El señor de los caballos. Podría ser un título de libro y también de un documental de Netflix. Con una historia no necesariamente marcada por la cantidad de equinos de su pertenencia, sino por los capítulos que signaron su vida. Desde que la familia Echeverz se instaló en la localidad bonaerense de González Moreno, casi en el límite con La Pampa. Y un adolescente, nacido en Buenos Aires, se trepaba al camión de caballos junto al entrañable Burguito (Fermín Burgos), el petisero de toda la vida y que los acompañó hasta sus 85. Para terminar el periplo en Chapaleufú, el club de Intendente Alvear, a unos 57 kilómetros. Sería una parte de la película para Juan Carlos Echeverz, hijo de polistas, hombre de una pasión inquebrantable por los caballos.
Que se prolongó con una fuerza inusitada hacia los SPC, al contar la familia con el haras El Ombucito, donde también estaban los Orozco. A los 18, Juanca fue por primera vez a San Isidro, al hipódromo, para ver la Polla de Potrillos. “Ahí quedé enganchado”, afirma, a los 76 años, un miércoles de actividad en el Jockey sanisidrenense, donde varios de sus ejemplares corren en distintas carreras. Polo y turf, dos pasiones unidas por el caballo. Tan fuertes que un día, estando de luna de miel con Josefina Rawson Paz, interrumpió esos días tan especiales de la pareja para jugar al polo en Sotogrande, España.
La vida le brindó experiencias inolvidables como polista (llegó a tener 7 de handicap) y mucho más como propietario y criador de caballos de carrera, al punto de tener un ganador de la Breeders’ Cup, el sueño para todo turfman: fue con Calidoscopio, en un desenlace también de película. Padre de dos hijos (Josita y Juanma) y con siete nietos, Juanca también fue protagonista involuntario de un episodio insólito que derivó en una curiosidad para los libros: la única vez, desde que debutó en 1992, que Adolfito Cambiaso no jugó el Abierto de Palermo, el máximo torneo mundial y que ganó en 18 oportunidades.
“Mi viejo, Juan Manuel Echeverz Harriet, llegó a tener 4 goles, administraba los campos de Harriet en González Moreno. Entonces se hace amigo de Antonio Heguy, de Pablo Nagore, de Lucho Heguy, el criador de Marsellesa. Y se va a jugar a Chapaleufú. Ahí empieza nuestra vida polística. Me iba en el camión con Burguito, el petisero nuestro de toda la vida. Papá ganó la Copa República tres veces (1953, 1960 y 1962), con Antonio Heguy, Alberto Pedro Heguy y su hermano Eduardo. Y en el 56 se van a jugar a Inglaterra. Los invita Cacho Marín Moreno y ganan la primera Copa de Oro. Yo tenía 7 años, no jugaba todavía. Ahora es distinto: a los 7, 8 están jugando la Copa Potrillos.
-Tiempos de viajes en barco.
-Sí, claro, largos viajes con los caballos. Con los petiseros y hombres de confianza: Burguito, Tito Lezcano, Menzi. Ganan, venden todo y se vuelven. Yo arranco después, ahí en Chapaleufú. El viejo se hace socio de Los Indios. Un día, cuando tengo 13, aparece el señor Allende y organiza la Copa Los Potrillos, la primera. Gané la segunda vez que se jugó. Estamos hablando de 1962, 63. Eran otras épocas. En el verano jugábamos en Chapaleufú. En otoño eran los torneos de Trenque Lauquen, Mones Cazón, La Lucila, General Villegas, Ameghino.
-¿Siempre back fuiste?
-No, alguna vez, por ejemplo, en la República que ganamos con Chapaleufú en 1973, con Adolfo Reumann, Héctor Guerrero, que después fue mi consuegro, y Enrique López Lecube, jugaba de 3. El back era López Lecube. Ese fue un torneo memorable porque era un equipo ajustadito. Reumann era un 1 muy pistolero, muy goleador; Guerrero un 2 muy peleador, y López Lecube, un back tranquilito. Ganamos todos los partidos por medio gol, perdemos uno, y nos toca jugar contra Pingüinos, el de los Braun. Ese partido Héctor no puede venir y lo opone a Alberto Pedro Heguy… ¡Ganamos por siete u ocho goles. Derrotamos incluso a La Espadaña por medio, que era un equipazo, con Juni Crotto, Álvaro y Paul Pieres. Nos clasificamos para la final por diferencia de gol y nos tocan los Zavaleta: El Duque Clemente, Clemente (h.) y Juan Martín, y Jorge O’Farrell. Y volvemos a ganar por medio gol. Increíble.
-¿Y cómo era tu relación con el polo a nivel pasión en ese momento? ¿Lo veías como un trabajo? No sé si estudiabas.
-Sí, estudiaba, soy agrónomo. Me parece que a mi viejo nunca le gustó que me fuera a jugar al exterior. A él le gustaba que estuviera en el campo. Entonces no tuve mucha oportunidad de salir. O sea, alguna vez. Te digo más, en mi luna de miel, Cacho Merlos se enferma de hepatitis y me convocan para la primera copa que se jugaba en Sotogrande. Alcancé a jugar con la cancha que daba al mar, que era un espectáculo. Esa fue mi primera salida.
-¿Pero tu mujer te dejó interrumpir la luna de miel para que te fueras a jugar al polo?
-Jajaja, fuimos juntos, porque en realidad estábamos en esa zona. Por eso me llamaron también. Andaba cerca. Después también jugué en París, en Deauville, en Colombia. Pero no fui, digamos, un profesional del polo.
-¿Y cómo llega el turf? ¿Por qué?
-Mi familia tiene el haras El Ombucito, en Bahía Blanca. Allí estaban los Orozco también. La primera vez que fui a San Isidro fue a los 18, para ver la Polla de Potrillos. Y bueno, ahí me fui enganchando. Y con Bebe Frenkel Santillán, que es mi amigo, y Juan Gaona empezamos a hacer sociedades de caballos. En el 80 ganamos el Gran Premio Nacional, con Cheyenne. Ya andaba por los 30. Ganás el Nacional, que es la carrera de Potrillos más importante, y ya te quedás con un embale impresionante.
-¿Ese año nació tu stud, Doña Pancha?
-Fue un poquito antes, 78. Doña Pancha era…mi abuela: Francisca Casimira Harriet de Echeverz. Por eso le puse el nombre al stud.
-¿Y las carreras, el tema del turf, te impactó más a primera vista que el polo?
-Es que el polo venía de antes. La Potrillos la jugué a los 13, pero antes yo ya taqueaba en Los Indios, tenía mi caballo a los 11, 12. El turf apareció a los 18. Y los caballos siempre me gustaron. Entonces arranqué, seguí con la cría que tenía mi viejo, incorporé padrillos… te vas haciendo todo un mambo que cada vez se agranda más. Porque ahora tengo la cría de polo y la cría de carreras.
Alvarez Julian
-¿Qué tan distintos son ambos deportes?
-A ver, al polo lo disfrutás de adentro y al turf lo disfrutás mirando. O sea, vos ganás un premio importante, aunque sea un caballo comprado, como lo fue la carrera de Calidoscopio en la Breeders’ Cup, en Santa Anita. ¡Es una cosa memorable que no la puede conseguir nadie! Porque después quisieron ir otros y no pudieron. Nosotros mismos fuimos de nuevo, nos clasificamos con El Encinal, y fue un desastre.
-Contame lo que significa la Breeders’ Cup.
-Llegar a la Breeders’ ya es glorioso. Imaginate ganarla. Y encima cómo la ganó Calidoscopio, que venía 100 metros atrás. Se te caen los lagrimones.
-A veces veo a los propietarios, o a los apostadores, que mientras va avanzando el caballo con chances de ganar, casi que se les sale el corazón, se posesionan.
-Es tal cual. Porque vos te vas dando cuenta de que el caballo viene para ganar y empezás a gritar “Vamos todavía”.
-¿Te pasa en el polo?
-Es distinta la sensación, porque es diferente. Una cosa es cuando vos vas y tenés que contar con tranquildad para pegarle a la bocha. A veces explotás y la reventás hacia el estacionamiento, como hizo Facundo Pieres en la final de Tortugas cuando ya estaba entrando con pelota y todo en el arco. Pero no pasa siempre. En una carrera, son esos últimos 200, 300 metros que vos empezás a transformarte, lo tomás de otra forma, le gritás al jockey….
-¿Qué fue Calidoscopio en tu vida?
-Incomparable a nivel caballo de carrera por lo que te dije de la Breeders’. Él también gana el Brooklyn Handicap en Belmont, pero tiene una lesión en una cuerda y decidimos traerlo. Hablamos con Nacho Ceriani y lo mandamos al haras La Quebrada para padrillo. ¡De las primeras 10 yeguas, 9 estaban vacías! Le había comprado yeguas de carrera para él y no preñaba. Después tuvo algunas, seis, pero lo concreto es que un haras no puede tener un padrillo que no preñe. Me lo llevé. Y cuando arrancaron a correr las crías, no pasaba nada. Ganaban recién a los 4 años.
-¿Y qué hiciste?
-Un año que tenía 4, las mandé a domar para polo. Imaginate que tengo nietos de 1,80 y pico para arriba, o sea que aunque la cría diera grande, no me importaba. Y vos sabés que esas yeguas ahora están jugando. Por sugerencia de mi hijo Juanma, cloné. Así que tengo los clones ahí en el campo, tienen un año. Esos no se pueden usar para carrera, pero sí para polo.
Una locura: Calidoscopio campeón de la Breeders’
-Me dijo Pepe Heguy que algunas yeguas que vos le dabas para jugar, después las hiciste correr en carreras.
-Había una yegua que se llamaba La Distinta, que era muy ligera. La hice correr. Imaginate que la categoría brava en turf es cuando tienen 2, 3 años. Cuando tienen 4, 5, ya es más fácil. Llegó a ganar y después volvió al polo. Héctor Guerrero se la llevó y sacó premio en Suiza.
-O sea, hizo polo, carreras, y volvió al polo. ¿Es normal eso?
-No, nada normal.
-¿Te cruzaste con gente que lo ha hecho?
-Sí, Alejandro Agote tenía, pero no venían a las carreras y volvían. El que lo está haciendo es Mariano Aguerre, que está corriendo unas cuantas carreras. Pero no sé si después las vuelve al polo o las deja de madre.
-¿Y no les afecta en algún sentido a las yeguas?
-Si está domada, depende de la yegua. No hay una regla fija. Porque hoy si tiene buena boca…Mirá, me pude subir a Calidoscopio y paraba muy bien. O Escoltado, que fue el padrillo puro que me dio bien para las carreras. Lo vi en la redonda y me enamoré. Lo seguí y lo pude comprar. Corrió carreras y un día lo llevé a Los Indios. Y pum, pum, lo parabas y salía perfecto para todos lados. Era buenísimo. Yo era fanático de Secretariat, el mejor caballo del siglo, y este era nieto de Secretariat.
-Con Pepe y Horacito Heguy jugaste varios años.
-Mucho. Ganamos cuatro veces el Abierto del Jockey Club. El cuarto jugador era rotativo. Richie Lafuente, Ignacio Lafuente, Santiago Nagore. Ganamos tres años seguidos. Y como mi hermano Enrique me prestaba caballos, al cuarto año pido que juegue él. ¡Y perdieron! Ahí Horacito me hizo volver. Y lo hice junto a Gonzalito Heguy. Y ahí volvimos a ganar. La semifinal a Bautista, Marcos y Guerrero. Y la final a Adolfito Cambiaso, al Lolo Castagnola, más Salvador Socas y el Chino Frayssinet. Un equipo bravísimo. ¡No sabés lo que me puteaba Horacito!
Qué pasó con Cambiaso…
Año 1993. Primer torneo de la Triple Corona. Los equipos se dividían. Menos Ellerstina, defensor del título y subcampeón de Palermo 92. Que había incorporado al mexicano Carlos Gracida para jugar con Adolfo Cambiaso, Mariano Aguerre y Gonzalo Pieres. Llega la definición de zona contra La Martina II (luego campeón), con el Ruso, Pepe y Nachi Heguy y Milo Fernández Araujo. La antesala del Chapa II que ganaría Palermo en 1999, 2000 y 2004. De pronto, lo inesperado. ¿Qué tiene que ver con Juanca Echeverz? Era el árbitro del encuentro, el tercer hombre.
-Pensaba en Pepe Heguy, en Cambiaso y…
-Sí, ya sé…
-Muchos no, o no se acuerdan. Segundo chukker y lo impensado…
-Sí, no lo podía creer. Ese día llegué a la cancha, vivía ahí, y el Chango Orive, la mano derecha de Frankie Dorignac en la organización, me dice “Juanca, necesito que seas árbitro porque no tengo otro”. Pensá que en ese momento no existían los referís profesionales, se dirigían entre los propios polistas. Me senté ahí en el palco de autoridades y a dirigir.
-Partido normal, ¿no?
-Muy normal. Es más, creo que me vinieron a consultar por una jugada dudosa y le dí el foul a Ellerstina.
-Termina el segundo chukker y la hecatombe.
-Sí, se acerca Gonzalo Pieres y la frase fue: “Es árbitro Echeverz, que le presta caballos a Pepe Heguy. Si no lo cambian, nos vamos”, le dijo a Dorignac. ¡Nadie entendía nada, yo menos! Era cierto lo de los caballos: siempre le presté a Pepe, aunque no en ese partido en particular. Frankie me dijo que siguiera dirigiendo y Ellerstina se retiró nomás. Se fueron los cuatro y La Martina II ganó los puntos y pasó a la final.
-Después llegaron las sanciones: 3 meses para Pieres y un mes para los otros tres jugadores. O sea, podían jugar Palermo si querían, con un suplente en lugar de Gonzalo. Pero no lo hicieron: se bajaron.
-Sí, todo inesperado realmente. Muy sorpresivo para mi. Imaginate que estaba ahí para disfrutar y me tocó hacer de árbitro. Creo que en el fondo era todo un tema político de Gonzalo con la Asociación Argentina de Polo para hacer algo con los referís profesionales. Fue una situación muy particular.
-Mirá lo que son las cosas con el paso del tiempo: fue el único Abierto de Palermo que no jugó Cambiaso en su carrera.
-Sí, quién lo iba a decir…
-Y tus amigos te cargaban después de la suspensión del partido…
-Jaja, sí, me jodían. Me decían “Bombero”. Y me mandaban fotos con el casco, a nivel broma, claro.
-¿Y cómo has visto la evolución del polo en sí?
-Lo que veo ahora es el ritmo que hay. Tienen caballos de espera en las dos puntas de la cancha. Entonces, a veces cambian a los 2 minutos y después otra vez a los 4 o 5. Por eso el ritmo al que andan esos chicos. Hoy lo que anda Antonio Heguy es increíble, una cosa infernal. Todos, ¿no? Pero particularmente los que juegan de 2: no se caen del caballo de pedo. Juancarlitos jugaba en cuatro caballos, pero era otro ritmo, los regulaban.
-Y eso de jugar 16 chukkers de 3 minutos ¿desvirtúa el juego o no?
-No, no, mientras no se pierda… Sí soy muy crítico del tema de los torneos de bajo y mediano, que a los tres minutos y medio dicen “cambien”, silbato y cambian. A mí eso no me gusta. En el Abierto no lo hacen. Vos querés cambiar, cambiás a tu gusto. ¡En la Copa Los Potrillos paran a los tres minutos. ¿Qué es esto? En Sotogrande paran y te dan un minuto. Acá se hace todo más largo, partidos interminables. Aún así, está divertido el polo hoy. La regla del tiro libre en vez de throw in cuando la bocha sale por el costado está muy buena, se pierde menos tiempo. La mejor de todas me parece es la del penal 1B, ya no hay más foul del lugar. Es gol y venís al medio, entonces te ahorraste 24 segundos. Antes era penal y throw-in en el lugar. Me resultan buenos los cambios.
-La renovación juvenil es impactante.
-Sí, es muy significativa, ahora ves cantidad de jugadores por todos lados: la Copa Cámara de Diputados, la Municipalidad. Es impresionante la cantidad de equipos.
-Y después llegan y se consolidan rápido, no hay que esperar tantos años.
-Sí, ahí viene el tema de los caballos. Si tenés la organización de La Dolfina y de Ellerstina…
-Pero se ha achicado esa brecha. ¿Cómo lo hacen?
-A ver, de pronto Adolfito tiene que tener tres equipos, La Irenita lo mismo. Porque La Dolfina debe tener 400 madres. No sé la cantidad de embriones que hacen. Alguien los tiene que jugar. Después, eligen, seleccionan.
-¿Cuál fue tu mejor producto de polo?
-La Burbuja, porque sacó premios, dos veces en el Jockey. Después tuve a Billetera, que la jugaba Benjamín Araya, pero era comprada. Y ahora tengo una Calidoscopio muy buena, y una D’Artagnan que se luce. Cuando le consigo a Neuss la madre de La Paz, le digo: “Déjame sacarle un embrión”. Y le saqué un embrión con Escoltado y me dio a D’Artagnan, que me dio muy bien.
-Volvamos al turf. Calidoscopio fue lo mejor en tu historia. ¿Eso es ganar el Abierto de Palermo en el polo o más?
-Es que la Breeders’ es muy grossa. Lo que pasa es que en el turf vos tenés cuatro grandes: la Polla de Potrillos, que la gané con In the Dark; el Jockey Club, que es el que me falta de la cuádruple corona, pero bueno, lo conseguí cuatro veces al polo. El Nacional lo gané con Cheyenne y el Carlos Pellegrini también, con El Encinal. Si querés, el más importante es el Pellegrini. Palermo sería el Pellegrini. Pero es impresionante ganarlos a todos.
-Con El Encinal ganaste el Pellegrini en el 2023. Lloraste bastante…
-Y… lloro siempre. Fue el más reciente. Me agarró un periodista y se me cayeron las lágrimas. Porque además era un potrillo de 3 años que va a correr contra los machos. No teníamos realmente mucha chance. Pero el caballo hizo una carrera, empujando al otro, con una guapeza impresionante. Y nos clasificamos para ir a la Breeders’. ¡Otra vez! Y vos sabés que no se adaptó: salió último. Volvió con 420 kilos. Se ve que sufrió cualquier cantidad.
El triunfo de El Encinal

-¿Y eso cómo se vive internamente? Porque también era un caballo muy querido para vos.
-Te pateás la cara cuando te pasa algo así. Pero son carreras. Ahora esperemos que haga una campaña razonable acá. El turf es así: grandes alegrías y grandes tristezas. Tenés todo.
-Caballos de polo, caballos de carrera. No me quiero imaginar la cantidad. ¿Llevás un Excel de todo eso?
-Si, organizadísimo. Todo registrado, incluso con las fechas para los servicios. Si no, la cabeza llega un momento en que no te da. Estoy tratando de que mi nieto me siga los pasos. Es clave.
-¿El propietario apuesta además?
-Algunos sí. Yo soy de apostar, generalmente me divierte. Pero hay algunos que no. La cuestión no va por ahí. Me gusta ver los caballos en el redondo, antes de la carrera, hablar con el cuidador, con el jockey.
-¿A El Encinal le apostaste?
-Un poquito le puse. Porque no le teníamos mucha fe. Dio 14 pesos. Bastante bien.
-Acá venís miércoles y sábado, normalmente, cuando hay carreras. ¿Te cambia el ánimo?
-Me entretengo, tenemos un grupo de amigos muy simpático. Tenemos reuniones de comisión. La pasamos bien. Pero siempre estás viendo las carreras. Y después tenés que armar el programa. Yo ya tengo todo armado el 2026. Ya le pasé a Benjamín Araya (presidente de la AAP) la fecha del Carlos Pellegrini. Antes no podía coordinarlo y tenía en la misma fecha la final del Abierto de Palermo. Ahora por suerte la adelantaron. Nosotros siempre vamos el segundo sábado de diciembre.
-Qué dolor de cabeza que te pongan la final de Palermo el mismo día que el Carlos Pellegrini…
-Y pasó muchos años, ¿eh? Iba a Palermo, veía cuatro chukkers y me venía para el Pellegrini. Pero era un embole andar así a las corridas. Además, en los primeros cuatro chukkers nunca se define una final, es raro. Así que me perdía lo más importante. Te vas y te sentís como que te falta algo. Por suerte, ahora la final de polo va el primer fin de semana de diciembre.
-¿El clonaje le hizo bien al polo?
-Todo le hace bien pero lo que pasa es que el clonaje es caro. Ves Cuarteteras y alguna otra que están apareciendo que andan muy bien, pero por ahí las Lapas las juegan las mujeres, entonces ya son distintas. Están clonando todos ahora. A mí me gusta más lo otro porque vos hacés la combinación, te gusta “este con este”. Pero esa cruza puede fracasar y el clon lo mismo. No es que con uno tenés la certeza de que vas a andar mejor.
-Cuando tenés buena sangre, la percepción es que va a salir algo bueno. ¿Si sale malo te sorprende?
-No, no me sorprende. Cuando sacamos a Cheyenne, por ejemplo, compramos al otro año al propio hermano, y creo que ganó a los 5 años de pedo. Tenés dos hermanos y por ahí uno es brillante para el estudio y otro no tanto. Vos imaginate que nacen 7000, 8000 de carrera, los que se anotan en el Stud book, y el Pellegrini lo gana uno solo. El Jockey lo mismo y la Polla también uno. Después tenés caballos que ganan a los 3 años, padrillos que te dan bien. Hoy tenés a un Forty Fain, campeones que cuando van a los remates, la gente va buscando eso porque esto es una ilusión. Se venden 100 Forty Fain, pero salen buenos 2 o 3. Y lo mismo el campeón.
-¿El mejor equipo que viste jugar de polo?
-Lo que pasa es que a vos te queda la imagen del Coronel Suárez ese espectacular, me encantó. El Chapa 1 era impresionante, y después La Dolfina, fue impactante los resultados que tuvo. Todavía no te pasa con La Natividad La Dolfina porque recién arrancó y tampoco sabés si es un equipo de un año o más, dependiendo de lo que haga Cambiaso. Cuesta elegir uno porque, además, son distintas épocas.
-Ya ganó dos títulos. ¿La Natividad La Dolfina va a ser el campeón de Palermo?
-Debería ganar, van a ganar, tiene que ser. Pero Ellerstina Chapaleufú está jugando bien también. La Irenita La Hache tuvo dos torneos malos y UAE Polo tuvo altibajos. Ellerstina anda bien. Gonzalito Pieres está jugando mejor que hace diez años. En Tortugas anduvieron ahí, mano a mano con los Castagnola y los Cambiaso.
-¿Y Juancarlitos que tenía en especial?
-Me acuerdo que gané el Abierto de Los Indios, cuando se hacía hasta 26 goles. Juancarlitos, Horacio, Ricardo Boudou y necesitaban un 1. Me pusieron a mi, que era un choto a los 17, 18 años. Ahora a esa edad son cracks. Juancarlitos te ponía la bocha ahí adelante, a un metro. Era un Messi. A otra velocidad respecto de la de ahora, pero era impresionante la categoría que tenía.
-Una cosa que siempre me pregunté, en las tardes de lluvia, es por qué el polo se suspendía y las carreras no. Las de pasto, por ejemplo.
-Las carreras, nosotros, las pasamos a la pista de arena. Los clásicos, por normal internacional, los tenés que dejar en la superficie que está, llueva o truene. O sea, misma distancia, misma pista. Los partidos de polo se suspenden porque si juegan, se matan. Tenés que parar, girar. Otra cosa es correr acá, donde van derecho. Es más riesgoso si llueve, sí, pero van mucho más lento que con piso seco. Una carrera de la milla capaz que dura 5 segundos más, que sería una diferencia de unos 80 metros.
-¿Qué caballo es más guapo: el de polo o el de turf?
-Es el individuo, no el caballo. Los de Hilario Ulloa parecen más guapos, pero es Hilario el que es más guapo.
-¿El mejor jockey que viste en tu vida?
-Falero, Valdivieso. Fueron determinantes. Hoy no hay uno como ellos. Ricardinho, el brasileño. Son épocas, como hablar de Cambiaso, de Juancarlitos Harriott o de Jeta Castagnola en el polo. Eduardo Jara era un jockey impresionante. Vilmar Sanguinetti también. Falero era un relojito.
-¿Adónde querés llegar con los caballos? ¿Te imaginas qué en un futuro? Porque, viste, van apareciendo cosas nuevas.
-Yo lo que quiero es disfrutar. Hoy disfruto mucho por ir a ver a mis nietos en el polo. Y disfruto los partidos. Yo voy a Palermo y disfruto. Tengo mi asiento, el abono. Y después lo veo por televisión.
-¿Y te gusta ver el juego en sí o estás mirando más el caballo?
-No, no, no, el juego. Antes, cuando se hacían las listas de caballos para dar los premios, miraba a cada caballo en particular. Hoy ya no tanto. Porque no te da tiempo, no te da la vista tampoco. Apenas ves la bocha.


