Brasil camina a un cambio radical incluso al margen del balotaje. Mucho de lo que sucedió el domingo con las elecciones ya es irreversible y aumenta las malas noticias para el presidente Lula da Silva. La elección, que sorpresivamente ganó en primera vuelta por dos puntos el candidato conservador Flávio Bolsonaro, modifica en gran medida el diseño político del país, afirman aquí los analistas por el avance que evidencia de una potente ola de derecha.
Bolsonaro no solo logró ganar la primera cita con una diferencia de dos puntos, derribando el pronóstico de las encuestas, en mejor posición para el balotaje del próximo 25, sino que con sus aliados dominarán el Senado a partir de 2027 y hasta podrá impulsar con éxito una amnistía que libere a su padre, Jair Bolsonaro, condenado por golpista.
También, podría influir en los nombramientos gubernamentales, presionar al Poder Judicial y esto a despecho de quien sea el presidente. Su partido Liberal ahora con 28 senadores será, con diferencia, el bloque más grande. Aun si Lula logra superar su derrota, tendrá dificultades incluso para aprobar leyes ordinarias, advierte Folha de Sao Paulo entre otros influyentes medios.
Esa posición de fuerza, además del probable destino favorable del expresidente Bolsonaro, también pone en el foco el magistrado de la Corte Suprema que llevó adelante ese juicio, Alexandre de Moraes. Decenas de pedidos para destituirlo esperan trámite en el Senado. Hasta ahora los ha frenado el presidente de la Cámara Alta, Davi Alcolumbre, un líder de derecha, aliado necesario del PT. Pero el Senado renovado elegirá a un nuevo jefe en febrero y ese muro seguramente caerá.
En el Congreso, además de la fuerte cosecha del Partido Liberal de 19 senadores para llegar a 28 escaños, en diputados alcanzó a 121 bancas, frente a las 99 que reunió en 2022.
Para obtener una visión más precisa de lo ocurrido, solo hay que tener en cuenta que Lula perdió votos en 19 estados y ganó en siete y en el Distrito Federal. Flávio superó a su padre en los 26 estados. El presidente obtuvo 53,72 millones de votos en los estados y el Distrito Federal, frente a los 57,12 millones de hace cuatro años. Flávio alcanzó los 55,96 millones, superando los 50,95 millones de su padre. Estos totales no incluyen los votos emitidos en el extranjero.
En números más sencillos, el resultado redujo de 14 a 12 el número de estados donde el PT lideraba. Un informe del portal de Metrópoles especificó que el mandatario mantuvo su ventaja en los nueve estados del noreste, así como en Amazonas, Pará y Amapa. Minas Gerais y Tocantins eran los únicos estados donde Lula había derrotado a Jair Bolsonaro en la primera vuelta de 2022, y ahora aparece por detrás de Flávio, añade.
São Paulo registró la mayor caída para el candidato del Partido de los Trabajadores y el mayor aumento para el candidato del Partido Liberal. En ese estado, el principal colegio electoral de Brasil y el centro económico del gigante sudamericano, el gobernador Tarcisio de Freitas, un respetado líder de derecha, se impuso ampliamente en primera. vuelta al desafiante, Fernando Haddad, el ex ministro de Hacienda de Lula y dirigente del PT. No hubo sorpresas.
El estado de Rio de Janeiro, el bunker del clan Bolsonaro, también le dio una mala noticia al mandatario. Su candidato a la gobernación Eduardo Paes (42%), un carismático exalcalde de la capital, del partido de centroderecha PSD socio del PT, perdió la primera vuelta ante el bolsonarista Douglas Ruas (49%), quien parte como favorito para el balotaje del 25 de octubre.
Para la segunda vuelta ambos candidatos apuntan a dos dimensiones. Los electores que no votaron, el 21,08% del padrón, alrededor de 33,4 millones de personas, un récord que desbordó la marca histórica de las elecciones de 2022 que Lula le ganó a Jair Bolsonaro. El otro espacio consiste en los votantes de los diez partidos restantes que se presentaron sin posibilidades en la primera vuelta. Son 9,3 millones de votos en el conjunto de esa fuerzas, que en su gran mayoría decidieron mantenerse neutros respecto a la cita definitoria.
Tanto el escritor y psiquiatra Augusto Cury, candidato por el partido Avante y que obtuvo el 2,89 % de los votos, como el militante de ultraderecha Renan Santos, que disputó las elecciones como representante del también minoritario partido Missão y quedó cuarto con el 2,24 %, descartaron su apoyo a alguno de los candidatos que disputará la segunda vuelta. «Prefiero mantenerme totalmente en silencio con relación a los que estarán en la segunda vuelta y dejo claro que nadie está autorizado en mi nombre a pedir votos o a decir que va a apoyar a cualquiera de esos dos candidatos», afirmó Cury.
De los siguientes más votados, el exgobernador de Goiás Ronaldo Caiado (2,18 %), un aliado indirecto del presidente Lula, afirmó que consultará con los dirigentes del centroderechista Partido Social Democrático (PSD) y tan solo el exgobernador de Minas Gerais, el empresario liberal Romeu Zema (0,27 %) dejó claro que votará contra Lula como siempre lo ha hecho.
El botín electoral detrás de la abstención
La otra dimensión es el amplio océano de quienes se abstuvieron, el 21,08% de los electores habilitados, un ausentismo extraordinario de 34,4 millones de personas. Hay ahí un segmento que nunca vota. Pero es claro que se sumaron otros sectores que desistieron de ira a las urnas, en particular se afirma gran parte del amplio espacio de los brasileños de ingresos bajos que no tienen esperanzas de que su situación mejore al margen de quien llegue a la presidencia.
Existe un voto castigo ahí debido a las dos velocidades que exhibe el país con una economía macro considerada brillante y una micro con problemas para financiar los gastos básicos, con altos precios de las naftas y sueldos reducidos. La gente votó o no votó con la billetera, dicen los analistas.
Una victoria de Bolsonaro en la ronda definitiva implicará también un impacto geopolítico. En principio, mutaciones polémicas en las embajadas y la cancillería para garantizar un alineamiento milimétrico con Estados Unidos. Como indicó un informe del influyente Folha de Sao Paulo, el clan Bolsonaro -el hermano menor del candidato, Eduardo, sería canciller o embajador en EE.UU.- planea implementar el modelo del Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio.
Se trata de nombramientos de personas ajenas a la carrera diplomática, políticos o empresarios, para los puestos en las embajadas acabando con el rigor profesional de Itamaraty. El Senado tiene el poder para aprobar a los embajadores del país, lo cual con el nuevo diseñó no sería necesariamente una dificultad para un eventual gobierno bolsonarista. Pero sí implicará un significativo problema para una administración de Lula.


