“La historia está acelerando tan rápido que parece una película de ficción”. La frase es de este lunes de un diplomático escandinavo acreditado en Bruselas.
Ningún europeo menor de 85 años vivió otro mundo que no fuera en el que Washington era el primo mayor de los europeos, su garantía última de seguridad. Ese mundo está cayendo a pedazos ante los ojos de una generación de dirigentes europeos que deberá demostrar de qué madera están hechos.
El principal aliado amenaza. Stephen Miller, jefe de Gabinete de la Casa Blanca y uno de los arquitectos más influyentes del proyecto político de Donald Trump, fue entrevistado en la noche del lunes en CNN. Cuando le preguntaron si excluía que Estados Unidos tomara por la fuerza Groenlandia, territorio de soberanía danesa, Miller contestó: “Groenlandia debe convertirse en territorio de Estados Unidos. ¿Qué derecho tiene Dinamarca a controlarla? Estados Unidos es la potencia de la OTAN. Nadie luchará contra Estados Unidos por Groenlandia”.
Dinamarca dijo “basta” la noche del domingo, el lunes recibió el respaldo político de sus vecinos escandinavos y este martes amaneció con una carta que sube el nivel del respaldo.
Las seis mayores potencias militares europeas, incluyendo las dos con capacidad nuclear militar (Francia y Reino Unido) emitieron un comunicado conjunto con Dinamarca. El francés Emmanuel Macron, el alemán Friedrich Merz, la italiana Giorgia Meloni, el español Pedro Sánchez, el británico Keir Starmer y el polaco Donald Tusk, firmaron junto a la danesa Mette Frederiksen.
Más allá de lo que dice el documento, su importancia es que une a Reino Unido (no miembro de la Unión Europea) y a Italia, cuya primera ministra es supuestamente aliada de Donald Trump.
La carta empieza recordando a Trump que los europeos han hecho lo necesario para mantener la seguridad en el Ártico, han aumentado su presencia militar en la región, sus inversiones y sus maniobras militares.
Pide a Washington que entienda que “la seguridad en el Ártico debe lograrse de manera colectiva, defendiendo los principios de la Carta de las Naciones Unidas, incluida la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de las fronteras” y le recuerda que “Estados Unidos es un socio esencial en este empeño, como aliado de la OTAN y en virtud del acuerdo de defensa entre el Reino de Dinamarca y los Estados Unidos de 1951”.
El documento cierra repitiendo la frase que repiten desde hace días muchos dirigentes europeos: “Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y a Groenlandia, y sólo a ellos, decidir sobre los asuntos relativos a Dinamarca y Groenlandia”.
La Unión Europea es un gigante económico y normativo, pero su construcción se diseñó para moverse como una superpotencia en un mundo de respeto de las normas básicas del Derecho Internacional. No sabe moverse en este mundo porque no está preparada para comportarse como se comporta Moscú o ahora Washington. Y porque lleva 85 años pensando que su tranquilidad estaba asegurada por el paraguas nuclear estadounidense y eso ahora está en duda.
La OTAN, clave de bóveda de esa estructura porque la Unión Europea no tiene un brazo militar digno de ese nombre, quedaría como una cáscara vacía sin el respaldo estadounidense y ahora mismo todas las señales indican que Estados Unidos pretende vaciarla de su contenido, o directamente abandonarla.
Los europeos reaccionan poco a poco, porque ven que la integridad territorial de los Estados ya no está garantizada y que ya no sólo la amenaza Rusia, ahora también lo hace Estados Unidos. Es una pesadilla geopolítica para Europa para la que no está preparada.



