasileño. Un entramado donde grandes constructoras privadas (como Odebrecht y OAS) pagaban gigantescos sobornos a legisladores y partidos para direccionar contratos públicos de la estatal Petrobras. Decenas de congresistas, expresidentes de la Cámara (como Eduardo Cunha) y senadores enfrentaron acusaciones formales, condenas y pesquisas policiales.


