Complicado en las encuestas y en el inicio de un crucial año electoral, el presidente Donald Trump defendió su primer año de gestión en el tradicional discurso sobre el Estado de la Unión que pronunció este martes por la noche en el Congreso, criticó a los demócratas y describió un país que bajo su mandato vive «una era dorada», aunque los estadounidenses no lo perciban así.
Fue un mensaje de una hora y 47 minutos que rompió los récords de duración y en el que recorrió varios temas, aunque priorizó la economía, la cuestión que más preocupa a los estadounidenses y que será central en las legislativas del 3 de noviembre.
Trump festejó: “Esta noche, tras solo un año, puedo decir con dignidad y orgullo que hemos logrado una transformación como nadie había visto antes y un giro para la historia. Nunca volveremos a donde estábamos hace poco tiempo”, dijo.
“De cara al futuro, las fábricas, los empleos, la inversión y billones de dólares seguirán llegando a Estados Unidos porque por fin tenemos un presidente que pone a América en primer lugar”, dijo.
“Nuestra nación ha regresado, más grande, mejor, más rica y más fuerte que nunca”. Y proclamó: «La era dorada para Estados Unidos está entre nosotros”, una idea que suele repetir en sus discursos.
«Hoy, nuestra frontera está segura. Nuestro espíritu se ha recuperado. La inflación se desploma, los ingresos aumentan rápidamente. La economía, en pleno auge, avanza como nunca antes. Y nuestros enemigos están asustados. Los estadounidenses son respetados, de nuevo, quizás como nunca antes”,
Ante una audiencia abarrotada de legisladores, funcionarios, militares, jueces de la Corte e invitados especiales, Trump dio su discurso en momentos en que las encuestas muestran que su popularidad está en declive y los republicanos temen perder en las elecciones legislativas el control de al menos una cámara del Congreso.
Además, el Tribunal Supremo acaba de fallar en contra de la política arancelaria emblemática del presidente y él está considerando una acción militar contra Irán.
Precisamente sobre la tensión con el país persa dijo: «Prefiero resolver el tema a través de la diplomacia, pero nunca permitiré que el primer patrocinador del terror del mundo tenga armas nucleares», advirtió
El Capitolio de los Estados Unidos en Washington, el martes 24 de febrero de 2026, antes del discurso del Estado de la Unión del presidente Donald Trump. Foto AP“Como Presidente, haré las paces donde pueda—pero nunca dudaré en enfrentar amenazas a Estados Unidos donde sea necesario. También estamos restaurando la seguridad y el dominio estadounidense en el hemisferio occidental—actuando para proteger nuestros intereses nacionales y defender nuestro país de la violencia, drogas, terrorismo e interferencia extranjera”, dijo.
Se refirió también a la captura del ex dictador Nicolás Maduro en Caracas el 3 de enero en un operativo de las fuerzas estadounidenses. Dijo que Venezuela sin Maduro era «un nuevo amigo y socio» y dijo que Estados Unidos ya recibió 80 millones de barriles de petróleo desde ese país. «Fue una victoria absoluta para la seguridad de Estados Unidos», aseguró.
«El discurso del Estado de la Unión tiene por objetivo informar a Congreso sobre cómo va el país y los planes a futuro, pero a la vez ofrece una vitrina política donde un presidente puede mostrar sus logros y marcar la agenda para el año. Por eso Trump buscó aprovechar el momento en el prime time televisivo.
Si bien tocó decenas de temas, Trump centró su mensaje en su manejo de la economía. Habló de los beneficios de la ley “grande y bonita”, que financió ejes centrales de su gobierno como la defensa de la frontera y recortes de impuestos que pronto podrían ser visibles para los estadounidenses. Reiteró que ha heredado la peor inflación de la historia y por supuesto autoelogió su gestión.
En realidad, los números de Estados Unidos no están mal en los papeles: aunque un poco menos de lo esperado, la economía crece a un 2,2%; el consumo sigue firme y el desempleo se mantiene más o menos estable.
Sin embargo, la gente no siente la mejora en sus bolsillos, sobre todo porque los precios no bajan, como había prometido Trump en la campaña. En verdad, en la postpandemia y por los paquetes de estímulo la inflación llegó a un pico histórico del 9,5% en junio de 2022, pero el presidente Biden la bajó casi al 3% hacia el final de su mandato y seguía en declive cuando asumió Trump en enero del año pasado. Por eso es falsa la afirmación de que heredó la inflación más alta de la historia.
La política arancelaria del republicano, afirman los expertos, contribuyó a que los precios no continuaran bajando y nunca alcanzaran el objetivo del 2% anual ideal establecido por la Reserva Federal. La inflación en 2025 fue de 2,7%.
Trump también destacó otros datos que no se condicen con la realidad. Afirmó, por ejemplo, que la nafta estaba por debajo de 2,30 dólares por galón en algunos estados, aunque los datos oficiales muestran que el precio medio no es tan bajo en ningún estado. Además, afirmó que hay «compromisos de inversión por más de 18 billones de dólares que llegan desde todo el mundo», una afirmación que resulta exagerada.
Los estadounidenses sienten el impacto de la inflación en las góndolas y eso es un karma para el presidente. Un 55% desaprueba la manera en que Trump conduce la economía, según un promedio de sondeos de RealClearPolling. Y el disgusto se agrava cuando se mide la gestión presidencial de la inflación: un 61% la desaprueba.
En general, Trump llegó a este discurso en su peor momento de popularidad en las encuestas. Su índice de aprobación del 36% es inferior al 48% de febrero del año pasado, según un sondeo de CNN publicado el lunes que mostraba su índice de aprobación más bajo entre independientes, solo el 26%.
El presidente fustigó a la Corte Suprema, que el viernes pasado dictaminó que los aranceles que habían sido emitidos por una ley de emergencia económica no eran constitucionales porque excedían la autoridad presidencial. Esto provocó un golpe al corazón de la estrategia económica de Trump, que buscaba fondos adicionales a través de los gravámenes, pero también a su política de presión a los países para obtener beneficios.
En su discurso, Trump dijo los aranceles del 10% que anunció para reemplazar los que invalidó la Corte, que por ley deberían durar 150 días, no requerirán «la intervención del Congreso» para ser permanentes. El republicano aseguró que los nuevos impuestos aduaneros «son un poco más complejos, pero probablemente mejores, lo que conducirá a una solución aún más sólida que antes».
También se felicitó por su política migratoria. Tras señalar a las «madres ángel» que estaban en el auditorio, cuyos hijos fueron víctimas de inmigrantes indocumentados, Trump dijo que votar a los demócratas sería votar para reabrir las fronteras de Estados Unidos.
«Nunca podremos olvidar que muchos en esta sala no solo permitieron que la invasión fronteriza ocurriera antes de que yo me involucrara, sino que en realidad lo harían todo de nuevo si alguna vez tuvieran la oportunidad», dijo.
Y como los demócratas no se levantaron para aplaudir a las madres, Trump los atacó: «Deberían avergonzarse por no ponerse de pie».
Trump también calificó a los demócratas de «locos» y los acusó de «destruir el país» después de que no se levantaran y aplaudieran cuando pidió bloquear a los estados que permiten que adolescentes reciban tratamiento de transición de género sin el consentimiento de sus padres.
A la vez, dio un mensaje inquietante de cara a las elecciones: «Quieren hacer trampas», dijo Trump sobre los demócratas. «Han hecho trampas y su política es tan mala que la única forma de ser elegidos es haciendo trampas. Y vamos a detenerlo. Tenemos que detenerlo.» Muchos creen que el presidente está preparando el terreno para denunciar fraude si sufren una derrota en las urnas en noviembre.
La flamante gobernadora demócrata de Virginia, Abigail Spanberger, que ganó abrumadoramente las elecciones meses atrás con un discurso basado en las críticas a la gestión económica del presidente, fue la encargada de contestar el discurso de Trump en representación de la oposición.
Dijo que no había escuchado soluciones en el discurso presidencial. “No escuchamos la verdad de nuestro presidente», dijo. «¿Está él trabajando para que la vida sea más asequible para usted y su familia?» preguntó. «Todos sabemos que la respuesta es no.»
Y denunció que los aranceles habían costado a las familias más de 1.700 dólares cada una, cifra calculada por los demócratas del Congreso, y agregó que otros aranceles que Trump estaba introduciendo serían «otro aumento masivo de impuestos» para los estadounidenses.
El senador Chuck Schumer, demócrata neoyorquino y líder de la minoría, ridiculizó el discurso calificándolo de «el estado de la ilusión» al salir del Capitolio, diciendo que quedó decepcionado con el contenido y la forma en que lo expresó. «No creo que le haga mucho bien», dijo Schumer sobre el presidente.



