El presidente estadounidense Donald Trump dijo el miércoles que cualquier solución que no sea el traspaso de Groenlandia a soberanía estadounidense sería “inaceptable”. Dinamarca y Groenlandia no aceptan esa anexión ilegal por parte de Estados Unidos y se niegan a ceder o a vender la isla, la segunda mayor del mundo después de Australia.
El choque se agravó el miércoles después de que una reunión del canciller danés Lars Lokke Rasmussen con el secretario de Estado Marco Rubio y el vicepresidente JD Vance acabara sin avances. La respuesta europea se lanzó el mismo miércoles.
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«Groenlandia no está a la venta» exclamó Frederiksen tras anunciar la reunión con Estados Unidos
Dinamarca anunció la noche del miércoles que enviaba un primer destacamento militar a Groenlandia, que aterrizó horas después en un avión de carga militar, un Hércules.
Es una avanzadilla de oficiales para preparar la llegada de un destacamento mayor. Dinamarca anunció a la vez la puesta en marcha de urgencia de los ejercicios militares ‘Operation Arctic Endurance’. Poco después empezaron a llegar los anuncios desde Suecia, Noruega, Países Bajos, Francia y Alemania.
En la mañana del jueves fueron los británicos los que anunciaron el envío de un pequeño grupo de oficiales. Países como Polonia, España, Bélgica, Portugal o Finlandia prevén hacerlo en pocos días. Los números enviados son simbólicos (13 alemanes, por ejemplo), pero el mensaje político es importante.
No se trata, al menos no por ahora, repiten fuentes diplomáticas desde hace días, de enviar ya una fuerza que pueda hacer frente militarmente a una invasión estadounidense porque todavía cuesta imaginar ese escenario. Se trata de mostrar presencia militar, de no dejar la isla sin presencia militar danesa y de sus aliados y que Washington no pueda alegar que Copenhague es incapaz de garantizar la seguridad del territorio.
El anuncio danés no se ciñe sólo al envío de unas pocas decenas de hombres. El Ministerio de Defensa aseguró que a partir de las próximas semanas empezarán maniobras con aviones de combate, buques militares y tropas terrestres, daneses y de los aliados de la OTAN y de la Unión Europea que se quieran sumar.
“El Gobierno de Groenlandia y el Ministerio de Defensa danés han decidido continuar con la intensificación de los ejercicios de las Fuerzas Armadas danesas en Groenlandia, en estrecha colaboración con los aliados de la OTAN”, asegura el comunicado.
Y añade: “La presencia militar en Groenlandia y sus alrededores se ampliará, en estrecha colaboración con los aliados de la OTAN. El objetivo es entrenar a las Fuerzas Armadas para operar en las condiciones únicas del Ártico y reforzar la presencia de la Alianza en el Ártico, en beneficio de la seguridad europea y transatlántica”.
Las palabras más duras hacia Washington vuelven a salir de Francia, primera potencia militar de la Unión Europea. Un portavoz del presidente Emmanuel Macron dijo el miércoles por la tarde que “si la soberanía de un país europeo y aliado se viera afectada, las consecuencias en cascada serían inéditas”.
También aseguró que “Francia sigue la situación con la mayor atención y actuará en plena solidaridad con Dinamarca y su soberanía”. El primer ministro Sébastien Lecornu dijo que los europeos “deben ahora tomarse muy en serio” las amenazas de Trump.
Macron está asumiendo una especie de papel de líder político europeo en cuanto a la defensa de la soberanía de la Unión Europea, precisamente por esa capacidad militar.
Este jueves, durante una oportuna visita a la base aérea militar de Istres, dijo: “Francia y Europea serán intratables en cuanto al respeto a la soberanía territorial. En Groenlandia, territorio autónomo del Reino de Dinamarca, los europeos tenemos una responsabilidad particular. Porque ese territorio pertenece a la Unión Europea».
Francia es el único país de la Unión Europea con capacidad militar nuclear desde la salida del Reino Unido del bloque en 2021.
La doctrina de seguridad francesa, que incluye el uso del arma nuclear en escenarios hipotéticos y de extrema gravedad, asegura que la usará para proteger activos vitales para los intereses últimos de Francia y que dentro de esos intereses está la supervivencia de la Unión Europea.
Desde hace meses se especula, en documentos todavía de diplomáticos y think tanks, sobre cómo podría el arma nuclear francesa convertirse en el arma nuclear de la Unión Europea, para que su paraguas nuclear no dependiera únicamente de Washington cuando Estados Unidos, a la vista de la situación actual, no parece un socio de fiar.



