Son dos multimillonarios y amigos de Donald Trump. Hasta ahora mantenían negocios paralelos y competían por ver cuál de ambos regresaba primero con sus cohetes a la Luna. Pero el dueño de Amazon, Jeff Bezos, acaba de agitar la carrera de los satélites y quebró el monopolio espacial que sobre ese rubro sostenía Elon Musk, el hombre más rico del planeta.
La novedad es que Bezos, también propietario de The Washington Post donde viene de despedir al tercio del personal, comienza a desplegar en el espacio sus dispositivos Leo pese a las alertas acerca de la saturación de la órbita terrestre con aparatos privados y de países como China.
Leo es el proyecto satelital más ambicioso del gigante del comercio: “Llevar internet de forma fiable, rápida y barata a más de 2.500 millones de usuarios”, dijo Naveen Kachroo, responsable del despliegue de Amazon cuando se presentó hace tres años el proyecto que ayer despegó desde el Centro Espacial Guayanés (CSG) en Kourou.
Musk ya no podrá afirmar que mantiene su monopolio en la órbita terrestre con sus microsatélites Starlink. El lanzamiento en la Guyana Francesa hace ingresar al dueño de Amazon en este mercado estratégico. Esta carrera reduce la brecha digital en entornos desfavorecidos, pero también deja un cielo ya saturado de aparatos que se convierten en basura espacial una vez que caducan e impiden el seguimiento de observaciones científicas. China también ha entrado en la competencia y busca colocar decenas de miles en órbita para garantizar sus capacidades estratégicas.
De acuerdo con un estudio de la NASA publicado en Nature, esta febril competición de gigantes en las telecomunicaciones espaciales puede llenar la bóveda celeste con 500.000 o hasta un millón de satélites de aquí a 2030.
Actualmente hay 16.000 satélites alrededor del planeta, de los que 13.026 están activos, según datos de la empresa europea Look Up. De estos, 8.366 se corresponden con la megaconstelación Starlink de SpaceX (propiedad de Elon Musk), que prevé más que duplicar esta cifra en breve. China está acelerando esta carrera con 1.102 satélites ya activos y planea (Gouwang y Qianfan) desplegar 27.000.
Bezos y Musk compiten por convertirse en los empresarios que devuelven al hombre a la Luna. Lo hacen a través de sus compañías de naves espaciales Blue Origin (propiedad de Bezos) y SpaceX (creada por Musk). Los vehículos de Musk forman parte de la estrategia estadounidense para llevar astronautas hasta el satélite natural de la Tierra. Pero Bezos, que también quiere acabar con ese monopolio de Musk, anunció hace dos semanas que centrará los esfuerzos de Blue Origin en el objetivo lunar.
Por el momento, Europa marcha detrás. Al margen de sus sistemas Copernicus y Galileo, aún depende de las firmas de EE.UU. para desplegar sus comunicaciones, vigilancia e inteligencia. Y esto ha quedado en flagrante evidencia en la guerra de Ucrania: sin EE.UU., los misiles de Kiev vuelan ciegos y sus generales carecen de visión satelital precisa del enemigo. Europa prevé inaugurar el programa IRIS2 en 2030 con 300 satélites en órbita.



