En la previa de la Vuelta a San Juan Inclusiva Competitiva, en el marco de la Vuelta a San Juan 2026, una historia simple, sincera y profundamente humana se robó todas las miradas. No fue una llegada en soledad ni un podio lo que conmovió, sino la presencia de Nereo Demetrio Zárate, conocido por todos como Américo, aunque en el mundo del ciclismo ya nadie lo llama así. Para el ambiente, para los corredores y para quienes viven este deporte desde adentro, él es simplemente “el abuelo del ciclismo”.
A sus 80 años, Nereo fue parte de la carrera participativa de la Vuelta a San Juan Inclusiva, sumando su nombre y su historia a una edición que volvió a demostrar que el deporte no entiende de edades, sino de pasión. Desde los 10 años, la bicicleta es su compañera fiel. Son 70 años pedaleando la vida, atravesando caminos, etapas, emociones y recuerdos que hoy lo convierten en una figura querida y respetada dentro del ciclismo sanjuanino.
Para él, la bicicleta no es solo un medio de transporte: es su manera de estar en el mundo. Anda en bici para todos lados, sin excusas ni comodidades de más. Prueba de eso fue su viaje desde Santa Lucía hasta Pedernal, pedaleando para vivir de cerca la quinta etapa de la Vuelta, desafiando la distancia, el cansancio y el clima. Porque cuando el ciclismo llama, Nereo responde.
Dentro del ambiente, el abuelo del ciclismo es sinónimo de respeto y afecto. Él mismo destaca siempre el buen trato y la enorme voluntad con la que lo reciben en cada competencia, en cada llegada, en cada punto del recorrido. Se siente parte, se siente cuidado, se siente en casa. Y eso, para alguien que lleva toda una vida ligada a este deporte, vale más que cualquier trofeo.
En su relato, hay un lugar especial reservado para su compañera de vida: su mujer, a quien nombra con amor y gratitud. Es ella quien lo cuida, quien lo acompaña y quien se encarga de prepararle siempre su comida, bien cargada de proteínas, cada vez que sale a seguir el ciclismo por distintos puntos de la provincia. Un apoyo silencioso, pero fundamental, que le permite seguir haciendo lo que ama.
Nereo se define a sí mismo como un “espectador de lujo”, alguien que tiene el privilegio de vivir el ciclismo desde adentro, con la misma emoción que el primer día. Y quizás ahí esté la clave de su historia: en no haber perdido nunca la pasión, en seguir eligiendo la bicicleta como forma de vida y en demostrar que el verdadero triunfo está en no bajarse nunca.
A los 80 años, el abuelo del ciclismo sigue pedaleando. Y con cada vuelta de rueda, deja una lección que emociona: cuando el amor por el deporte es verdadero, no hay edad, distancia ni clima que lo detenga.



