En el departamento Calingasta, en plena cordillera sanjuanina, se conservan los restos de un asentamiento clave para entender los orígenes de la minería en la provincia y en la Argentina. Se trata de la Villa Rickard, una antigua villa minera que integró el complejo de Hilario, considerado uno de los primeros intentos de industrialización minera del país a mediados del siglo XIX.
Hoy, sus ruinas no solo representan un valioso patrimonio histórico, sino que también permiten reconstruir cómo se pensaba la actividad minera en sus comienzos: como un sistema integrado que incluía la extracción de minerales, el procesamiento y la vida cotidiana de quienes trabajaban en la montaña.
La Villa Rickard fue creada en el marco del proyecto minero impulsado por Domingo Faustino Sarmiento durante su gestión como gobernador de San Juan entre 1862 y 1864. Convencido de que la minería podía convertirse en un motor de desarrollo económico y social, Sarmiento promovió la exploración de los distritos mineros del Tontal y la instalación de una planta de fundición de metales en Calingasta.
Para llevar adelante esta iniciativa convocó al ingeniero y mineralogista inglés Francisco Ignacio Rickard, quien fue designado Inspector General de Minas. En su honor, el asentamiento donde vivían los trabajadores del emprendimiento llevó su nombre. La Villa Rickard alojó a mineros, técnicos y sus familias que participaban de la explotación de las minas de plata de la zona y de las tareas asociadas a la fundición.
La función de la villa era estratégica. En una región de difícil acceso y condiciones climáticas extremas, concentrar a la mano de obra en un solo lugar permitía sostener la actividad minera y garantizar su continuidad. Por ese motivo, la Villa Rickard fue pensada como un poblado estable, con viviendas de adobe, depósitos, edificios administrativos y espacios comunes, entre ellos una plaza y un trazado urbano básico, algo poco habitual para los emprendimientos mineros de la época.
El complejo minero de Hilario, del cual formaba parte la Villa Rickard, integraba las minas ubicadas en la Sierra del Tontal, la villa habitacional y la planta de fundición instalada cerca del río Los Patos. Allí se procesaban principalmente minerales de plata, y en menor medida plomo y oro, utilizando tecnología importada desde Inglaterra y energía hidráulica como fuerza motriz.
Desde el punto de vista técnico, este esquema fue innovador para su tiempo. No solo se extraían los minerales, sino que se los procesaba en origen, lo que representaba un paso fundamental hacia la industrialización minera. Durante su período de actividad, el establecimiento de Hilario fue uno de los más importantes del país en materia de fundición de metales.
Sin embargo, a pesar de su carácter pionero, el proyecto tuvo una vida útil relativamente corta. La falta de capitales, las limitaciones tecnológicas de la época y las dificultades logísticas propias de la minería en altura provocaron la paralización de la actividad hacia comienzos de la década de 1870. Con el cierre de las minas y la fundición, la Villa Rickard fue abandonada progresivamente.
En la actualidad, la Villa Rickard forma parte del sitio conocido como Ruinas de Hilario, uno de los patrimonios más importantes de la historia minera sanjuanina. El conjunto fue declarado Monumento Histórico Nacional en 2006 y, en los últimos años, se impulsaron acciones de puesta en valor patrimonial y turística, con el objetivo de preservar este testimonio del origen de la minería formal en la provincia.






